lunes, 31 de agosto de 2009

Cómo un balón rodando -pepe lucho...lágrimas y alegrías-(novela de Agustín Cruz Morales)

pepe lucho...lágrimas y alegrías.

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-Cómo un balón rodando-


-CÓMO UN BALÓN RODANDO- pepe lucho... lágrimas y alegrías.

Novela:


Agustín Cruz Morales.


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Presentación

Cuando se tiene una ya vivida vida, y en la meditación hacia atrás miramos, parece que cada año pasado, fuese un peldaño…de una larga escalera, que subiendo se va, y sólo volteamos la mirada, cuando el recuerdo nos llama, hacia atrás.

Parece una fila larga, de lejanos recuerdos, tan lejanos, y cercanos a la vez, donde cada uno representa un vivido año, y con todo y sus recuerdos, mirarlos… solamente, a través de esa luz, podemos, porque recoger lo que dejamos o rectificar, lo bueno, o malo, que en el pasado hicimos... ¡eso ya no podemos!

Cómo un balón rodando…es una pasionaria, y conmovedora historia, que llegando a los niveles del género novelesco…nos lleva a vivir un drama entre lágrimas, y alegrías.
En esta obra literaria, Agustín Cruz Morales, nos regala una vez más, lo exquisito de su letra, introduciéndonos en su mundo literario…siempre rodeado, por su estilo conmovedor, pasionario, sentido, romántico, y estremecedor.
Como un balón rodando… quizá también, es el anhelo realizado, de muchos pequeños, que emulando a su sufrido personaje, (pepe lucho) luchan a diario, para salir adelante… en un mundo indiferente… con su sufrido trabajo.
Ojalá que este aporte a la cultura, a la ética, y al esfuerzo honesto, sirva como precedente, para los jóvenes, que al leerlo… estamos seguros, se identificarán, con el mensaje, que su contenido encierra.
Éste es el drama de pepe lucho…un niño oprimido en su camino…pero finalmente favorecido por el destino. Él, entre dichas, y desdenes, captará la atención de los lectores, que estamos seguros, lo acompañaran… derramando con su tristeza… algunas lágrimas.
Agustín… quizá ha querido, en esta historia, recoger el conmovedor drama, que viven a diario, muchos niños, trabajadores de la calle.
Sin quedarse indiferente ante este doliente drama… el poeta, ha recogido mucho de esta realidad, enlazándola con su imaginación…y el resultado es, esta obra que con mucho cariño, les estamos ofreciendo.



LA EDITORA

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-Prólogo-


En el drama cotidiano, que de diferentes maneras vivimos los seres humanos… es allí donde nos damos cuenta, de la desigualdad de nuestros destinos. Llevados, así, de la mano, por el azar… llegamos siempre a ese punto de nuestro camino, donde nos toca recoger, lo bueno o lo malo, que algún día sembramos (hicimos).
Allí la indiferencia, juega un papel distinto, a los demás… por que creo, que en la mayoría de veces somos indiferentes, tal vez obligados, por las circunstancias, que no nos permite ayudar, a los que necesitan de nosotros.
En muchas oportunidades, es la pobreza, quien quiere ayudar a la miseria, pero como lograrlo, si ambos necesitan ayuda.
Cuantas veces hemos visto, esa parte opresora del destino, personificada en la presencia de un niño. Trabajadores de una época, a la cual no pertenecen, nos muestran así, con su abandono, nuestro atraso tercer-mundista, y la desmedida mentira de los gobernantes que en su demagogia, prometen protección, para aquellos inocentes, que sus derechos, no pueden reclamar.
El drama de novelas, es... casi siempre, una realidad, como si en el teatro de la vida, nuestras comedias, risas y lágrimas, nos arrancaran… pero en doliente, desigualdad.
Algunos, ríen… y ríen… y sólo ríen más. Otros lloran… y, lloran… y, sólo lloran, más.
Como un balón rodando... es mi homenaje sentido, a los chiquitos (niños) del mundo…y a la esperanza, que abrigan; en sus corazones.
Cuantas tardes inolvidables, o quizá, en noches melancólicas, en el deambular de su búsqueda, los vemos pasar… llevando con ellos tal vez, sus reproches callados.
Así, una vez vi… entre las polvorientas calles de mi barrio, a un grupo de niños, que jugaban fútbol, entre un alegre griterío. Allí, dos piedras grandes, son el arco…la pelota es cualquier cosa redonda… y, la improvisada camiseta, es la piel. Además los pies descalzos, de los pequeños, van matizados por sus heridas en los dedos, producto del choque con las piedras…y los pequeños obstáculos, que hay en el agreste terreno. Sin embargo, la felicidad se pasea entre ellos, y a su manera, en ese momento, son felices
Seguí mirándolos, con inquietud, cuando... de pronto, entre ellos, observé a un niño diferente. Su expresión sagas, y triste a la vez, llamaron mi atención. Pero aún más, su imagen en mí quedó…cuando al terminar el encuentro…perdió el dinerito de su apuesta, y lloroso se marchó.
Entonces, al preguntar a los demás chicos por él, me contaron algo de su historia. Y crean… eso, me conmovió tanto, que esta novela me inspiró.
Después lo busqué, y lo encontré…y es admirable (todos los niños lo son) la batalla frontal, con la que ha decidido enfrentar a su destino.
Ruego tanto que logre lo que se merece, por que es capaz. Mi promesa es ayudarlo, en lo que pueda, pues quisiera mirarlo al final de su historia, en el podio del éxito… riendo y llorando, a la vez… de felicidad. Luego en él, mirar… a todos los niños del mundo, que estoy seguro, así también lo querrán.
Quisiera agradecer una vez más a Dios Padre, y sólo al Padre eternoYHWH, es lo más cercano a su legítimo nombre, por el consuelo que dio siempre a mi vida.
Por su amor…por su permiso, y por su perdón. Por permitirme conocerlo, más y más; a través de su obra.
Gracias, Padre Celestial... por esta honda inspiración, que habita en mi corazón…y que una vez más, puedo; con mis lectores... compartir.


-El Autor

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Como un balón rodando.

Novela


Cuando Peter (Piter) llegó aquella tarde de verano a la última parada de su estación, en aquel pueblo portuario, vio a lo lejos, a dos hermosas chicas, que muy animadamente, conversaban, con los lugareños, que estaban cautivados por su belleza.
Sin dar mucha importancia, a ello, continuó con su rutina. Luego terminó de atender a sus pasajeros, y mientras conversaba con unos amigos, esperó su turno, en el taxi-colectivo.
Trabajaba como transportista, y a pesar, que el trabajo era escaso, y duro, lo realizaba con mucho cariño, pensando algún día, darle un giro diferente e importante a su vida.
Sin embargo le encantaban, aquellos días frescos de su lozana juventud, mas, presentía, que pronto el destino, cambiaría, su ser
Así cuando ya le tocó subir al volante…el vehículo, sólo tenía la mitad de sus pasajeros. Entonces, para su sorpresa, vio que las dos muchachas que había visto al llegar; se encontraban, en la parte delantera, listas para viajar, junto a él.
Una de ellas, se parecía notoriamente, a una lejana, y entrañable amiga. Y tal vez, fue por eso, que decidió, empezar una conversación, tratando de lograr su amistad.
-Hola... –la saludó cortésmente, esperando tal vez, ninguna respuesta- dime ¿no eres de casualidad, hermana de Milagros?-
-¡Yo! de Milagros, ¿quién es Milagros? -respondió curiosa la chica, luego de unos segundos.
-Bueno, es una gran amiga, que hace mucho tiempo no veo... y como te pareces bastante a ella pensé....que –
-Bueno... pensaste mal, pues yo no soy, tu Milagros. Seguro que ella es tu chica, y por eso me confundes con ella, ¿verdad?
-Seguro, es tu enamorada… -algo coqueta, la otra chica rió- ¿cierto?...ja-ja-ja.
-No, es verdad… ¿por qué no me creen?... es sólo, una amiga, sino, que te pareces, mucho a ella…por es pensé que…
-Bueno te equivocaste, no soy quien piensas-
-Claro…claro…-contestó titubeante, mientras el carro, cobraba más velocidad–
Se hizo un silencio de segundos. Peter sabia que si quería lograr su objetivo, tenía que seguir el hilo de la conversación. Por eso, volviendo a mirarlas, otra vez les preguntó.
-¿Y?… cuéntenme, ¿qué han venido hacer por acá?...Tengo la impresión, que no son de aquí... ¿me equivoco?-
-Tienes razón, somos de la amazonía -dijo la otra chica- estamos de vacaciones, y hemos venido, de tan lejos, para visitar a un gran amigo. Pero como no lo hemos encontrado, nos vamos a la ciudad, donde mí tía, y mañana regresaremos, para hablar con él-
Peter se dio cuenta, que aquella, era la ocasión que esperaba.
-Bueno… ¡miren! si tienen que regresar, y cómo ya somos amigos, yo las podría traer. Pero claro… ya no como pasajeras, sino como amigas, y gratis -dijo bromeando-
-Bueno, si quieres...
-¡Claro qué quiero! …díganme la hora, y allí estaré puntual–
-Bueno...entonces, recógenos mañana, a las ocho de la noche, te estaremos esperando, en el paseo del recuerdo ¿lo conoces?-
-Claro que sí. Sí lo conozco, yo las recojo, donde ustedes ordenen mis reinas, pero recuerden, que estaré puntual, y por favor, no me hagan esperar mucho ¿de acuerdo?
-Bueno, por tratarse de ti lo haremos, aunque, tal vez nos desanimamos, y quizá no iremos, No… no ¡mentira! -respondió graciosa una de ellas.
Después, continuaron charlando, una hora más, como grandes amigos luego al rato se despidieron esperando, la noche siguiente
El día siguiente pasó sin más asombro, que el rutinario trabajo. Al caer la noche, Peter miró con ansiedad su reloj, y al darse cuenta, que llegaba el momento de la cita, apuró su llegada. Cuando llegó… ¡ellas ya lo estaban esperando!..
-¡Hola! – les dijo sonriente-
-Hola, ya vemos que eres puntual –respondieron emocionadas-
-Claro, mis reinas, y mucho más, cuando estoy interesado –respondió mientras cortes, les abría la puerta, ofreciéndoles subir al vehículo.
Una vez, que las muchachas estuvieron arriba, Peter (Piter) cerró la puerta, y se apresuró, en el viaje, rumbo al lugar acordado. Durante el viaje, la plática, que tuvieron, fue amena y alegre, al compás de la música, que emanaba la radio. Pero se hizo, aún más placentero, entre las preguntas y bromas, que hicieron agradable; su conversación.
Cuando llegaron, fueron directamente a buscar al amigo de las chicas. Al preguntar, les dijeron que Fano (era el nombre del amigo) tardaría en llegar. Entonces acordaron estacionar el vehículo, en un lugar apacible, mientras esperaban el regreso de Fano.
Fueron horas de plática (Fano tardaba en llegar) plática, donde se conocieron más, preguntándose muchas cosas, sobre sus vidas; se hicieron más amigos aún. Peter se había prendado, de la chica, de nombre Flor Elena. Ella coqueta, sabiéndose la elegida, trataba de confundirlo, y hacerlo esperar, esperar un tiempo más.
El regreso fue de madrugada, ya que estuvieron esperando a Fano muchas horas, pero al final éste no llegó.
-Bueno otro día regresaremos – dijo resignada Flor Elena–
-Claro… pero primero acordaremos con Fano, para que nos espere, y no venir como ahora…en vano. ¿Nos acompañas, otro día, Peter? –
-Por mí encantado linda, sólo espero, que esta sólo sea el principio, de muchas salidas –propuso sabiéndose dueño de la situación-
Nuevamente, las llevó hasta la esquina, cerca de su casa. Antes, de dejarlas, las invitó a cenar hamburguesas, y todos hicieron la promesa, de un nuevo encuentro, que sería en dos días.
Cuando transcurrieron los dos días, entre el fragor del trabajo, y su espera, Peter se acordó, de la cita, entonces, muy presuroso, se alistó, para llegar puntual al encuentro.

Cuando llegó, las chicas, ya, lo esperaban ¡Flor Elena estaba hermosa esa noche! Y, fue, con la amistad que hicieron, en la noche anterior, que Flor Elena, se sentó a su lado, e Isabel (la otra chica) se sentó al otro costado. Luego, así juntos, emprendieron el viaje
Durante el trayecto, siempre al suave compás de la música, los tres amigos, hicieron delicioso el viaje, entre risas y bromas.
-Esta noche tengo que conquistarla –pensaba Peter– mientras miraba a Flor Elena.
Ella ya se había dado cuenta, del sublime detalle por eso, al disimular, no cesaba de mirar, la lejana y plateada luna, que esa noche, iluminaba el claro cielo.
Peter iba tan absorto en sus pensamientos, que ni cuenta se dio que... ¡ya habían llegado!
-Vayamos a recoger a Fano – pidieron ellas–
-Vamos –respondió, siempre mirando a Flor Elena, que ya se había dado cuenta, del magnetismo amoroso, que ejercía sobre él-
Cuando llegaron a la casa del amigo, éste ya los estaba esperando.
-¡Fano... Fano! hola ¿Cómo estás amigazo?
–exclamaron jubilosas, al unísono las chicas– oye… te hemos venido a visitar la otra noche, y no te encontramos ¿dónde estabas?-
-¡Hola chicos!...Me alegro que vengan a verme
–Saludó Fano con gran alegría– lo que pasa, es que esa noche regrese ya casi entrado el día. Fue mejor que no me esperaran… ¡pero ya ven!...ahora si estoy aquí, a su total disposición, y listo para complacerlos–
Al decir esto, Fano tomaba poses de galán, inspirado en la espontánea belleza, de las dos muchachas.
-¡Ah Fano!...ven, te vamos a presentar, a un nuevo pero gran amigo-
-Hola... ¿qué tal? soy Fano-
-¿Cómo estás?, mi nombre es Peter, y como ya has de suponer, estas lindas chicas te extrañaban tanto, que decidieron venir a visitarte, y eso... me parece, ¡qué hay que celebrarlo! -
-Por nosotras encantadas -
Para Peter, aquel momento, estaba lleno de alegría, y de ruegos. Rogaba que Flor Elena, no sea nada para Fano, que sea libre, para él
-Bueno, vamos, pues queremos bailar hasta cansarnos –dijeron ellas, emocionadas.
Aquella noche, se hizo cómplice del amor, pues la apartada discoteca, donde llegaron, estaba sola y sin clientela, y para los cuatro chicos, eso era una buena noticia, pues ellos, querían apartarse del mundo, esa romántica noche, y juntos... soñar.
Peter y Fano habían pedido al barman, el trago más exótico del lugar, ¡el más afrodisíaco! Ya, para entonces, Peter sabía, que el interés de Fano, era por Isabel… ¡tenía el camino libre!
Ya eran las 12:30 de esa noche, y todo para Peter era increíble. Entre sus brazos, tenía a Flor Elena, desfalleciendo de amor. Parecía que... ¡estaba soñando!
Los dos enamorados, se hacían mil promesas, mientras sus ansiosos labios, se juntaban, para ofrecerse besos mutuos, de placer, y amor.
-Flor Elena, eres la mujer que estaba buscando, la que estaba esperando, aquella que sabía, que algún día, a mi vida llegaría-
-Oh Peter no sé que decir, sólo te digo, que nunca podré olvidarte –respondió ella, con los ojos ya embriagados de pasión- esta noche, te entrego, mi amor guardado, que nunca imaginé, a nadie, entregar-
Estas palabras, calaron hondo, en el alma de Peter, mientras la música, continuaba regando su místico encanto, por todos los ambientes, de la apartada discoteca. Por eso, las dos parejas muy enamoradas, se encontraban perdidas en el éxtasis de su pasión, sin haberse percatado, que el tiempo había pasado, demasiado rápido.
En eso el barman llegó hasta ellos, para avisarles que ya iban a cerrar el local, fue entonces, al darse cuenta de la hora, que los enamorados, apuraron su regreso. Abrazados, salieron de la discoteca, y luego de subir al vehículo, fueron a dejar a Fano, en las cercanías de su casa.
Luego de despedirse con mucha efusividad, de Fano, enrumbaron por el camino de regreso, no sin antes, quedar en salir, otra vez. Todo el viaje de regreso, Peter llevó abrazada a Flor Elena, mientras que Isabel, miraba la escena complacida
Al llegar, las llevó, hasta la casa de su tía, y luego de observar a su amada, con cierta devoción, le susurró.
-Bueno, amor, te veo mañana-
-Sí… por favor, ven a recogerme en la noche, te estaré esperando con impaciencia-
Un apasionado beso selló sobrio, la momentánea despedida de los enamorados, en aquella hora, inolvidable.
Esa misma noche, ya en su amplia cama, Flor Elena se daba vueltas, sin poder conciliar el sueño. ¿Acaso de verdad se estaba enamorando? ¿o, era Peter, una ilusión más, en su vida?
Lo cierto era, que el muchacho, ocupaba desde que ella lo conoció, todos sus pensamientos. Vivía en cada latido, de su joven corazón.
Ella había tenido hasta ahora, una vida azarosa. Era autóctona de la selva, y su vida, había transcurrido hasta entrada su adolescencia, entre el calor de su tierra natal. Quizá, el no haber contado con el apoyo paternal, fue el motivo, para que ella, ahora estuviese, por aquellos lares. Sí… por que al cumplir, la mayoría de edad, pero contando con la bendición de su madre, había salido sola, a recorrer el mundo.
Quizá, estaba buscando la oportunidad, de una vida mejor, o tal vez buscaba para su destino, el reproche que llevaba, en su alma escondido.
Su padre siendo aún una niña, había abandonado el hogar, dejándola sola, junto a su madre, y a su otra hermanita. Guardaba entre sus recuerdos, las necesidades y penurias, que juntas tuvieron que pasar, en esos días muy difíciles. Sin embargo, no llevaba rencor, dentro de ella.
Era por eso, que había decidió salir de su casa, para sola, buscar suerte, y quizá.... algún día, la encontraría. Esa noche, también pensaba en su madre, y su hermanita ¿cómo estarían? Quizá pronto, iría a buscarlas.
Estaba así, mirando hacia una esquina de su habitación, y sin darse cuenta, la sorprendió el sueño, quedándose profundamente dormida.
¡Fue un sueño reparador!... pues al día siguiente, ella despertó, con inusitada alegría, parecía amar aún más a la vida. Había conocido al hombre, que quizá, sería, su gran amor. Era por eso, que reía, que estaba feliz. Se sentía acariciada por el nuevo día. Al llegar la noche, estaba hermosísima… Se había arreglado con esmero, para esperarlo
Casi al llegar las ocho de la noche… Peter llegó a recogerla. Ella lo esperaba con ansiedad.
Casi corrió a su encuentro, luego lo abrazó con efusividad… y él mostró una vez más, su amor, con un enorme, y pasionario beso.
-¡Dios mío, Flor Elena! si así existe la felicidad en la tierra... ¿cómo será el paraíso?-
-Oh Peter, las horas se hacen largas, cuando no te veo, nunca me olvides-
-Eso te lo prometo, amor, aunque... apenas anoche, fue la última vez que nos vimos-
-Lo sé mi amor, pero creo... ¡que ya no podré vivir sin ti! –le dijo, sin dejar de besar con cierta devoción, sus labios–
Peter muy emocionado, la sentía vibrar entre sus brazos. Su alma parecía al sentir, clamar un amor que quizá, nunca había tenido. Entonces, se dio cuenta, que debía amarla, con intensidad… pero también, con prudencia.
-Bueno vamos –le pidió, invitándola a subir, en su vehículo–
Ella como hipnotizada subió rápida y alegremente quedando lista, para pasar con él, una noche espléndida.
En verdad, que para ellos, aquella noche fue espléndida. Pues llevados de la mano, por la pasión cayeron enteros en una entrega sin límites, llegando hasta los dominios del paroxismo…donde su entrega total, fue intensa… como el más alto símbolo del amor… de ese amor incomparable… del cual, no hay dos.
Palabras susurrantes, y gemidos inquietantes, brotaban de sus apasionadas almas. Quizás en otro momento de calma, a ellos les hubiera parecido demasiada rápida su entrega… pero, para un amor grande, el tiempo, es viento que se va, y hay que respirarlo, antes de quedarse, sin aliento.
Ya su piel estaba quemante… ante esa pasión, desbordante, que llegaba empujada por el frenesí.
Sus prendas de vestir, dejaron de envolver sus cuerpos, y ya desnudos, se entregaron en una profunda, y frenética pasión… ¡si!... de aquella pasión, que llegando, al infinito, toca el cenit.
Ella no había podido resistirse, a la desfrenada pasión, que en ese momento la envolvía, y en una amorosa demostración, se entregó a su amado, llena de amor, plena de fervor… y de palpitante pasión.
Cuando la calma fue llegando, poco a poco, a sus agitados corazones, Flor Elena, fijando la mirada en él, con cierto estremecimiento exclamó:
-Peter amor mío, no sé que decir... es que todo ha pasado tan rápido; no sé... no sé que dirás de mi, tal vez... creas...
-¡Calla!, amor...lo único que pienso, es que ahora te amo, más que nunca. ¡Gracias por hacerme feliz!-
-Oh Peter la verdad, es que te amo. Yo no quería que esto pase así, tan rápido. Dime… que ahora, estaremos más unidos que nunca. Peter nunca me vayas a dejar sola, no quiero, que te burles de mí...-
-No…no vuelvas a decir eso, Flor Elena, y dame más amor, cada día, ámame más, y más–
Al decir esto, Peter (Piter) la volvió a abrazar con desbordante pasión, para luego besarla con enorme delirio. Ella correspondió a las quemantes caricias de su amado, dejándose envolver entre sus brazos, y juntos nuevamente, gozaron de otra entrega…. de esa entrega sin límites, que se hace sólo, cuando existe, un amor verdadero.
Esa noche, los amantes, se perdieron por los sinuosos y místicos caminos, del amor. Se perdieron en su viento, y también en su tiempo ¡el mundo era sólo, para ellos dos!
Sin darse cuenta… quizá algo fatigados, por las quemantes entregas, se quedaron dormidos. Así, muy abrazados, y muy juntitos, los sorprendió el nuevo día.
Flor Elena, al darse cuenta, que esa noche no había vuelto a su casa, se incorporó rápidamente, algo preocupada.
-Peter… Peter... despierta mi amor, tenemos que marcharnos ya-
-Mmmhhh, hola... ¡buen día preciosa!-
-Peter… tenemos que marcharnos ya… no sé que me irá a decir mi tía. ¿Te das cuenta? Nos hemos quedado aquí, toda la noche-
-¡Uy! es cierto, vamos rápido, entonces-
-Vamos amor, ojalá mi tía todavía no se levante, pues no quiero que se de cuenta de mi ausencia
Peter con notable rapidez, se acomodó en el volante, para llevarla de prisa a su casa.
Los dos, acordaron despedirse, en la esquina. Hacían esto por prudencia, sin embargo, pase lo que pase; quedaron en salir nuevamente, en la noche; del siguiente día.

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Esa tarde, Flor Elena, se encontraba en su habitación, recordando con profundo embeleso, los momentos de la noche anterior.
Fue en ese preciso momento, que entró Isabel, su prima. Ella, con la espléndida coquetería que la caracterizaba, se sentó, al borde de la cama, luego, con efusividad, y alegría, le preguntó.
-¡Flor Elena!... yo sé que tienes muchas cosas que contarme. No te hagas la difícil, y cuéntame todo ¿qué pasó? acaso ya...
-calma prima, calma. Si te voy a contar todo, pero ten calma- dijo mientras se sentaba en la cama–
Una sonrisa de alegría y complacencia, asomó en su terso rostro, al recordar los momentos vividos la anterior noche, al lado de Peter (Piter).
-¡Lo amooooo!.. -Exclamó con euforia, mientras Isabel, algo asombrada, la miraba, atentamente-.
-Ya lo presentía, se nota en ti, y en la sonrisa, que te acompaña esta mañana. -respondió Isabel–
-¡Ay prima! creo por fin, he conocido al amor de mi vida. Peter es un hombre maravilloso, no quisiera separarme nunca de él.... a su lado el tiempo se acorta, y la felicidad llega para embriagarme-
-Te lo vuelvo a decir prima... ¡no quisiera nunca, separarme de su lado!
Al ver la felicidad de su querida prima, y los momentos de dicha que estaba viviendo, a Isabel se le ensombreció un poco la mañana.
Pues el otro motivo de su visita, era comunicarle a su prima, que allá, en su lejana tierra, su familia estaba necesitando de ella...
Isabel no atinaba en su decisión, o, se lo decía a Flor Elena, acabando así, con su felicidad, o no le decía nada,, y ella seguiría feliz, al lado de Peter.
Después de mirarla un largo rato, y pensarlo, mientras, paralelamente con sosiego, escuchaba las emocionadas palabras, de su prima... decidió lo primero.
-Flor Elena, me siento muy feliz, al saber que por fin, el amor está a tu lado, ¡oye no lo puedes dejar escapar! –le habló con disimulada calma, mientras se preparaba, para darle la mala noticia-
-Nooo, esta vez no prima…no lo voy a soltar. Voy a tener a mi amado, por siempre conmigo. Ven prima, y dame un abrazo.-
Las dos se abrazaron fraternalmente, y a Isabel se le hacia cada vez más difícil, decirle el duro mensaje. Por eso, decidió hacerlo… ¡Ya!
-Sabes Flor Elena, tengo que decirte algo. Mira… anoche cuando saliste con Peter, tuviste una llamada, de tu hermanita menor.
Dijo, que en la casa donde trabaja tu mamá, ha ocurrido un crimen, y que injustamente la culpan, de ese asesinato... Ella, ahora está detenida, y como van a comenzar, un juicio en su contra, probablemente vaya a la cárcel.
Entonces, es muy necesario, que urgentemente, viajes para allá, para que las ayudes, y te hagas cargo de todo-
-¡¡¡¿Queeé?!!! Exclamó confundida, Flor Elena.
-No es posible ¿por qué, por qué, Dios Padre, Todopoderoso? ¿Por qué ahora? ¡No puede ser!
-soslayó… mientras, lágrimas de gran impotencia, asomaban, por sus pupilas-
-Lo siento primita, pero creo, que debes viajar, al lado de tu familia. Tú eres la hermana mayor, y debes velar por ellas-
-Pero... Isabel, ¿y Peter....? –
-Él comprenderá… y si en verdad te ama, te esperará... o, finalmente, te buscará.-
-Ay prima, es que acaso, ¿nunca podré ser feliz?
-dijo sollozante, mientras abrazaba a su prima, para llorar amargamente, en sus hombros.-
Fueron varios minutos, los que Flor Elena, lloró. Cuando estuvo más calmada, volvió a sentarse al borde de la cama mientras tácitamente, recordaba los sufrimientos, que junto a su mamá, y a su hermanita, había pasado. Ahora ellas estaban solas, y en problemas. Fue en ese momento, que decidió ir, a buscarlas.
Esa noche a las 7:30, según lo acordado, Peter llegó puntual, a buscarla. Flor Elena ya lo esperaba con ansiedad. Sin embargo, no sabía lo que sentía, ese momento ¿acaso sentía tristeza... o, alegría?
Abordaron el automóvil, y luego de abrazarse y besarse con anhelo, él buscó un lugar discreto, para estacionase, en las afueras de la ciudad.
-Mi amor, que ansiedad sentía, al ver que la noche no llegaba rápido, para poder verte.-
-Gracias por todo cielo, también siento lo mismo
-le dijo, sin poder disimular, la tristeza, que en ese momento la oprimía-
Peter, al darse cuenta, preocupado le preguntó.
-¿Qué pasa Flor Elena? Te noto diferente, como lejana, es que acaso... ¿ya no me amas?... ¿qué sucede, amor?-
-Peter, detén el carro, un momento por favor-
Algo Intrigado, detuvo el auto, en un lugar muy apacible. Entonces, Flor Elena bajó, y con paso lento, llegó hasta un árbol. Luego, de apoyarse en su enorme tronco, rompió en sollozos.
Lleno de asombro, Peter (piter) llegó a su lado, para abrazarla con cierto fervor, dispuesto a ayudarla, en aquel momento difícil, que pasaba.
-Flor Elena ¿qué pasa tesoro? cuéntamelo amor, tú sabes que sea lo que sea, estoy dispuesto a escucharte, ayudarte, y comprenderte.-le dijo, mas Flor Elena siguió sollozando en su hombro. No fue, sino después de casi cinco minutos, que ella, ya un poco calmada, alzó el rostro, y mirándolo; le dijo temblorosa.
-Peter, ¡amor! tengo que dejar de verte un tiempo-
- ¡¡¿cómooo?!! Pero ¿por qué? acaso......-
-No cielo, no confundas las cosas, deja que te cuente. Pero antes, debes saber, que tú eres mi único amor, y que te amaré, toda mi vida-
Se hizo un silencio de segundos, que para Peter fueron horas. Cuando ella habló, él la miraba con ansiedad
-Mira… he recibido una llamada de mi casa, mi mamá está en problemas, y me necesitan allá.
Ya sabes, que ellas sólo me tienen a mí, es por eso, que tengo que viajar, para allá.-
-Pero... acá también te necesito – dijo él –
-Lo sé mi cielo, pero sólo será poco tiempo, luego estaremos eternamente juntos, quiero que me comprendas–
Peter avanzó un metro adelante, y ella lo siguió, con la mirada.
Flor Elena, temía que no la entendiera, entonces ella sufriría, hondamente. Sin embargo, después, de unos momentos de meditación, Peter le dijo.
–ven acércate, Flor Elena, dame tus manos y abrázame amor… debes saber que te comprendo. Ve a defender, a tu mamá, y quédate el tiempo que sea necesario. Pero, luego regresa, porque también te necesito, y quiero amarte toda mi vida-
Fue en ese momento, que la joven, se sintió tranquila, iría a ver su familia, mientras él la estaría esperando.
Un fuerte abrazo, y un gran beso, selló aquel idílico momento para los eternos enamorados Sus miradas y sus bocas, se buscaron con ansiedad, encendiendo nuevamente, el fuego de su pasión.
Quizás aquella fue, la más profunda, de sus entregas. Ellos se entregaron en aquel apacible bosque, no sólo en cuerpo… si no también en alma
El fuego de la pasión, pareció fundir sus íntimos sentimientos, marcando con un tatuaje imborrable para siempre… sus enamoradas almas.
Quizá del paroxismo tocaron el cenit, o, quizá, del amor... llegaron a su olimpo endiosado. Mas aquel momento inolvidable, viviría para siempre, dentro de los dos... muy dentro de sus almas.
Cuando al fin decidieron volver, la radiante luna, parecía iluminarles, el camino de regreso. Peter conducía con lentitud, y ella permaneció, todo el tiempo abrazada de él.
Aquella despedida, estuvo llena de promesas y lágrimas. Sólo el consuelo, de una separación momentánea, hacia más fuerte, a aquellas almas enamoradas.
Al abrazarla, y besarla por última vez, Peter tuvo un mal presentimiento, como si fuera a perderla.
-sólo es un presentimiento- se dijo- Mientras ella al bajar del auto, le dio un largo beso, como una despedida anunciada, que prometía así, ser sólo momentánea, sin imaginar, que la crueldad del azar, a veces envuelve con su negro manto, a quienes, una vez, unió.

Se despidieron así, entre la sinfonía de sus jóvenes corazones, palpitantes, e inquietantes, guardando sus sueños e ilusiones, mientras ese inolvidable amor, les acarició la piel.
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Al día siguiente, Flor Elena, ya se alistaba para emprender el largo viaje, y junto a su entrañable prima, terminaron de alistar su equipaje.
Bastante conmovida, se despidió de su buena tía, agradeciéndole mucho, por la estadía en su casa.
-Ven hijita a visitarme cuando quieras, y no te olvides de saludarme a tu mamá- dijo la señora-
-Si tía, y gracias por todo, me voy, pero pronto volveré… ¡muchas gracias por todo tía! -dijo al despedirse-
Al salir, las primas abordaron un taxi, con rumbo a
la agencia. Una vez allí, Flor Elena le encargó a Isabel, el cuidado de Peter, ella sonriente le dijo que lo estaría vigilando. Las primas, se abrazaron, efusivamente, despidiéndose, con un gran cariño, como señal de su enorme amistad. Luego, el ómnibus comenzó, el largo viaje.
Ya instalada en su asiento, Flor Elena, trataba de dormir, para no pensar. Así, el viaje tal vez, lo sentiría más breve.
Fueron 32 horas, de un cansado viaje. Al llegar a su destino, con rapidez recogió su equipaje, luego de buscar un taxi… enrumbó, hacia su casa.
Muy sentida fue la emoción, que sintió, al volver a mirar las calles de su ciudad, de su Pucallpa natal.
Nunca olvidaría, todas las cosas que allí vivió, y el calor de aquel barrio, que la vio nacer, y crecer... ¡ahora, ella estaba, nuevamente allí! Por eso, cuando el taxi se detuvo frente al portal de su casa, se conmovió tanto, al mirar su entrañable hogar. Al pagar el servicio, bajó del automóvil, y en ese momento, vio a su hermanita menor, que corriendo, llegaba a su encuentro.
-Flor Elena... Flor Elena, hermanita por fin has llegado-
-Pierina hermana, ¡oye! pero si has crecido un montón, así no fue como te dejé... ya eres, casi una mujer-
-Sí… pero te extrañe mucho Flor Elena, bien sabes que contando con mamá, sólo somos nosotras tres, y no contamos con nadie más. Flor Elena te lo ruego, ya no me abandones otra vez-
Al borde de las lágrimas Flor Elena, volvió a abrazar con fuerza a su hermana, mientras besaba su frente.
-Siempre estaremos juntas, eso te lo prometo hermanita -le dijo, fraternal, mientras avanzaban, hacia el interior de la casa.-
Una vez dentro preguntó con ansiedad a Pierina.
-¿Dime, qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué mamá está en ese problema? Me dijeron, que la están involucrando, en un crimen-
-¡Sí...-contestó Pierina- lo que pasa, es que en la casa, donde mamá trabajaba, como ama de llaves, encontraron muerta a la cocinera, y como mamá, por su trabajo, tenia bastante roce con ella, y anteriormente habían discutido, por asuntos de trabajo, la policía la detuvo, porque dicen, que es la principal sospechosa. Pero mamá dice que es inocente, pues ella, no tenía motivos; para asesinarla-
-Pero… ese no es motivo suficiente, para detenerla y culparla...-
-Lo sé hermanita, pero lo que no sabes, es que entre las cosas de mamá, encontraron el arma homicida... mamá dice, que alguien la puso ahí, para que ella, apareciera como culpable.
Además cuando ella encontró el arma, la tomó en sus manos, dejando, allí sus huellas-
-Todo esto, hace difícil, probar su inocencia, pero yo sé que ella es inocente... ¡dímelo! es inocente ¿verdad hermanita?-
-Sí... nosotras sabemos que mamá, no es capaz de hacerle daño a nadie, ¡cálmate! ahora lo que tenemos que hacer, es buscar ayuda. Tengo un buen amigo, que es abogado, le pediré ayuda, yo sé que él, no me la va a negar-
-Pero dime -volvió a preguntar - y la familia donde trabajaba mamá... ¿por qué no la han ayudado?-
-No lo sé... pero la han abandonado, mas parece que ellos quisieran, que se quede en la cárcel.
-Mmuhh... eso me parece sospechoso, tenemos que actuar enseguida, mañana mismo comenzaré su defensa, ahora nos ocuparemos de arreglar bien la casa, que mañana iremos a verla-
Al terminar de decir esto, se apresuraron en arreglar todo el ambiente. Terminaron al caer la noche, luego, al refugiarse en sus lechos, las dos conciliaron el sueño.
Al siguiente día, luego de desayunar, las dos hermanas salieron apresuradas rumbo a la oficina del abogado… el cual que era amigo de Flor Elena.
-¡Hola Daniel Octavio! - dijo efusiva al llegar a la oficina-
-Flor Elena... amiga, ¡pero qué milagro es este!... Hace mucho tiempo. no te veía. -dijo el abogado mientras la saludaba con un beso en la mejilla, y estrechaba sus manos- Pero siéntate por favor... por fin te acordaste que existo… dime…
¿Por qué me has tenido olvidado tanto tiempo?-
-No… Daniel Octavio... lo que pasa, es que he estado de viaje, por eso, no he venido a visitarte, sabes que te estimo mucho, eres un gran amigo-
-Si pues... sólo tu gran amigo – dijo con escondida resignación- sin embargo, tú sabes que cuentas conmigo, para lo que necesites...-
-Y mira que te necesito -sonrió interrumpiéndolo- quizás me digas, que sólo te visito, cuando estoy en problemas... bueno... aceptaré tus reproches, pero que no sean muchos ¡ah!-
Luego, el abogado exhibió una franca sonrisa, entonces acercándose más, le pidió amablemente que le contara, el motivo de su visita.
Al narrarle, con detalle los hechos, Flor Elena no pudo ocultar un gesto de tristeza. Daniel Octavio, la escuchaba con mucha atención, y ella continuó contándole, el delicado problema, en el cual estaba involucrada su madre.
Cuando terminó de contar lo sucedido el abogado se puso de pie, y luego de dar algunos pasos exclamó, determinante.
-Mmmhhhh, está algo difícil… ¿sabes? pues lo que complica a tu mamá, son las huellas que dejó en el arma homicida. Ella, nunca debió cogerla, así no hubiera dejado sus huellas allí, y de esa manera tendríamos mas opción a su defensa –hizo una pequeña pausa para agregar- me parece que alguien quiere culparla de asesinato.-
-Ahora… ¡mira! vamos a hacer lo siguiente -volvió a decir- mientras yo inicio los tramites legales, y judiciales de defensa, tú tienes que tratar, de buscar alguna prueba, que demuestre, lo que sospechamos. Pues con una prueba así, tu mamá saldría en libertad inmediatamente-
-¿Y si no encuentro esa prueba? ¿Cuánto tiempo estará mi mamá en la cárcel?-
-Bueno bien sabes, que pueden ser muchos meses, hasta demostrar, que ella es inocente. Pero si no podemos demostrarlo, tú sabes que tal vez estará, muchos años, en la cárcel-
Al oír esto, la joven ocultó su terso rostro, entre sus manos...
-No te pongas así Flor Elena, haremos todo lo que podamos para ayudar a tu mamá… además, tú sabes, que yo también la estimo mucho. Creó que es inocente, y mira… ella, les hace mucha falta a ustedes, sobre todo a tu hermanita, tengamos fe, que todo va a salir bien.- aseveró él-
-Ahora ve, y comienza a buscar las pruebas que necesitamos, que yo inmediatamente, haré lo que me corresponde, no debemos perder tiempo-
Luego los dos amigos se despidieron, cada uno dispuesto a cumplir su misión. Estaban dispuestos a ganarle al tiempo, pues cada día que pasaba. Importaba mucho, para lograr la tan ansiada inocencia de la señora.
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Ya habían transcurrido tres meses, desde aquel día, cuando Flor Elena, fue a solicitar los servicios de Daniel Octavio.
La preocupación por ver a su madre libre, era tanta… que todo este tiempo, había dejado de pensar en Peter (píter) su gran amor... de pronto, fue invadida por los recuerdos y la melancolía, que llegaron para recordarle, los momentos que vivieron juntos. Como era posible, que todo este tiempo, no se hubiera acordado de él, ni ella misma lo podía creer.
-Tengo que llamarlo, inmediatamente. -pensó- buscaré el número telefónico, de mi prima… ¡sí lo haré ahora!-
Flor Elena, comenzó a buscar la agenda, donde tenia sus anotaciones, pero no podía encontrarla. Eran tantas las cosas que había movido, en busca de pruebas, que todo se le había confundido, y perdido.
-Y, ahora ¿qué hago?- se preguntó.-mejor seguiré buscando-
Con ansiedad buscaba, por todos los rincones de su casa sin encontrar la ansiada agenda. Cuando de pronto, fijó la mirada en el almanaque, que estaba en su habitación, y al verificar la fecha, sufrió un gran sobresalto.
-¡¡Ooohhh Dios Padre, santísimo!!...¿pero, cómo no me había dado cuenta? ahora estamos 28 de fecha, y mi menstruación la tengo, los primeros días del mes... ¿acaso...? ¡oh no!...
¡Dios Padre, todopoderoso!...no puede ser
-exclamó dejándose caer abatida, al borde de su cama-… ¿será posible?...-
La duda se apoderó de su cándida alma ¿acaso estaba esperando un hijo de Peter? de ser así... ¿qué diría él al saberlo?
Pero más difícil se le hacía todo… debido a la agobiante situación, que ahora estaba viviendo. Tenía a su madre presa, y su gran amor, se encontraba muy lejos, de ella. Sin embargo… era de esas mujeres, de carácter férreo y luchador…y afrontaría la situación, cualquiera que esta fuese.
Además se dijo, ellas eran tan poca familia, que uno más, seria bienvenido.
-Bueno –se dijo- quizá el otro mes, me venga mi regla, tal vez estoy preocupada en vano. Ahora sólo pensaré, en la libertad de mamá-
Al recordar esto, siguió buscando con ansiedad, alguna prueba, con que demostrar, la inocencia de su madre.
Así, los días parecían transcurrir lentamente, sin embargo, para Flor Elena, el tiempo no contaba.
Ella, no se daba cuenta del paso del tiempo, pues sólo quería encontrar pruebas, que ayudasen a demostrar, la inocencia de su madre.
Había concurrido, varias veces, a la fastuosa mansión, donde había trabajado su mamá, pues, allí, había ocurrido el crimen sin lograr ingresar en esta. Ya no tenía dudas, se daba cuenta, que algo ocultaban en ese lugar. Tenia el presentimiento que el verdadero culpable se escondía allí.
Sin embargo, la joven estaba decidida a ingresar como sea. Fue por eso, que aquel día, esperó a Julián el mayordomo. Aquel era su día libre, y ella quería ganarse la amistad, de aquel hombre.
A prudente distancia, miraba el enorme portón de salida, él tendría que salir, en cualquier momento.
Estuvo esperando casi veinte minutos, en eso, lo vio salir. Rápidamente se paró de la banca donde estaba esperando, y decidida, se acercó al hombre, que quizá, la ayudaría en su búsqueda.
Dueña de una gran belleza exótica, matizada con rasgos orientales, orlados, por una larga, y blonda cabellera negra que la hacían irresistible, la joven, fingió tropezar con el improvisado galán.
-¡Oh...disculpe señorita! disculpe –dijo perturbado el mayordomo al tropezar con la bella-
-No... no... Discúlpeme usted joven, la culpa es mía. Lo que pasa, es que venia distraída, y no me di cuenta por donde caminaba-
El mayordomo, al contemplar la belleza de la chica, quedó embelezado, y tal vez, fue por eso, que ofreciéndole, nuevas disculpas, le dijo.
-Sí pues, en verdad, la veo muy perturbada, como si algo muy profundo, la preocupara..., ¡cómo pudiera ayudarla! –dijo, con poses de galán- una chica linda, debería iluminar el mundo, con su sonrisa, y no saber de tristezas y preocupaciones. Los caballeros, no debemos permitir eso-
-Flor Elena, al escuchar esto, se dio cuenta, que el primer paso lo había ganado, fue por eso, que fingiendo cansancio, quiso sentarse en la banca, que anteriormente había ocupado.
-Pero señorita... usted se nota cansada ¿Por qué no me permite invitarle algo de beber?
Aquí cerca, hay una fuente de soda, Allí podría descansar, y bueno, tal vez, podríamos conversar, conocernos mejor. No sé...... ¡acepte por favor!
-pidió con voz trémula Julián.-
-Mmmhhhh... bueno... es que no sé, pues recién le conozco, y estaría mal...
-No... no... por favor… ya veras que soy buena persona, además, todos los días no conozco, a una chica tan linda-
La hermosa, hizo una pensada pausa, y luego de mirar los ojos ansiosos de Julián, dijo fingiendo perturbación.
- Bueno... está bien.-... vamos-
Ya cómodamente sentados, en aquel elegante lugar, y después de ordenar lo deseado, Julián comenzó la conversación.
-¿y cuál es el nombre, de mi bella acompañante? – preguntó mientras la miraba fijamente–
-soy Flor Elena....
-¡Flor Elena!... ese, es el nombre mi madre... mira que coincidencia, ¿verdad? ¿Pero cuéntame, porqué te encuentras tan preocupada? -
-Mira... lo que pasa, es que no soy de acá, y tú sabes, tengo que encontrar trabajo, para poder sobrevivir. Está algo difícil. ¿y tú?... dime ¿dónde trabajas?- preguntó fingiendo inocencia-
-Yo, ¡ah, sí! mira, yo trabajo como mayordomo, en la mansión de una familia rica, pero soy nuevo allí, pues sólo tengo cuatro años de servicio. Lo que pasa es que estoy reemplazando a mi padre, que toda su vida, trabajó para esa familia-
-Y ¿dime, cuál es tu nombre? Hasta ahora, no me lo has dicho-
-¡Ah sí! ¡discúlpame! mi nombre es Julián. Desde ahora, soy otro de tus admiradores -contestó sonriente-
-Y dime Julián… ¿es cierto qué en esas mansiones enormes, donde viven esas familias adineradas, suceden cosas extrañas?
Aquella, para Flor Elena, era la pregunta clave, pues de esa manera, lograría al fin ingresar en la conversación, que a ella le interesaba.
-Bueno mira... tú sabes, que a veces se exagera,
y otras veces es verdad. Por ejemplo, en la mansión donde trabajo, no sucede nada extraño... sólo que...
-¿Sólo qué?- Preguntó con ansiedad. Dímelo, ¿o, no… somos amigos?
-Sí claro... –Julián hizo una pausa, como pensando si hacia bien, al contar eso-
-Bueno pero, no creas, que es algo de ultratumba, o cosas, como esas… no es nada de eso-
-Vamos cuéntame, me gusta oír esas historias, parecen películas, o novelas -sugirió inquieta-
-Bueno, te contaré pues... lo que pasa, es que parece que alguien descubrió, que la señora Margaret,, la dueña de la mansión, engañaba a su esposo con otro hombre. Tú sabes... yo me di cuenta de eso, pero mejor me mantuve alejado de aquello, porque, no quería tener problemas.
Lo que pasa, es que una madrugada, cuando el señor no se encontraba en casa, la señora, durmió con su amante ¡allí mismo!... y alguien, de los que allí trabajamos, los descubrió, ellos por supuesto no supieron quien era.
-Todo este tiempo, la señora Margaret había pasado inquieta, tratando de descubrir quien era esa persona, estaba muy preocupada, y nerviosa.
Ella trataba, de preguntarnos, disimuladamente, para descubrir a esa persona. Pero lo más extraño, te cuento, es que después, de unos meses, apareció muerta, la cocinera.
Es muy extraño, porque era una señora amable, y tranquila... yo creó, te cuento, que fue la señora Margaret, quien la mandó, a asesinar, pensando que ella, la delataría algún día con su esposo, descubriendo así su engaño-
-¿Muerta la cocinera? nerviosa la joven preguntó con ansiedad-
-Sí apareció muerta en su habitación. Pero, aquí pasó algo injusto que me da rabia. Mira… no sé como…pero el arma homicida, apareció entre las pertenencias del ama de llaves, una señora muy buena, que es incapaz de hacerle daño a nadie-
Elena tragó saliva, y dio un suspiro, antes de seguir escuchando.
-Mira, yo creo que todo esto, ya había sido tramado, para echarle la culpa, a esa buena señora, que ahora injustamente está en la cárcel-
-Pero... ¿tú crees, qué el ama de llaves, es inocente?
-Estoy seguro, y te juro, que si encuentro alguna prueba de su inocencia, la utilizaré para sacarla de la cárcel-
-Mmmhhhh. de verdad, que esa, es una historia interesante –agregó, ella, fingiendo una calma, que no sentía-
-Ya, ves, te dije que no era nada especial, pero ahora, cuéntame de ti-
La joven, tratando de no perder postura, comenzó a contarle cosas de su vida, sin decirle que el ama de llaves, era su mamá. Así pasaron cerca de dos horas,, hasta que Flor Elena, quiso despedirse de Julián.
-Bueno Julián, ya hemos conversado bastante, eres una buena persona, y ten por seguro, que ya eres mi amigo, y te buscaré, cuando te necesite... ¿está bien?-
-Pero claro... ya sabes donde vivo, y cual es mi día libre. Por favor, ven a verme que te voy a estar esperando- le dijo esto como un ruego-
-Lo haré amigo pero ya tengo que irme. En la casa de mi tía, donde vivo, son muy estrictos, y tengo que llegar temprano-
Después, de eso, se despidieron con un beso en la mejilla, y un apretón de manos.
Flor Elena, ya estaba llegando a su habitación, cuando de pronto, sin saber porque, sintió un mareo, y gran sensación de nauseas. Turbada, por aquel inesperado mareo, se sentó al borde de su cama. Esperó un buen rato, luego, ya algo repuesta, se paró con preocupación. Se puso a meditar, y a meditar, entonces, se dio cuenta, de lo que le estaba, sucediendo.
¡Estaba esperando un hijo de Peter!... Claro ya habían pasado cinco meses, desde aquel día, cuando lo presintió. Pero tan ocupada había estado, con el problema de su madre, que no se había percatado de nada... hasta ese momento.
Comenzó a caminar dentro de su habitación, muy pensativa, luego acercó su mano amorosamente, a su vientre, y desde ya, comenzó a amar al hijo, que pronto, formaría; parte de su vida. Al acercarse a la cómoda, se miró en el gran espejo. Su barriga, sin darse cuenta, había crecido, dando vida a un nuevo ser.
Flor Elena, empezó de nuevo, a buscar el número telefónico. Tenia que llamar a su prima, para que ella, le comunique todo a Peter.. Ya había revuelto casi toda la cómoda, y cuando, ya se daba por vencida, fue que en el fondo de aquel cajón; vio la tan ansiada agenda.
Flor Elena, corrió presurosa hacia la sala, en busca del teléfono, quería llamar rápido, para hablar con Peter. Marcó ansiosamente el número telefónico… luego de esperar unos segundos, su prima Isabel contestó.
-Alo...-
-alo…alo Isabel… te habla Flor Elena-
-Hola primita ¿cómo estas?... pero ¿por qué, no habías llamado antes, cómo está tu mamá? -
-Disculpa prima, pero es que estoy ocupadísima con lo de mamá. Ella aún, está en problemas, ahora está en la cárcel, pero sabes, es inocente, y voy a probarlo, ten por seguro que ella saldrá libre-
- Ojalá... y lo consigas primita-
- Así será... pero dime ¿y Peter?-
-¡Oye! oye, ingrata, pero recién te acuerdas de él. Sin embargo, él venia, casi todos los días, a preguntar por ti...-
-¿Pero...por qué dices que venia, acaso ya no va? Tal vez, ya me olvidó... ¿o, tiene otra?
-Oye, prima bien que te lo mereces, pero ¿sabes? ese hombre, te ama. Lo que pasa, es que ha viajado. Antes, vino a despedirse de mí, y me dijo que si hablaba contigo, te dijera que siempre te iba a amar, aunque tú, no le hayas amado.
Me contó, que tiene en mente, realizar allá; dos proyectos importantes en su vida, y por eso debía viajar a la capital, y no sabía cuando regresaría...-
Flor Elena quedó perpleja, al escuchar esto, ¿por qué el destino, era cruel con ella?
-Pero y tú ¿todavía lo amas? - Preguntó inquieta Isabel –
-¡Lo amo prima!, y no sabes cuánto, me duele, no saber donde ahora está, ahora si, voy a llamarte mas seguido, para saber de él, y contarte como van las cosas, por aquí-
-Muy bien. No te olvides de nosotras, pues aquí te extrañamos mucho, cuídate prima, y saluda a tu hermanita, y a tu mamá-
-Gracias... Isabel, ¡lo haré!... chau prima-
Al colgar el teléfono, se dejó caer abrumada en el sillón. El destino la dejaba sola, otra vez, para que ella enfrente, todo lo que vendría.
-¿Y esos dos proyectos?.. Se preguntaba, ¿qué serían? ¿ y por qué eran tan importantes para él?
Eran tantas sus preguntas, que se sintió perdida, en un gran laberinto, ya muy cansada, se retiró a su habitación, y después de mucho revolotear, en la cama, logró conciliar el sueño.
Aquella noche, quizá, debido a la tensión del día, tuvo un sueño inquietador, y muy preocupante.
En su sueño, vio, como su hijo al nacer, se le perdía por un camino oscuro, rodeado por aguas turbias, y que ella muy desconsolada, lo buscaba, sin encontrarlo.
Al despertar, se sintió muy nerviosa, y hasta el anochecer, seguía intrigada; por aquel sueño.
-Tal vez sea, porque no puede darle la noticia a Peter -se decía- y todavía no se hasta cuándo, él conocerá a su hijo, tal vez sea eso.
Al pensar eso se calmó, y se dispuso a seguir, con el trajín cotidiano.

Con el pasar de los días, Flor Elena veía como su vientre iba creciendo. Ahora, si estaba segura, que esperaba un hijo. Muchas veces, volvió a llamar a su prima, para preguntarle, si Peter había regresado, pero siempre; obtuvo la misma respuesta.
Por otro lado… ella había vuelto, a conversar con Julián, el mayordomo, tratando de conseguir la prueba qué buscaba, pero todo resultaba inútil.
Sin embargo, Daniel Octavio, su abogado, seguía con mucho esmero y ahínco, la defensa legal de su mamá. Hubieron días en que Flor Elena, llegó a sentirse, muy agobiada y desesperada, al darse cuenta que todo lo que hacia, parecía en vano.
Por momentos, quería marcharse lejos, a algún lugar para descansar, en la más completa calma, y ahí alumbrar, a su hijo. Era tanta su tensión, que en algún momento, sintió mareos. Fue por eso, que al darse cuenta, de esto, decidió tomar las cosas con más calma, para no hacerle daño, al pequeño, que pronto; traería al mundo.
Le daría cara, a todos los problemas… con la fuerza y tenacidad, que se necesitaba, pero con la mesura necesaria, para llevar una vida tranquila.
Ya habían pasado, seis meses de su gestación, y Flor Elena, ya no quería ocultarlo. Fue por eso, que se lo contó, no sólo a su hermanita Pierina, sino, a todos sus amigos, y familiares. La llegada de su hijo, era su motivo de orgullo, y esperanza. No le importaba en ese momento, que Peter no estuviera a su lado, pues sabía que eso, era motivo del aciago destino, pero que tal vez, pronto estarían todos juntos.
Fue por esto justamente, que ella, ya no trajinaba como antes, sin embargo, contaba con el apoyo de su hermanita Pierina, y de Daniel Octavio, que seguía con esmero, el juicio de su mamá.
Cuando llegaron, los nueve meses de gestación, ella salía poco de su casa. Sabía que en cualquier momento, llegaría el parto. Le había pedido, a una tía lejana, que venga a su casa, para que la ayude, en esos momentos difíciles pero ésta, misteriosamente no había llegado, sin embargo, la seguía esperando… y su hermanita Pierina, estaba siempre con ella.
Y, fue, aquella mañana, del diecinueve de julio, que la joven primeriza, sintió los agudos dolores del parto. Algo asustada, llamó a Pierina, para que aliste todo, y luego la lleve al hospital.
Mientas Pierina, arreglaba lo necesario, para llevarla al hospital, los dolores se hacían cada vez, más fuertes, anunciando así, la pronta llegada, de su hijo. Apoyada en su hermana, subió al taxi, que las llevaría al nosocomio. Al entrar al hospital, Flor Elena, ya sentía, la inmensidad; de sus dolores.
Sintió nublarse su vista, y su razón algo perdida, fue por eso, que al ser conducida, a la sala de partos…ella, no se dio cuenta, de la mirada adusta y cruel, de aquella enfermera, que juntamente, con el doctor de turno, la atendería en su parto.
En aquella sala de partos, también estaban atendiendo, a dos mujeres más. Todas serían atendidas por dos doctores, y tres enfermeras. Sin embargo aquella enfermera, la de mirada adusta y cruel... tenía el pensamiento fijo, en Flor Elena.

¿Acaso seria, la lozana belleza de la joven, que presagiaba el feliz alumbramiento de una criatura, sana y hermosa?... O tal vez, porque ya se había dado cuenta, que estaba sola…y sin protección alguna… ¿cuál, serían; las oscuras intenciones, de aquella misteriosa mujer?
Los agudos gritos, de dolor y sufrimiento, de aquellas mujeres, se escuchaban lastimosos, por aquella sala de partos. Los doctores y enfermeras, hacían su trabajo, lo mas humano posible.
Transcurrido el tiempo, y a casi hora y media de lucha… y, casi en simultaneo, como si estuviesen de acuerdo, las mujeres alumbraron, a sus hijos.
El llanto, de los recién nacidos, inundó aquel solemne momento. Sin embargo, para Flor Elena, el esfuerzo había sido... demasiado.
Fue por eso, que al terminar el parto, sintió la llegada de un desmayo. Sin embargo, antes que esto ocurriera, ella vio al doctor, que enseñándole a su hijo, le dijo…
-Felicidades…es un hermoso varoncito, está sano y salvo… ¡mira! tiene cuatro lunares en su hombro, seguro… ¡igualito, que su padre-
Fue, en aquel preciso momento, que haciendo un supremo esfuerzo, ella quiso levantarse, para acariciar los cuatro lunares de su recién nacido, y fue entonces, que sufrió el desmayo. Ya no supo más de ella, hasta que despertó. Entonces, pudo ver, nuevamente, a la enfermera de rostro cruel, y adusto, que la miraba fijamente. Aún adolorida, algo intrigada, le preguntó a la misteriosa mujer.
-¿Qué pasa señora... qué sucede...? parece que usted. quisiera decirme algo-
La mujer de aspecto cruel, y endurecido, le contestó; con altanera indiferencia.
-Seguro que eres primeriza... ¡pues tienes qué aprender a parir! eres una inútil…como es posible que hayas permitido, ¡qué tu hijo naciera muerto!-
-¿¿Cóomoo?? ¡no!... no, no puede ser, si yo lo he visto... -
-¿Ver? ¿Cómo vas a ver?... mira hijita… tú no puedes ver nada… pues en pleno parto, te has desmayado, y por eso, tu hijo murió ahogado, ¡eres una mala madre! – Le gritó- no sirves para nada-
¡Toma!...aquí esta la ficha de nacimiento de tu hijo. Avísales a tus familiares, para que lo retiren de la morgue, y le den sepultura. En cuanto a ti... ya mañana mismo puedes irte, si quieres -aseveró cruelmente-
Al decir esto con tono muy iracundo… la inhumana mujer, salió del lugar, cerrando violentamente la puerta, dejando sola a Flor Elena, muy sumida, en el más doloroso, y amargo llanto.
Luego de llorar amargamente, por un espacio indeterminado, ella, tocó el timbre de emergencia, para llamar; a otra enfermera.
Cuando ésta llegó, le pidió que le avisara a su hermanita, que estaba afuera, pues quería verla. Cuando Pierina entró, se alarmó tremendamente, al ver a su hermana llorosa, y con signos de dolor.
-Hermanita ¿qué sucede?-
-Pierina... ¡escucha!… tienes que ir por Daniel Octavio, mi amigo el abogado. Dile que venga, que lo necesito con urgencia -aseveró mientras de sus ojos caían lagrimas- que haga lo necesario, para que mañana nos podamos ir a casa.
Necesito salir de aquí pues voy a volverme loca... ¡ya no puedo más! -gimió amargamente mientras con las manos se cubría el rostro
-Una enfermera me ha dicho que mi hijo ha nacido muerto, y te juro, que yo lo he visto vivo. Ve, y no tardes, pues quiero irme a casa- terminó diciendo-
Fue al día siguiente muy temprano, que Daniel Octavio, llegó al hospital. Ella le pidió que la ayudara a volver, a su casa… que después, le contaría lo ocurrido.
Ya eran casi, las dos de la tarde, cuando llegaron a la casa. Flor Elena, tenía todavía, su cuerpo adolorido, por eso buscó acostarse, rápidamente, en su recamara.
Daniel Octavio, muy comprensivo, al ver la depresión de su gran amiga, optó por retirarse, dejándolas solas.
Flor Elena se dejó caer en la cama, ocultando el rostro entre las sabanas, mientras Pierina, la miraba, tratando de compartir su tristeza.
En el fragor de su llanto, pensaba como era posible, que aquella enfermera, le hubiera dicho que su hijo, había nacido muerto…
Si ella misma, lo había visto vivo, cuando el doctor, se lo enseñó, mostrándole además, los cuatro lunares de su hombro.
¿Acaso todo había sido un sueño?... ¿o, sólo un producto, de su imaginación?.. Estaba confundida ¿su hijo, había nacido, en verdad muerto?
Fue indeterminado el momento…donde llevada por el sollozo de su dolor, la truncada madre, estuvo recordando la misma escena. (…)
Aquel doctor... ella… la cruel enfermera, su hijo, y aquellos cuatro lunares, en su hombro.
Sólo volvió a la realidad, cuando Pierina al llegar a su lado, le tomó con dulzura el rostro, y le dijo, que Daniel Octavio, había llamado, para decir que todo estaba ya preparado para el entierro de su bebé. Que seria al día siguiente, a las diez de la mañana.
Flor Elena, abrazó fuertemente a su hermanita, como buscando protección, luego las dos, se acostaron en la cama. Conversaron mucho, sobre las desdichas, y desdenes que habían pasado, en la vida, y lo duro del destino. Así entre recuerdos, sollozos y lágrimas, ambas se quedaron dormidas esperando el día siguiente.
Daniel Octavio, muy puntual, llegó a las nueve de la mañana, para llevarlas al velatorio, donde estaban los restos del recién nacido.
Al llegar al velatorio, la doliente madre, miró de cerca al pequeño, que yacía en su pequeño ataúd.
Luego con amoroso cuidado, abrió la ropita, que cubría su cuerpecito, pues quería comprobar, si en verdad, aquel pequeño, tenía los cuatro lunares, que le había visto a su hijo, en su hombro.
Cuando lo hizo, y comprobó que no los tenia, volvió a cubrirlo con su ropita, y sin decir nada, se sentó a un lado, esperando, la hora del funeral.
Siempre acompañada, por su hermanita, y de Daniel Octavio, la doliente, miró, como en aquella lúgubre mañana, el cuerpecito del pequeño, era enterrado en su tumba.
Al terminar, el funeral, la gente que acompañaba el cortejo, comenzó a retirarse, no sin antes, dar el pésame, a la sentida madre, así cuando todo terminó sobrecogiéndose a su dolor, regresaron a su casa.
Al llegar le agradeció, a su amigo todo lo que hacia por ella, y Daniel Octavio, siempre amable, volvió a ponerse a su entera disposición, luego de acompañarlas un buen rato, el abogado, se retiró, dejándolas solas, nuevamente.
-Flor… hermanita, te prepararé un café caliente, y te daré un calmante para que te sientas mejor-
-Está bien- respondió apenada-
Ya sentada en el sofá, de la sala, mientras bebía a pequeños sorbos el café, recordaba aquellas imágenes, que vivirían en ella, para siempre.
Intrigada, aún se preguntaba, como era posible, que aún recuerdara todo aquello si parecía, que jamás había ocurrido, y de ser cierto... entonces, ¿por qué el pequeño que habían enterrado, no tenía los cuatro lunares, en su hombro?
Si ella misma, lo había revisado, sin encontrar nada. Sin embargo, en ella viviría por siempre, la sensación, de que su hijo... ¡estaba vivo!
Su corazón de madre le diría por siempre, que su pequeño; no había muerto.
Que en algún lugar, se encontraba vivo, y que lo demás... era una gran, y oscura, mentira.
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Ya había transcurrido una semana, desde aquel 19 de julio, cuando en otro lado de la ciudad, una mujer delgada, alta, de mirada adusta y cruel, llevaba un recién nacido, en sus brazos.
Ligera, y algo asustada, al comenzar a abordar la solitaria calle, la mujer, hizo detener un taxi, para con notorio nerviosismo, pedir que la lleven; a una misteriosa dirección.
Al llegar a su destino, bajó presurosa, y luego de volver a tapar al recién nacido, entró a la casona, donde ya la estaban esperando. Antes, ordenó al taxista que la espere afuera, hasta su regreso.
Una pareja de esposos, salió al encuentro de la mujer. La señora se acercó a ella, para después con notoria curiosidad, destaparle, la carita al bebé. Al observar la belleza del recién nacido, le susurró, en voz baja.
-En verdad, es un niño muy hermoso, y parece tan sanito... me parece que has cumplido, lo que nos ofreciste, ahora -dijo la mujer- déjame ponerlo en mis brazos, parece un angelito-
-Está bien cargüelo con cuidado señora, recuerde que conseguirlo, me cuesta trabajo, además para mi, éste, es una fortuna -respondió con una gran mueca de sarcasmo, a la vez que le entregaba, al recién nacido– ¡ah! supongo, que me habrán traído, lo que acordamos ¿no? -
Muy solicito, el esposo de la señora, se acercó a la cruel mujer.
-Claro… claro, te hemos traído lo que acordamos. ¡Aquí está!, –aseveró, mientras abría un maletín portátil, lleno de dólares -si desea puede contar los billetes… somos gente de palabra-
Con los ojos algo desorbitados, por la codicia, la mujer alta, delgada, de mirada cruel y adusta, tomó con ansiedad el maletín, respondiendo.
-No, no, no. No hace falta. Además ustedes saben bien, que no pueden engañarme, por que así, como yo estoy en sus manos, ustedes también están, en mis manos. Así que esto, debe quedar bien hecho. De aquí en adelante, ustedes se olvidaran que yo existo, que por mí parte, yo jamás los he visto. ¡Ah! ,–exclamó con ironía- hagan muy feliz, a este angelito-
La señora que aún cargaba al bebe, preguntó.
-¿Y la mamá quién es.....?-
-No me pregunten nada- respondió casi gritando– ustedes ya tienen su bebe, y yo, mí dinero. Eso es todo lo que importa. Yo ya me retiro. Espero, no volver a verlos nunca más, o, quizás...tal vez los veré, en el malito infierno ja-ja-ja-ja.-
Se rió, con honda crueldad, mientras presurosa, salía de la solitaria casona, para abordar el taxi, que aún, la estaba esperando. Cuando subió, el vehículo salió raudo, emitiendo un gran chirrido en sus llantas, para luego perderse, por las calles de la ciudad.
Al marcharse, la cruel enfermera, la pareja de esposos, abordó rápidamente, el elegante coche, que habían estacionado, en la playa, de la misteriosa casona, para huir, del lugar.
¡Vamos ya! –Le pidió la señora a su esposo– no quiero, que alguien, nos vea por aquí-
-Si vamos, échale seguro a las puertas del coche, y coge bien al bebé, que iremos a gran velocidad -
La pareja, salió raudamente, con su preciosa carga en brazos, y luego de casi hora y media, de recorrido, llegaron a la lujosa zona residencial, donde vivían. Al verlo llegar, los hombres de su seguridad, abrieron el gran portón de la entrada, y el coche en forma lenta, entró en la lujosa mansión.
-Carmen, Carmen apresúrate, toma al bebé -dijo, la señora llamando a la ama de llaves- éste niño es mi sobrino, hijo de mi hermana, que me lo ha dado en adopción, por lo tanto, desde ahora, es mi hijo; y nuestro heredero.
-Quiero, que esta noticia, se la hagas saber, a la servidumbre, para que la conozcan, pues de ahora en adelante, mí bebé, estará también, al cuidado de ustedes.
-Es el deseo de mi esposo, y mío también, que este niño se eduque, en las mejores escuelas, pues queremos verlo crecer, sano y fuerte, ¿Entendiste?-
-Si señora... pero qué lindo es... es un angelito
-respondió amorosa el ama de llaves- agu, agu... nosotras lo cuidaremos bien, y el bebé crecerá, sano y fuerte, de eso no se preocupe-
Luego, las dos mujeres, entraron en la lujosa mansión, haciéndole mimos al bebé, mientras el esposo, enrumbaba a su oficina privada, para seguir con sus trabajos empresariales.
A la semana siguiente, después que toda la servidumbre, había conocido al recién llegado, la señora creyó prudente, organizar, gran una fiesta infantil, para presentar oficialmente, al bebé, a la exclusiva sociedad.
Esa noche, consultando a su leal esposo, en la tranquilidad de su recamara, le dijo inquieta.
-Amor… ya estoy organizando la presentación, de nuestro hijo, para que todos lo conozcan, pero mira… tenemos que ponerle un nombre ¿cuál te parece? no sé... pero a mí siempre me ha gustado José Darío-
-Me parece lindo... sin embargo, a mi me encanta Luis-
-Entonces, cielo -le dijo amorosa- Pongámosle José Luis... Es bonito, además le podemos decir pepe-lucho ¿qué te parece? –
-Bueno...está bien, aunque... lo más importante, además del nombre, es el cariño que nosotros le daremos, para que así, el niño crezca sano, bello, y fuerte.
-Entonces, mi cielo, terminaré de organizar todo, porque pasado mañana, será la presentación de “nuestro hijo” a la sociedad, y tú, como un buen padre, tienes que estar muy guapo, y bien orgulloso -le dijo amorosamente.-
A los dos días siguientes, la lujosa mansión recibió junto a todos sus invitados, a los mejores representantes de la sociedad. El lujo y la sobria elegancia, se daban cita en el lujoso lugar, y el pequeño José Luis, estaba encantador.
A su lado, sus orgullosos “padres” lo presentaban a cuanto invitado, se acercaba para felicitarlos. El bebé, como entendiendo, lo magno del momento, jugueteaba con todas las personas, que se le acercaban, para conocerle.
Los niños corrían, y saltaban, disfrutando de los exclusivos juegos recreativos, diseñados para esa ocasión, mientras otros disfrutaban, los manjares preparados, para la esplendida fiesta.
Aquel, fue un día maravilloso, y el pequeño José Luis (pepe-lucho) como le decían otros, pareció disfrutar el frenesí del momento. Llegada la noche, algunos invitados, comenzaron a retirarse.
A eso, de las once p.m. cuando todos, se habían retirado, el pequeño ya dormía placidamente, en su suntuosa recamara. Los esposos complacidos, llegaron a la recamara, y parados al pie de la amplia cuna, del bebé, muy abrazados, lo miraban cariñosamente.
-Él será el hijo, que quizá, nunca vamos a tener ¿verdad amor?- preguntó a su esposo, mientras apoyaba la cabeza, en su hombro-
-Sí mi vida, ¡él será!, y nosotros velaremos para que nada le falte. Él llenará de gran alegría, y luz nuestra casa, y lo veremos crecer sano, y fuerte a nuestro lado. ¡Sí!, ¡así será! -dijo convencido el hombre, mientras abrazaba a su esposa, y juntos, le daban un tierno beso, al bebé, para después, marcharse a su recamara-

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= Pepe lucho... lágrimas, y alegrías.=

Así, transcurrieron diez años, desde aquel 19 de junio, y el pequeño José Luis (pepe lucho) había crecido sano y fuerte, rodeado del amor, de sus “padres”, y de todos aquellos, que lo conocían. Era un niño muy cariñoso, de carácter fuerte, pero humilde, y algo, tímido.
El gran secreto de su procedencia, sólo era conocido por “sus padres” y el ama de llaves, que se encargaba del aseo directo del niño. Ella guardaba celosamente, el secreto de los cuatro lunares, en el hombro del pequeño. Ellos sabían que estos, eran como un sello, que delatarían, su verdadera identidad, y que su verdadera madre al verlos, inmediatamente, reconocería a su hijo. Era por eso, que ellos jamás habían permitido, que nadie se los vea.
Sin embargo, aquel medio día del mes de abril, el destino del pequeño José Luis, cambiaria para siempre...
Aquel día, comenzó como un día cualquiera, y la elegante limosina, esperaba como siempre, al pequeño, a la salida del exclusivo colegio, donde estudiaba. Pepe lucho aquella tarde, salió como siempre alegre, de la mano del ama de llaves. Ambos eran custodiados, por los cuatro celosos guardaespaldas, que se encargan siempre, de la seguridad del niño.
Una vez, que ellos abordaron la limosina, esta comenzó a recorrer el camino hacia la lujosa mansión.
Sin embargo, y sin saberlo… ellos ya habían sido objeto, de estudio, para ser victimas de un bien organizado secuestro, por parte de una gran organización delictiva, ¡querían secuestrar al niño!
Así, la limosina, iba avanzando, y fue la alegre travesura del pequeño, lo que hizo, que se le cayera del vehículo, un póster, que le habían obsequiado sus amigos del colegio, y como corría, un fuerte viento, el afiche salió volando, hasta ir a parar, al otro lado de la amplia pista. Entonces, al ordenarle inquieto, al chofer que se detuviera, pepe lucho salió corriendo, antes que el ama de llaves, pudiera detenerlo... hacía al otro lado de la acera, para recoger su póster.
Fue en ese preciso momento, que tres vehículos, polarizados, se detuvieron bruscamente rodeando a la limosina, pensando que el pequeño, aún estaba en su interior, cerrándoles así el paso, para cometer su fechoría.
Los guarda-espaldas al darse cuenta del hecho, comenzaron a disparar, al mismo tiempo, que los secuestradores, originándose una feroz balacera.
Los delincuentes al verse atacados por los cuatro guarda-espaldas, se protegieron detrás de los vehículos, olvidando por un momento al pequeño, que se encontraba al otro lado de la acera.
Muy asustado al oír los disparos y quejidos de los pistoleros, pepe lucho, comenzó a correr, rauda y desesperadamente, sin dirección alguna.
Sus pequeñas, pero ágiles piernas, corrían y corrían, llevándolo lejos, de la escaramuza, hacia lugares, que para él, ya eran desconocidos, y algo rudimentarios.
Así, corrió y corrió, sin detenerse, y sólo, cuando se sintió muy cansado, el niño por fin detuvo; su desatinada carrera.
Estaba descansando, cuando a lo lejos observó, asustado, a un vehículo, parecido, a los que los habían atacado.
Fue, entonces, que al buscar refugio se escondió, en el Kiosco de una señora, que vendía periódicos y golosinas en aquel lugar. Nervioso, no decía nada, sólo quería esconderse, en el regazo, de aquella mujer.
Después de casi quince minutos, y luego que el vehículo se había marchado, el pequeño levantó la cabeza, y con la mirada pensativa, le pidió ayuda a la extraña, señora.
-¿Qué te pasa niñito? – le dijo dulcemente – pero si estas tiritando de miedo. Tus ropas están sucias. Seguro que te has caído, al venir corriendo para acá. Pero dime –preguntó - ¿a quién le has robado este traje, y estos zapatos elegantes?.. ¿No me digas que te han pillado, en pleno robo, y por eso, estas asustado? Bueno... por un lado está bien, para que otro día, no andes cogiendo, las cosas ajenas-
Mientras le decía esto, la mujer de mediana edad,
de apariencia tranquila y dulce, le acomodaba su ropa, y volvía a peinarle los cabellos.
-¡Oye, seguro que tú, no tienes donde ir! pero mira, tú te pareces mucho, al hijo que una vez perdí, cuando lo atropello un bus... Pero no –dijo mientras lo miraba de pies a cabeza– no eres tú.
-Bueno, ¡escucha! sino tienes donde ir, te sugiero que te quedes conmigo, yo vivo sola y tengo harto espacio.
Pero eso si... ¡te lo advierto! me gusta la gente trabajadora, no quiero ladrones –aseveró mientras fruncía el ceño–
Pepe lucho, quedó pensativo unos instantes, aquella mujer, le parecía tan buena. Además, en su mente infantil, aún vivían, las escenas del feroz tiroteo, y tenía miedo, que aquellos hombres lo encontraran, pues creía, que lo irían a buscar a su casa, para matarlo. Mirándola fijamente, le dijo a la dulce mujer:
-Sí es verdad, no tengo donde ir, no tengo familia. Mis papas y mis hermanos murieron, y yo estoy solo en el mundo, -su voz rogó, cuando le dijo- ¡llévame a tu casa! te prometo que me portaré bien, y también te ayudaré a trabajar-
-Mmmhhhh, está bien, vamos, pero ya, te advertí, nada de andar cogiendo las cosas ajenas, ¡eh! Conmigo vas a trabajar…y lucharas en la vida, para salir adelante honestamente. ¡Sí señor!... así que ya estás bien advertido-
-Está bien, está bien señora, y muchas gracias -
- Bien... ahora dime ¿cuál es tu nombre? -
-Soy José Luis, pero más me dicen pepe lucho-
-Bien pepe lucho, desde ahora, serás como mi hijo. Yo soy Aurora-
-Gracias señora... ya verá usted, que seremos una gran familia –dijo contento el niño-
Ya eran casi las once de la noche, cuando Aurora después de un día muy agitado, cerró el quiosco, y luego de abordar el ómnibus, que pasaba por la inquieta calle, ambos partieron a la casa; de la buena mujer.
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Mientras tanto… los esposos, se encontraban dolidos, y desesperados, con la desaparición del pequeño. Ya habían tomado las precauciones necesarias para encontrarlo. Contrataron a un selecto grupo de detectives privados, pues sabían que no había sido secuestrado, y que sólo se hallaba extraviado.
No habían recurrido a la policía, pues sabían que el pequeño no era su hijo legítimo, y que al pagar por él, habían cometido un grave delito, por lo tanto tratarían de encontrarlo por sus propios medios. Nada de radio, ni televisión, era la orden que habían dado a los detectives. Ellos harían su trabajo sin que nadie se diera cuenta.
Así fue pasando el tiempo, y pepe Lucho ya lucía desconocido, con las ropas deslucidas que vestía. Junto a su infaltable gorrito azul, crecía feliz, al lado, de aquella buena mujer.
Al llegar el nuevo año escolar, Aurora lo matriculó en la bulliciosa escuelita, del barrio donde vivían. Y, debido a su carácter alegre, y juguetón… pepe lucho, se había ganado el cariño y respeto, tanto de los profesores, como de sus amigos del colegio, y, del barrio.
Se despertaba temprano, para ayudar a Aurora, en los quehaceres. Primero, le ayudaba a ordenar la casa, y llenaba con agua los recipientes. Luego desayunaban. Después, como la mujer lo había acostumbrado a estar muy aseado, se bañaba, aseándose bien, para luego ayudarla, a abrir el negocio... después, se marchaba a su escuelita.
Por otro lado… los esfuerzos de los detectives privados, por encontrarlo, resultaban inútiles.
José Luis presentía, que lo estaban buscando, y como él, aún creía, que aquellos delincuentes, realizaron el tiroteo sólo para matarlo, cuando veía, a alguna persona extraña, por el barrio, inmediatamente se escondía, ocultando su rostro, entre el gorrito azul, que siempre llevaba puesto.
Así fue pasando el tiempo, y él, ya se había acostumbrado, al pujante vaivén, que se vive en los barrios, donde parecía gozar, con cada una de las cosas, que allí le tocaba vivir. Disfrutaba de las carreras con sus amigos, en sus juegos infantiles, y en las infaltables pichanguitas, que tenían como estadio, a las polvorientas calles del barrio. Pepe lucho crecía rápido, siendo, el más aplicado en su escuelita. Además ayudaba a la buena Aurora en las labores cotidianas… pero para lo que más le gustaba, era jugar fútbol, en las polvorientas calles, con sus amigos del barrio.
Sin embargo, la situación económica, para Aurora y el niño, por épocas, era dura, apremiante; y angustiosa. Por eso, el comprensivo pequeño, no sólo se daba tiempo para estudiar, si no también para ayudar, en la economía del hogar.
Le pedía a su mamá, caramelos y artículos de su pequeño quiosco, para salir a venderlos en las calles, y en los microbuses que transitaban por la ciudad. Subido en los microbuses, realizaba sus angustiosas ventas, a veces con bondadosas respuestas del público, y otras veces, sintiendo la indiferencia, de los pasajeros.
-Damas y caballeros... Señor, señorita, disculpa si interrumpo tu lindo viaje –con voz trémula se dirigía a los pasajeros– soy un niño pobre y trabajador que viene a pedir tu apoyo, para llevar un pan a su casa Pero mira, no vengo a pedir que me regales nada, porque mira… primero te cantaré, dos lindas canciones, y después, te ofreceré, unos ricos caramelos, por el pequeño valor de diez céntimos, ¡solo diez céntimos!, que ¡mira! no te empobrecerán, ni te enriquecerán... ¿sí?... bien… entonces; mi primera canción, dice así...
-Yo era pequeñito cuando murió mi viejo, fue tanta la miseria, que mi viejita y yo... -el pequeño, nunca dejaba de derramar lágrimas, cuando llegaba al final de esta canción. Algunos pasajeros se conmovían, al mirar, su sentida expresión.
Después de enjugar sus lágrimas, agitando sus manos, empezaba su segunda canción.
-Voy por la vida, triste y perdido, como un balón rodando, sin saber que destino encontrar, soy un balón que rueda -el pequeño alzaba su aguda voz en esta sentida estrofa– que rueda y rueda, sin saber dónde la vida lo llevará. ¡Soy un balón rodando!.. Soy un balón rodaaaandoooooooooooo

Disculpame si interrumpo tu lindo viaje-soy un muchacho pobre y trabajador-que triste voy cantando en los microbuses-para llevar el pan a mi humilde hogar- hoy quisiera cantarles estas canciones- entregaré con ellas mi corazón-también quiero pedirles que no me ignoren comprame caramelos chicles bom bom. cómo un balón rodando muy triste y solo voy-mi casa es la calle, mi hogar me hace llorar- hoy soy balón rodando mañana no lo sé tal vez cambie mi suerte y al fin feliz seré.... Sí paso por tu asiento no, no me ignores comprame caramelos chicles bom bom-mira de esta manera salgo adelante-aunque la vida es dura le ganaré-Cómo un balón rodando, muy triste y solo voy- DIOS PADRE es mi fuerza mi fe y mi salvación- hoy soy balón rodando mañana pues tal vez, tal vez cambie mi suerte...y al fin feliz seré.

Al terminar su canción, el público siempre se conmovía, pues el pequeño parecía, al cantar, contar su triste historia, hecha melodía. Algunos pasajeros le brindaban aplausos, mientras otros lo miraban con sentimiento estremecedor. Luego pasaba rápido por todos los asientos, repartiendo sus caramelos, y el público casi en su mayoría, le compraba su producto.

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En la mañana, trataba de ganar todo el tiempo posible, pues en la tarde, tenía que ir a su colegio, y luego jugar fútbol, o una “pichanguita,” con sus amigos del barrio.
Por eso, al bajar de un microbús, trataba de subir inmediatamente en otro. Así a veces, lograba el permiso rápido de los conductores, y otras veces lo rechazaban. Sin embargo al ir pasando los días, el pequeño ya era conocido, por cierta cantidad de pasajeros, que lo habían escuchado cantar, y se habían conmovido, con sus sentidas canciones.
Sucedió por eso, una vez, cuando el cobrador de un microbús, no quería dejarlo subir, botándolo, con violencia… entonces, un señor que viajaba allí intervino enérgicamente, a favor del niño, pidiendo que lo dejen subir. Los demás pasajeros también lo hicieron, y el niño logró subir en el vehículo. Una vez en el centro del pasadizo, el pequeño les dijo su acostumbrado pregón, para luego empezar a entonar, sus canciones.
Al fondo del vehículo se escuchó la voz de una señora, que le pidió al niño que le cantara su sentida canción…. ¡como un balón rodando!
El pequeño, la cantó dos veces, y el público conmovido, en aquella oportunidad, lo apoyó, comprándole casi todos sus caramelitos. Sin embargo, como siempre pasaba, no dejó de derramar algunas lágrimas. Luego de limpiar su rostro, agradeció a los pasajeros, y al conductor, bajando inmediatamente del carro.
Así iban pasando sus días, entre canciones, lágrimas, microbuses, su colegio, y la infaltable pichanguita, con sus amigos del barrio. Siempre se levantaba muy temprano, y luego de ayudar a su mamá a abrir el quiosco, se introducía en las calles, a ganarse el pan del día.
Ya era conocido, por algunos conductores, y pasajeros, por eso cuando lo veían, lo llamaban...
-¡Hey!... balón rodando –así, le decían de cariño– ven sube, y canta tu canción-
Él, muy alegre subía… y luego de cantar sus sentidas canciones, lograba vender parte de sus caramelos. Los pasajeros conmovidos, por las lágrimas que siempre vertía, cuando cantaba, lo apoyaban también, con palabras de aliento.
-Sigue adelante en la vida, niñito –le dijo una vez un señor– pues aunque ahora seas como un balón rodando... estoy seguro, que algún día, serás un triunfador, y ya no veremos tus lagrimitas, sino tu sonrisa, y tu éxito –le dijo mientras palmoteaba cariñosamente su hombro–
-Gracias señor –respondió conmovido– pero sabe, no lloro, sólo por mí, sino también por todos los niños del mundo, que como yo... pasamos hambres, angustias, dolores, y pobrezas.
-Ojalá algún día Dios Padre, nos proteja con su misericordia infinita, y ya no rodemos por la vida -le dijo, mientras sus ojitos lo miraban, con inocencia- por eso, cuando vea, por ahí, a muchos niños sucios y desprotegidos, por las duras calles, acuérdese de mí, y sepa, que somos victimas, de la injusticia social…y también de la indiferencia in fraterna de los despiadados. De aquellos, que nos oprimen, en el sacudimiento perdido, de sus mentiras.
Muchas veces señor, escucho a los gobernantes, celebrar, con pomposidad el día del niño, o de la nutrición. Pero yo pregunto, de que día del niño, o, de la nutrición hablan, sí en las calles como ve, hay muchísimos niños, hambrientos, enfermos, y desamparados, que se acuestan con hambre, al no conseguir un pan. Nosotros señor, merecemos también, amor, y respeto.
-Pero… yo sé señor, que algún día, todos los niños seremos felices… porque, Dios, nuestro Padre, nos quiere mucho, y nunca; nos va a dejar solos
-le dijo con voz trémula, al bajar del vehículo- ¡gracias señor!, lo miró agradecido-
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Y fue, gracias al esmero en su trabajito, que pepe lucho sin saberlo, ya había reunido, una cierta cantidad de dinero. Su madre, quien era, la que guardaba sus ahorros, ya tenía un pequeño capital guardado, con el propósito de comprarle, su tan ansiado balón de cuero, y el uniforme del club de sus amores... ¡el unión universitario!
Ella pensaba, darle esa sorpresa, ese fin de semana, y tan sólo, de pensar en lo contento que el niño se vería, con su balón y su uniforme, la abnegada mujer, esperaba ese día con ansiedad. Sin embargo, al día siguiente, y en forma extraña, pepe lucho, no se levantó temprano, para salir a trabajar. Aurora, muy preocupada, se acercó a su cama, y luego de tocar su frente, exclamó muy preocupada.
-Pero... hijo, si tienes algo de fiebre... qué habrás comido, ya te he dicho que no comas nada en la calle, -le dijo preocupada–ves el domingo pensaba darte una sorpresa... –calló al pensarlo-
-¡Sorpresa!... mamá ¿dime qué sorpresa es? anda dímelo por favor – intrigado, el niño insistió-
-Si pues... pensaba comprarte tu balón de cuero, y tu uniforme... pero ya ves, si vas a estar enfermito, ya no te los daré-
-¡No... no, no! –exclamó, mientras presuroso, se levantaba de la cama, y se alistaba para salir- ¡mira!… ya no estoy enfermo. Vamos a trabajar... te lo ruego mamita... no dejes de regalarme mi balón... ¡si! -
-Está bien hijo... ¡vamos! pero cuídate. Ah, no quiero que te enfermes... bien sabes, que no tenemos dinero y, yo... no sabría que hacer. Bien entonces vamos –
Los dos salieron, dispuestos a ganarse el pan de ese día. Ya caía la noche, cuando regresaron a su humilde vivienda, Aurora preocupada miraba el rostro desmejorado del muchacho, pues la fiebre le había avanzado, pronosticándole, la llegada de alguna enfermedad.
-¡Dios Padre! –Exclamó, acercándose a tocar la frente de su hijo– la fiebre, le está subiendo más, ¿qué será lo que tienes hijito?, mejor voy a la farmacia, a comprar algo, no sea que a media noche empeores, y no tenga nada para darte, ven acuéstate, y arrópate bien, que enseguida vuelvo-
Después de acostarlo, y arroparlo amorosamente salió apresuradamente, a comprar las medicinas. Al regresar, ya lo encontró dormido, pero la abnegada madre, se durmió al lado del niño, acostada en una perezosa.
Fue a eso, de las cinco de la mañana, que Aurora despertó. Algo sobresaltada, se acercó a su hijo, entonces con angustia, se dio cuenta, que había empeorado, la fiebre le había subido, y él se encontraba; casi inconsciente. Apresuradamente, buscó las medicinas, y levantándole la cabeza, se las dio.
-¡Dios Padre!... –exclamó angustiada– tengo que llevarlo inmediatamente, a algún hospital, ojalá el dinero, que guardo, me alcance para curarlo–
Con gran ansiedad, arregló algunas cosas en un maletín, para llevarlas consigo, luego de poner en pie al niño, ambos salieron a la calle, para abordar un taxi.
Ya en el hospital, el niño era atendido, hacia emergencia, pero debido a su estado, el médico de turno ordenó que quedara internado, en aquel nosocomio. Aurora gemía dolorosamente al verlo dormido. La abnegada madre, esperaba ansiosa, el resultado de las medicinas, que le habían suministrado, y mientras rezaba sus plegarias… pedía a Dios Padre altísimo, por la salud de su hijo
La noche llegó, y ella aún sentada en una silla, fue vencida por el sueño. Al día siguiente, cuando despertó, volvió la vista amorosa, hacia la cama del enfermo, y luego de algún tiempo, observó que, movía ligeramente las manos.
Apresurada llamó a la enfermera. Ésta después de examinarlo, le dijo que sólo había que esperar, pues la fiebre ya estaba bajando. Por lo visto, el niño gracias a Dios Padre, daba síntomas de recuperación.
A eso del mediodía, pepe lucho despertó, casi un instante. Cuando todavía se encontraba dormido, el medico que lo había atendido, la noche anterior, llegó a su lado.
-A ver... vamos a ver muchacho –dijo el galeno– bueno... parece que ya estás mejorando, pues la fiebre ha desaparecido, parece que aún te quedas con nosotros en la tierra –dijo bromeando– sin embargo, te voy a recetar otras medicinas, para que las tomes en tu casa... ¡ah!, pero de aquí en adelante, ten cuidado con tu salud-
-Gracias doctor – agradeció Aurora que alegre se acercaba a ellos– gracias... no sabe cuánto le agradezco, que haya sanado a mi hijo, es lo único que tengo... ¡gracias! -
-Claro mujer, pero a quien debemos dar gracias es a Dios Padre, pues gracias a su bondad infinita yo he podido salvar, a tu hijo… ¡no lo olvides!-
El médico se retiró, diciéndole a Aurora que podía retirar a su hijo aquella misma noche, pero que en su casa descanse, un par de días siquiera.
Al acercarse, a la ventanilla, para pagar la cuenta del internamiento, sintió temor. Temía gastar los ahorros, que su hijo, con tanto sacrificio había juntado, pues ella, los había destinado, para comprarle su ansiado balón, y su querido uniforme deportivo. Por eso, sus ojos se llenaron de gran angustia, cuando vio que el gasto era grande, y que el dinero que había llevado, con las justas le alcanzaba, para salir de aquel apuro, ¡ya no podría comprarle su balón!
Después de cancelar la deuda, ambos salieron rumbo a su casa. Ya en su dormitorio, el pequeño, ya tenía en el rostro, los signos de una pronta recuperación. Aurora, lo miraba complacida y preocupada. ¿Qué iba a hacer, cuando él pida, el balón, que le había prometido?
Durante esos días, ella estuvo pendiente de su salud…y sólo iba en las tardes al Quiosco, para lograr vender algo. A los cinco días, pepe lucho ya se había recuperado completamente, fue por eso, que levantándose temprano, cogió de nuevo su bolsa con caramelos, para salir a vender, a los microbuses. Antes de partir, le dijo a Aurora, que estaba esperando, su balón prometido.
Ella no quería causar, ninguna decepción en él… fue por eso, esa tarde, cogió dinero, que tenía para cancelar el material del Quiosco, y fue directamente a una tienda, para comprar el tan ansiado balón, para su hijo.
Al llegar la noche, pepe lucho regresó contento a la casita, había logrado buenas ventas. Corrió inmediatamente donde Aurora, y se encontró con la grata sorpresa. Tenía frente a él, su esperado balón para jugar fútbol, y el uniforme, del unión universitario... ¡ese era su sueño!
Cogió con ansias, las cosas, y luego de vestir el uniforme, con pose señera, se dirigió al patio de su casita; para estrenar, su querido balón.
Complacida, Aurora miraba, como diestramente dominaba el balón, con la cabeza y las dos piernas. Parecían vivir un romance muy esperado, como si estuvieran hechos, el uno para el otro.
Pero, que iba hacer ella, si luego no podía reunir el dinero que había gastado. Ella sabía, que hasta podía perder su pequeño Quiosco, y que su situación, sería delicada.
Al día siguiente, después de realizar sus labores cotidianas, ya en la tarde, pepe lucho, muy orgulloso, estrenaba con sus amigos del barrio, su querido balón, en la infaltable pichanguita, donde él demostraba, su gran habilidad con la pelota. Al terminar el improvisado partido, les comentó, orgulloso, a sus amigos, como su mamá le había comprado su querido balón.
Sin embargo, por otro lado… Aurora miraba preocupada, como el negocio en el quiosco, había bajada enormemente, y el día del pago, se acercaba, inexorable. Sin embargo, ella no quería preocupar a su hijo, al verlo tan feliz, con su balón, que había decidido, no comentarle nada, sobre el asunto. Mas aquella magra tarde, de diciembre… Aurora vio, como agobiada por sus deudas los insensibles cobradores, cual aves de rapiña, la despojaban, de su pequeño negocio.
Pepe lucho se encontraba en su escuelita, fue por eso que no vio el desalojo.
Con los ojos humedecidos por el llanto y consumida por la impotencia, la sufrida mujer sólo se limitaba a mirar, como el esfuerzo de tantos años se quedaba en nada.
Después de sentir el fraternal consuelo, de sus compañeros de trabajo, y sin resignarse, Aurora se encaminó hacia su casa.
Ya eran casi las siete de la noche, cuando pepe lucho regresó después de hacer su acostumbrada pichanguita. Al ver a su madre con el semblante acongojado, se le acercó, y la saludó, con un beso en la frente.
-Hola mamita… pero que tienes mi amor, ¿por qué tienes cara de preocupación?... parece que algo malo hubiese pasado-
-¡Ay... hijito!, ahora si, que se nos complicó la vida –respondió mientras ocultaba el rostro entre las manos– hemos perdido el Quiosquito-
-Pero... mamá ¿por qué? -
-Hijo discúlpame…no te lo había contado, por no preocuparte, pero debía demasiado. Tú sabes que la venta era escasa, y tenía que coger ese dinero ajeno, para poder sobrevivir... para poder cubrir nuestros gastos... ahora si ¡no tenemos nada!-
Él se paró bruscamente, mientras su madre, lo seguía con la mirada, luego de dar unos pasos, volvió donde Aurora, y con seguridad, le dijo.
-Ya no te preocupes mamita... pues yo seguiré trabajando, ¿sabes?... ya tengo bastantes clientes y además tú también, podrías trabajar aquí, en la casa. Yo creo que debemos seguir luchando, pues no todo, está perdido-
Al ver la seguridad en su hijo, Aurora pareció recobrar su valor y su rostro cambió de expresión. Sin embargo, no pudo contener un explosivo llanto, que cruel, y amargo brotó por sus ojos. Al ver el dolor de su madre, se abrazó fuertemente de ella, tan fuerte como deseando sentir su pena.
-Mamita –dijo entre sollozos – ya no te desesperes, algún día, todo cambiará, y seremos felices. Yo te prometo trabajar, y estudiar mucho, y también superarme en el fútbol. ¡Ojalá llegue a ser un gran futbolista!
Al decir lo último, suspiró hondamente. Abrigaba siempre el sueño, de triunfar como una estrella de fútbol. Así abrazados, miraron esperanzados, el horizonte, lucharían por salir adelante.
Aurora comenzó a trabajar, en eventuales labores domésticas. Hacía limpieza en ciertos domicilios, y lavaba ropa ajena. También, ayudada por su vieja máquina de coser, confeccionaba algunos vestidos, y ropitas de niños, para luego venderlos por el barrio.
Mientras tanto, pepe lucho, vendía con más esmero sus caramelos, en los microbuses, donde le iba bien, gracias a que se había ganado, el cariño de los conductores, y el público, que lo apreciaban con cierto fervor, cuando entonaba su canción… =como un balón rodando.=
Hubo muchas noches agónicas, cuando él ya se encontraba descansando, que muy tristemente se ponía a meditar. Se preguntaba ¿por qué de la desigualdad en la vida?, ¿por qué unos tenían mucho, y otros no tenían nada?
¿Por qué había extrema riqueza, y también extrema pobreza?, ¿por qué las autoridades, hablaban de ayuda para los que menos tienen?... si todo eso, era una gran farsa…una gran mentira.

Su alma parecía en esos momentos, denunciar la corrupción del impío, y su tirano cruel estallido, que oprimía en pobrezas al pueblo, dejándolo sin ideal, sin esperanzas, y sin pan.
¿Por qué ignoraban de los sufridos, sus justos derechos…y los marginaban entre la impiedad, del olvido, del desempleo, y del mal?
¿Por qué, él, hasta ahora no podía ser feliz...? abrazaba fuerte a su almohada, mientras algunas lágrimas caían por su rostro. Sin embargo, estaba dispuesto a salir adelante, luchando hasta el final para lograr sus objetivos.
Fue, así, entre dichas, y desdenes, que el tiempo, siguió imparable su curso, ambos trabajaban con esmero, y gracias a Dios Padre, lograban cubrir sus gastos más necesarios, tratando de llevar; con su esfuerzo, una vida digna.

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Así siguieron pasando los años, para entonces, pepe lucho, ya cumplía, sus dieciséis años. y aquella tarde, como todos los años, se encontraba disfrutando de una pequeña fiestita, que Aurora le ofrecía por su onomástico.
Con sus buenos amigos ya adolescentes como él, inquietos pero respetuosos, compartía la alegría, de ese momento. Sin embargo, a partir, de ese diecinueve de junio, su destino comenzaría dar un giro tremendo, e inesperado.
Sucedió entonces, que Mario, uno de sus amigos, entró presuroso a la fiesta, y luego de inhalar profundamente le dijo emocionadísimo.
-Oye pepe lucho, ¡escúchame!, ¿te acuerdas de ese señor...?, ¡hombre...! de aquel señor, que nos vio jugar fútbol, en el torneo del barrio, del cual salimos campeones-
- ¿Cuál...? preguntó sorprendido-
- Oye, de ese señor robusto, de bigote. El que nos dijo que era presidente, del club de tus amores, “el unión universitario” -
-Ah, ya... ¡sí!, –respondió interrumpiendo– Claro que me acuerdo, ¿pero qué quiere... no me digas, que lo has visto? -
- ¡Sí!... y no sólo eso, sino que está aquí, y quiere hablar contigo-
-¿Conmigo? Pero, hazlo pasar –dijo nervioso, y la vez emocionado, mientras trataba de bajar el volumen de la música–
En eso, escuchó una voz, a su espalda.
-No será necesario, hijo, pues como ves, ya estoy adentro… ¿no me invitas a sentarme? –preguntó sonriente-
-Claro… claro señor... siéntese, -dijo nervioso, al ofrecerle, el mejor asiento, de su sala.
-Mira Luis... –acotó el hombre, al sentarse con seriedad – primero disculpa que haya interrumpido tu fiesta. Pero creo que este es el mejor momento, pues vas a tener, doble motivo, para celebrar.
-Escucha...el entrenador, el preparador físico y yo, sin que se dieran cuenta, estuvimos observando todo el torneo Inter.-barrios, del cual ustedes salieron campeones ¿verdad? Bueno, nuestro objetivo era descubrir nuevos talentos de fútbol, y contratarlos para que jueguen en hablar contigo ndamente.nuestro equipo, Unión Universitario –
Él, estaba quieto y atento, pero cuando escuchó, el nombre del club de sus amores, se estremeció.
-Observamos a muchos… hay muchachos que juegan bastante bien. Sin embargo, el que más gustó, a nuestros intereses, eres tú. Nosotros creemos, que tienes un gran futuro futbolístico, por delante. Por eso, lo que hoy vengo a ofrecerte sé que te va a encantar–
Con ojos ansiosos, miraba, y escuchaba inquieto, a aquel hombre, acompañado por sus amigos, que también compartían, su inquietud.
- ¡Escucha hijo!, te ofrezco un contrato por un año, en mi club. Contrato que por supuesto, y de acuerdo a tu rendimiento, puede ser renovado, en otras condiciones.
-Piénsalo bien, y si estas de acuerdo, me buscas mañana, en mi oficina, para que lo leas, y lo firmes. Anímate muchacho, y aprovecha esta gran oportunidad –le sugirió el hombre a manera de consejo-
-¡Sí señor! – Respondió emocionado – consultaré a mi madre, y después, iré a verlo en la mañana-
-¡Muy bien hijo!... Ahora brindemos algo, por todo esto–
Invadidos por la alegría…pepe lucho, sus amigos y los singulares invitados, comenzaron a celebrar, y a disfrutar, el momento. Después de algunas horas, el presidente del club, se retiró, dejando solos a los muchachos. Ellos, estuvieron bailando, hasta casi las doce de la noche, para después despedirse, y retirarse a sus casas.
Entonces, pepe lucho, abrazó a su madre, y juntos comentaron, sobre el contrato, Cuando acordaron aceptarlo, entre caricias le prometió, que todo lo que ganaría, se lo daría a ella, porque era, la mejor mamá. Aurora ya algo envejecida, le dijo, que lo único que quería, era que él triunfe en la vida, y que sea, muy feliz.
Al día siguiente, cuando llegó acompañado de su madre, a la oficina del presidente, éste ya lo esperaba.
-¡hola muchacho!... ¿Cómo va todo? sabía que vendrías... ¿sabes, aquí en el club, somos como una gran familia? de la cual todos formamos parte. Aquí, todos te ayudaremos, para que salgas adelante en tu carrera.
-Además con lo bien que juegas, no te será muy difícil. Claro, si aceptas quedarte con nosotros.
-Lo sé, señor – respondió-
-Bueno, entonces lee el contrato, y después, si estas de acuerdo, lo firmas, y mañana mismo, vienes a los entrenamientos. Sabemos que estás por terminar la secundaria, así que mejor, ven después de tus clases-
Al recibir el documento, lo leyó con Aurora, y como estaba correcto, lo firmó; con entusiasmo. Después recibieron algo del dinero, que les dieron por el contrato, y se retiraron a su casa, muy contentos, por tener, aquella oportunidad.
Al día siguiente, después de sus clases, acudió por primera vez, a los entrenamientos, del club de sus amores. Fue presentado, con entusiasmo, por el entrenador a sus nuevos compañeros, y a partir de aquel día, su meta sería esforzarse al máximo, para ser titular, en el prestigioso equipo. Día a día, mejoraba en su juego. Se adaptaba al puesto de volante ofensivo, y de delantero, por lo que el entrenador, ya lo había tomado en cuenta, para hacerlo debutar, en cualquier momento, en el equipo titular.
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Mientras tanto… en otro lado opuesto del país, una mujer en edad ya madura, ya algo envejecida por el dolor y la desesperanza, se encontraba en esos momentos, parada en su balcón, y mientras miraba el azul horizonte, de sus ojos tristes, caían lágrimas, que delataban su sufrimiento, y su gran amargura. Apretaba con fuerza, la baranda del balcón, como si quisiera atrapar, junto a ella, los recuerdos, de su doliente ayer.
Era Flor Elena, que instigada, por su inacabable pena, llenaba de interrogantes a su espíritu, en la doliente comedia de su amargura, y de su tristeza.
¿Acaso valió la pena, ofrendar así su juventud, dejando a Peter su único amor? ¿Luchar, por la libertad, de su madre, y dedicarse al cuidado de Pierina, su hermana menor?
¿Y su hijo?... aún en su corazón de madre, vivía la inquebrantable esperanza, al presentir, que él no había muerto. Estaba segura, que en alguna parte, estaba vivo, y que en la actualidad, sería un hermoso adolescente, de dieciséis años. Así ella, durante todos estos años, lo había buscado, sólo llevada por su presentimiento, pues lo único que recordaba de él, eran los cuatro lunares en su hombro. Por eso, sus ojos se humedecieron aún más, al recordar todo eso, y se dejó caer abatida, en el sillón, que estaba cerca de ella.
Fue entonces, que una vez más, llegó a su mente, el recuerdo de Peter. Desde aquella ultima vez, que él fue a despedirse, de su prima Isabel, ya no había vuelto a su ciudad natal. ¿Dónde estaría? ¿Acaso con el paso de los años la había olvidado? Sin embargo, ella... ¡aún lo seguía amando!
Había tenido, muchas propuestas amorosas, pero fiel a su amor por él, y a esa enorme ansia, por encontrar a su hijo… para entregárselo a su padre, fue lo que hizo, que viera pasar los años, en una espera sin final.
Estaba así, sumida en sus recuerdos, por eso no escuchó el vehículo, que se detuvo frente a su casa. Al escuchar el timbre, Pierina abrió la puerta y después de recibir a la recién llegada, corrió a avisarle a Flor Elena.
-Flor, Flor... hermanita, ¿no sabes quién ha llegado?... Isabel, la prima Isabel, está abajo, ha venido a buscarte–
Bajaron presurosas, y al llegar a la sala…la recibió efusivamente, abrazándose fuertemente.
-Isabel... primita, ¡cuántos años!... cuanto tiempo, hace muchos años que no nos vemos.
-Flor Elena... te esperé siempre, y nunca más, volviste por allá, ¿qué pasó? -
-¡Uh! Son muchas cosas prima, pero acomódate. Pierina…por favor, lleva sus cosas a mi cuarto. Ven acá, sentémonos. Pero te das cuenta primita, los años no han pasado en vano para las dos, ya estamos algo viejas –sonrió, al decirlo-
-Bueno, pero yo estoy jovencita –respondió Isabel, con humor– Pero cuéntame, prima, ¿qué ha sido de tu vida? Supongo que te habrás casado… tienes hijos... no sé... -
-No prima, nada –contestó ella – estoy solterita. Al decir esto, la alegría, se alejó de sus labios.
-Dime Isabel – preguntó, lo que más quería saber- ¿qué ha sido de Peter, sabes algo de su vida?-
-Pero Flor Elena, –contestó Isabel verdaderamente extrañada– ¿es que acaso, tú no escuchas la radio, o no ves televisión? Entonces es verdad lo que me ha contado Pierina, por teléfono. Que paras aquí encerrada, sumida en tu pena, y tus recuerdos, que te has olvidado por completo, del mundo exterior, mira, por eso, estoy aquí-
-Bueno... algo de eso, pero no tanto, como dices prima –contestó Flor Elena-
-Pero ¿cómo que no tanto… Cómo es eso? Entonces como me explicas, que no sepas nada de Peter, si él ahora, es un hombre famoso, que aparece en los diarios, en la radio, y, la televisión-
-¿Qqqquuueeee?... exclamó sorprendida-
-Pero claro…te acuerdas que hace años te conté, que él tenía dos proyectos, y que por ese motivo, tenía que viajar a la capital. Pues… si él, todo ese tiempo permaneció alejado, ¡fue por ese motivo! Ahora, es un escritor famoso, muy reconocido, y además, es un notable autor de música romántica. ¡Es un triunfador!-
Flor Elena, se había quedado perpleja. Así... aún sumida en su sorpresa, se levantó, para comenzar a caminar nerviosamente. Luego de un rato, volvió a hablar.
-Pero... ¿es cierto lo qué me dices Isabel? -
-Claro que es cierto –afirmó sonriente– además, él sabe que tú, estabas esperando un hijo de él, ¡yo se lo dije!-
-¿Qqquueeee? –Casi gritó al decir esto- ¿por qué se lo dijiste?... cuando te lo conté, me prometiste guardar ese secreto, para siempre… hubiera sido preferible, que nunca lo supiera–
-Pero, Flor Elena... no te entiendo ¿por qué dices eso?... ¡él es, su padre! -
-Es que tú no lo sabes, pero el bebé nació muerto, ¿entiendes? Bueno, eso me dijeron en el hospital, pero… ¡escucha prima! yo estoy casi segura, que me lo cambiaron por otro, y que mi hijo aún está vivo. -Algo sollozante, se cubrió el rostro con las manos. Al acercarse Isabel, le confesó- Ahora no sé que hacer. Yo estoy segura que mi hijo vive, y que algún día lo encontraré. Por eso, creo, que por ahora, es mejor, no decirle nada a Peter, hasta que encuentre, a mi hijo. Luego lo llevaré a su lado, y una vez que estemos los tres juntos, quizá, seamos felices-
-¡Pero Flor Elena!... –trató de persuadirla Isabel– no me parece que eso esté bien-
-Por favor primita, trata de comprenderme, y ayúdame, ¡te lo ruego! Yo te prometo, que cuando encuentre a mi hijo, seré la primera en contárselo. Mientras tanto, te ruego que guardemos todas, este secreto. ¿Cuento contigo? -
-Bueno... si esto te hace feliz ¡lo haré!... Pero de aquí en adelante, tendrás que cambiar tu forma de vivir. Por eso, estoy aquí. Vamos a salir juntas a todos los lugares, pues tienes que despertar a la vida. Así, juntas, encontraremos más rápido a tu hijo -Las primas, se abrazaron, con ese amor entrañable, que siempre las había unido.
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Mientras tanto… en el otro lado, del país, esa esperada tarde de septiembre, el estadio nacional lucía un lleno, impresionante. Allí se jugaría, uno de los partidos más importantes del gran torneo profesional… ¡el clásico, tan esperado!
Allí, los hinchas, de ambos equipos, estaban presentes, listos para alentar a sus elencos. El colorido se veía relucir, por todo los rincones del estadio, y la algarabía, salía jubilosa, y bulliciosa, a través de las voces de los eufóricos aficionados. El unión universitario, enfrentaría aquella tarde, a su clásico rival, en el partido más importante de la fecha, donde de alguna manera, se definiría el título del campeonato. Por eso, a ese partido, lo esperaban, con las precauciones necesarias.
Pepe lucho, durante todo este tiempo, había demostrado en los entrenamientos, con claridad, su gran habilidad, en el manejo de la pelota. Enrumbaba siempre al arco rival, con el balón pegado a sus pies, como si entre ellos hubiese un mágico romance, muy esperado e inquebrantable, como un pacto eterno. Tenía, una gran potencia para enfrentar los durísimos choques con las defensas, y el dribling de su cintura lo convertía en un escurridizo e imparable atacante. También se había especializado en el lanzamiento de balones parados. Es decir tiros libres, tiros de esquinas, penales y hasta un notable juego aéreo. Fue por eso que anteriormente, el entrenador ya lo había tenido en la lista de los suplentes, sin embargo, su esperada oportunidad, todavía no llegaba.
Su madre la infaltable compañera de sus anhelos de gloria, se encontraba, como siempre, en una de las tribunas del estadio, rogando para su hijo, la oportunidad; que merecía.
Cuando al árbitro, dio la orden, para comenzar el partido, el estadio estalló en júbilo. Las barras de ambos equipos, entonaban sus cánticos, a todo pulmón, y el papel pica-pica, junto a los globos, y las coloridas serpentinas, cruzaron los aires, del gran estadio. Las barras entonaban con fuerza las arengas para sus elencos, mientras, otros, saltaban en las tribunas, desenfrenados, entre el bullicio de las matracas. Todos, embelezados, seguían, con ansioso nerviosismo, el desarrollo del encuentro. La radio, y televisión también estaban presentes.
El primer tiempo, estuvo lleno de emociones intensas, pues los dos equipos, querían ganar el encuentro. El juego brusco, no se hizo esperar, y uno de los compañeros de pepe lucho, salió lesionado, producto de una fuerte falta, que tuvo que ser reemplazado, por otro jugador.
Al terminar el primer tiempo…ambos equipos se fueron al descanso, con un empate a cero goles. Sin embargo, debido a las fuertes fricciones, entre los jugadores, éstos abandonaron el terreno de juego, muy nerviosos y algo enfurecidos.
Durante el tiempo de descanso, el entrenador muy enérgicamente, llamó la atención de sus jugadores, sugiriéndoles que ataquen más seguido, y se olviden del juego brusco, pues seguramente en el segundo tiempo, comenzarían las expulsiones.
-Este partido, lo tenemos que ganar como sea. Pues de este resultado, depende, para nosotros, el campeonato. Así que salgan a ganar... ¡No quiero empates! – reclamó, enérgico-
Cuando el unión universitario volvió a la cancha, el estadio volvió a estallar en júbilo. Se volvieron a agitar las barras, y los cánticos, junto al papel pica- pica, los globos, y las coloridas serpentinas, volvieron a matizar los aires. Por eso, cuando el árbitro dio comienzo al segundo tiempo, el ataque y defensa, por parte de ambos equipos; era incesante.
-“Qué partido señores” –se escuchaba la frase, en la voz de un locutor, que narraba el encuentro para la radio.
El estadio completamente lleno, por momentos sintió sacudirse, debido a los saltos jubilosos de los aficionados, que alentaban a sus equipos.
Ya, el partido, llegaba casi a su fase final, se estaba jugando el minuto cuarenta, y el empate persistía en el encuentro. De pronto, en una jugada de gran avanzada, al pasar la mitad del campo de juego, López, el notable volante del unión universitario, el armador, el hombre que tenía en sus hombros al equipo, fue víctima de una desleal jugada. Dos defensores del equipo rival, lo golpearon con gran fuerza, ocasionándole una gran lesión, de la cual, no se recuperaría, durante el encuentro. El jugador fue sacado de la cancha, y el entrenador, al saber el diagnostico, del doctor, ordenó a pepe lucho, que se aliste, para que entre al terreno de juego, a remplazarlo.
¡Era su gran oportunidad!...Lo sabía, y no pensaba despreciarla. Alentado, por sus compañeros de banca, el joven estaba listo, para ingresar al campo de juego. El entrenador se le acercó, y después de darle las instrucciones necesarias, ordenó su ingreso. Era el minuto cuarenta y tres, y el unión universitario, estaba replegado en su terreno, aguantando el ataque rival. La aguerrida defensa defendía con pundonor su arco.
Así fue, que uno de las defensas, rechazó con fuerza el balón, el cual llegó a los pies de pepe lucho, que se encontraba un poco atrás de la media cancha. Al llegar la pelota a sus pies, esta pareció reconocer inmediatamente, aquel mágico romance, que había entre ellos. Con el balón pegado al pie derecho, corrió imparable, hasta casi, los tres cuartos de cancha, dejando atrás a cuatro jugadores, del equipo rival. Su elástica cintura, y su potencia física, eran factores determinantes, en aquella jugada. Además, él sabía, que esa oportunidad, quizá, era la única, entonces, tenía que demostrar; lo que sabía.
Al llegar a esa zona, se detuvo, y con el balón siempre pegado, al pie derecho, miró en todas direcciones sin encontrar un compañero con quien jugar. Llenándose de frenesí, esmero, y amor por la camiseta, decidió enfrentar solo, al rival. Así, al comenzar su imparable carrera, hacia el arco rival, su mente, y su cuerpo, en ese momento, sólo vivían, para el ansiado gol. Por eso, al Avanzar, imparable por la parte lateral, apiló, a uno, dos, tres jugadores rivales.
Luego, hizo un quiebre de cintura. Se paró, para dar media vuelta, sin soltar el balón, para luego entrar, al área chica. Allí, el arco estaba frente a él, sin embargo, cinco recios defensas le cerraban herméticamente el paso, y cuando iba empezar otra vez, su ofensiva, dos jugadores rivales, al darse cuenta, que iba a disparar al arco, lo empujaron alevosamente, tumbándolo, en su desesperación por detenerlo, dentro del área chica. El árbitro, que estaba siguiendo de cerca la jugada, no dudó un instante, e inmediatamente, decreto la pena máxima, si, ¡era penal!
El estadio estalló en algarabía, los cánticos de la barra, se escuchaban con más fuerza, y los aplausos, llegaban a sus oídos. El entrenador, que estaba al borde de la cancha, le dijo que él mismo, cobrara la pena máxima. Ya parado frente al balón, pepe lucho, sólo esperaba, la orden del árbitro, para ejecutar la sentencia.
Al escuchar el silbato del réferi, y unos segundos antes de ejecutar la jugada, buscó con la mirada a su madre en la tribuna. Ella, al notarlo, le alzó el brazo, en señal de saludo, y aliento.
Entonces, ejecutó, un tiro inalcanzable para el arquero, pues la pelota, fue lejos de su alcance. El ansiado gol... ¡había llegado! El papel pica–pica, y las coloridos serpentinas, volvieron a caer en el estadio, y el grito de ¡Gooolll! se escuchó muy lejos del enorme coloso.
¿Quién era ese jugador tan deslumbrante? se preguntaban los periodistas, de radio y televisión. Todos estaban maravillados, con su juego.
Así... mientras recibía las felicitaciones de sus compañeros, pepe lucho, dedicaba el gol a su madre, lanzando imaginarios baloncitos, a la tribuna.
Ya el encuentro alcanzaba, casi el minuto 46. Se jugaban los descuentos, y el debutante apenas tuvo una segunda oportunidad, de tocar el balón. Por eso, cuando avanzaba directo al arco rival, el árbitro dio por terminado el encuentro, dejando a los aficionados de pie. Todos esperaban la repetición de la jugada anterior. Sin embargo, él ya se había consagrado, en tan poco tiempo, como el salvador del equipo. Era el héroe de la jornada… ¡habían logrado los tres puntos!
-¡Bien caramba... bien! Sabía que eras capaz de eso, y mucho más, te felicito muchacho –le dijo el entrenador mientras le daba un palmo en el hombro-
Las felicitaciones llegaban por doquier, y los medios de comunicación al día siguiente, sólo hablaban, de su prodigioso juego.
Al siguiente día, Aurora le preparó al levantarse un suculento desayuno. Luego de comer juntos, la buena mujer lo felicitó una vez más, y le dio el aliento necesario, para que siga triunfando.
Con la moral al tope, y seguro, que ahora sí había ganado el titularato en el equipo, acudió en la tarde a sus acostumbrados entrenamientos. Tenía su mente fija, en la superación y el éxito, por eso, se esforzaría al máximo, para llegar lo más alto posible, en su carrera. Al verlo llegar, la prensa lo asedió inmediatamente.
Luego de dar algunas declaraciones, entró al terreno de juego, donde ya lo esperaban, el presidente, y el entrenador del equipo.
-Estuviste deslumbrante hijo, has dejado a todos encantados con tu buen juego –dijo emocionado el presidente– yo no sé, cómo antes, no te habían dado la oportunidad, en el equipo titular. Aquí, le estoy diciendo a nuestro entrenador, que de ahora en adelante, te considere titular, indiscutible, en el equipo. Espero que no me defraudes-
-Gracias... señor, me esforzaré al máximo en cada partido, primero, porque es mi trabajo, y segundo, porque desde pequeño, amo a este equipo, es el club de mi amores-
-Bien pepe lucho, entonces una vez más, te dejo en manos del entrenador –dijo mientras le dirigía la mirada a éste– nosotros, sabemos, que serás un jugador brillante, en poco tiempo-
Al decir esto, el presidente se despidió de él, y del entrenador, para ir a atender a la prensa que lo solicitaba, para preguntar sobre su contratación.
-Bien, prosigamos los entrenamientos, hay que trabajar duro, vamos, vamos chicos -Apuró el entrenador mientras palmoteaba el aire con las manos– vamos, vamos... -
En los siguientes partidos el unión universitario, continuó su excelente racha ganadora, gracias al deslumbrante juego, de pepe lucho. Él se había convertido prácticamente, en el motor del equipo, en el conductor, en el goleador, y en el hombre tan esperado, por la hinchada. Sus hazañas con el balón, iban creciendo partido a partido.
Por eso, su nombre, ya se escuchaba, a nivel internacional, pues su numerosa, y exigente hinchada, lo había convertido en su ídolo.
Los halagos de la prensa se escuchaban, y se leían por doquier, y las jugosas propuestas, de otros clubes, por tenerlo en sus equipos, eran millonarias. El unión universitario, para retenerlo le multiplicó el sueldo y los premios, sin embargo… él dijo, que una vez finalizado su contrato, recién decidiría, si se iba, o, se quedaba en el club.
Al finalizar el torneo profesional, de ese año, después de un emocionante, y vibrante partido, el unión universitario, se coronó, como el campeón indiscutible. Aquella tarde memorable, pepe lucho, no sólo hizo los tres goles del triunfo, sino que acompañado, por los aplausos, y cánticos de la hinchada, levantó la ansiada copa. Seguido por todo el equipo, dio la vuelta olímpica, en la cancha del gran estadio. La fama, y la gloria, llegaban a manos llenas.
Así, aquella noche, la enorme población, celebró en casas y calles… en plazas, y barriadas, con pomposidad el campeonato del unión universitario Las caravanas, inundaban con gritos de júbilo, y con el bullicio, de los claxon... las calles de la ciudad., donde el nombre de pepe lucho, era vitoreado por todas partes, de esa manera, los festejos, duraron hasta el amanecer.
Ya sentado junto a su madre, en la calma de su casa, el joven futbolista, recordaba junto a ella, todos los apuros económicos, que habían pasado. Hubo años, donde asistió a la escuelita del barrio, con el uniforme descolorido, y los zapatos algo apretados, pues no tenían dinero. Muchas veces la abnegada mujer, había vendido sus cosas, para comprar medicinas, cuando él se enfermaba. O cuando, por primera vez, le regaló su primer balón, aquel, que ahora atesoraba, con el más grande cariño.
Como olvidar, aquella oportunidad, donde la conoció por primera vez. Cuando asustado, se escondió en su regazo. Ahora el joven, se daba cuenta, que hizo bien al quedarse a su lado, pues había sido, la madre más buena del mundo. Los dos se abrazaron muy fuertemente, tratando de contener las lágrimas, Así, mientras Aurora le acariciaba los cabellos, y le cantaba despacito, su canción, =como un balón rodando Se sentía contento, pues sabía, que después de todo, había sido feliz, con ella.
A la semana siguiente por petición del muchacho, que le había comprado una elegante casa, en una zona residencial, ellos se estaban mudando del conmovedor barrio, que los había cobijado, durante tantos años. Aurora muy entristecida, se despedía de sus amigas de siempre, abrazando a cada una fuertemente, mientras pepe lucho, palmoteaba los hombros de sus amigos, en señal de despedida.
Allí se quedaban innumerables recuerdos, sin embargo… ellos ahora comenzarían una nueva vida, pues su intención era ofrecerle lo mejor, a la mujer, que lo había cuidado con tanto amor, y abnegación. Aquella que había sido padre, y madre para él.
Quería comprar el mundo para ella, y verla feliz a su lado, sin saber que el destino, diría lo contrario. Mientras tanto, la felicidad pareció llegar a sus vidas, y durante esos dos meses, de vacaciones, pasearon por distintos lugares turísticos, del país. Pepe lucho, ofrecía a su querida madre, todo lo que encontraba a su paso. Las fotografías, y los autógrafos, a los hinchas que lo reconocían, estaban presentes. Se deleitaron de deliciosas comidas, paseos, y exóticos tours. La señora se sintió muy feliz, al lado de su hijo.
Cuando terminaron los dos meses de vacaciones, pepe lucho volvió renovado, a los entrenamientos, recibiendo una tentadora oferta, de renovación de contrato, con su club, el unión universitario. Sin embargo, su representante ya tenía una millonaria propuesta, con el club, campeón de la liga europea. Al saberlo, lo consultó con su madre, y lo analizaron detenidamente. Luego decidieron lo correcto, ¡decidieron emigrar al extranjero! Ahora si… su nombre se conocería mundialmente.
Así fue, pues cuando terminó su relación con el unión universitario, firmó un millonario contrato, con el campeón europeo. El joven fue presentado por su nuevo club, asediado por una inmensa hinchada, y una gran cantidad de periodistas, que colmaban el estadio, donde sería presentado en conferencia de prensa. La expectativa era enorme, y el número de su camiseta, el nueve… ya había vendido cifras enormes. Todos lo adoraban, ¡sus días de gloria, habían llegado!
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Mientras tanto en otro lado del país… Isabel había logrado sacar a Flor Elena, del gran hermetismo, adonde había conducido su vida. Salía con ella, a diferentes lugares. Asistían a reuniones, algunas fiestas, y eventos sociales.
Flor Elena, ahora miraba la vida, con más aprecio y otras ganas de vivir. Parecía haber recobrado la vitalidad, y juventud, que había dejado pasar, sin darse cuenta. Su semblante ahora más remozado, lucia sus ganas... ahora sí, por salir a la vida… por conocer todo. Isabel al darse cuenta, que estaba logrando su propósito, aprovechaba cualquier oportunidad, para salir a divertirse con ella. Por eso, aquella noche, se encontraban charlando animadamente, con sus nuevos amigos, en los amplios salones, del club privado, al cual, ellas pertenecían.
El club rotario, gozaba de alcance mundial, y sus afiliados se encontraban en todos los continentes. Por eso Isabel y Flor Elena, se habían hechos socias, del afamado club. Allí, entre risas y bromas, se divertían, a su manera. Cuando de pronto, al fondo del salón, en una especie de escenario, se escuchó la voz del secretario del club, que cordialmente, pedía la atención de los presentes.
-Damas y caballeros –comenzó diciendo– el club rotario, en estos momentos, tiene el honor de recibir imprevistamente, al presidente del Rotario club de Europa, el cual según me ha dicho, tendrá la gentileza de hacernos una importantísima invitación... pero mejor escuchemos, lo que va a decirnos personalmente-
-Buena noche, damas y caballeros... si es cierto estoy aquí, como lo dijo mi amigo... de improviso, y quiero aprovechar la oportunidad, para invitar, a todos ustedes., a un gran evento, que se va a realizar en Europa, al cual nuestro club, ha sido invitado. Quiero decirles que esta invitación, nos enaltece enormemente, debido a la importancia del evento.
-Ustedes saben que en quince días, comienza en Europa, el campeonato ínter clubes de fútbol, donde estarán presentes, los mejores equipos del continente. Pues bien –continuó– la inauguración del torneo, contará con la eximia presencia del famosísimo escritor, Peter Coral, el cual estará apadrinando el evento, y dará el play de honor, antes del primer partido.
-Para nosotros, será importantísimo asistir, pues tendremos la oportunidad de conversar con él, y animarlo... tal vez quiera, ser miembro de nuestro club. Además de Peter Coral, estarán presentes muchas personalidades, con las cuales podremos entablar amistad-
-Entonces, esperamos una gran asistencia, por parte de ustedes… ¡ah! y recuerden que los gastos de viaje, pueden ser solventados por nuestra entidad. De tal manera, que no tienen excusa para no asistir. Bien damas y caballeros, entonces... los esperamos...-
Los allí presentes, aplaudieron las palabras del invitado, mientras éste se retiraba. Después de eso, la reunión siguió su curso normal. Sólo al regresar a su casa, Flor Elena, ya no pudo disimular su nerviosismo, ante su prima Isabel.
-Es él – dijo temblorosa Flor Elena – es él. Crees... ¿qué aún se acuerde de mí?
-Mira Flor Elena –aseveró Isabel tratando de darle valor y decisión– un gran amor nunca se olvida. Nada lo hace cambiar… además, nosotras vamos a asistir a ese evento. No creo, que ahora me defraudes-
-Pero Isabel... -
-Nada de peros... ¡vamos a ir!... eso, ya está decidido-
-Pero... y si me ve, y me pregunta por su hijo, qué le digo. No sabría que decirle. Además con sólo tenerlo cerca, creo que moriría de la emoción
-Bueno... ojalá y nos vea, y si pregunta por su hijo, le responderé -dijo Isabel- deja eso en mis manos, pues de ninguna manera, vamos a dejar de asistir. Así que de una vez, vamos preparando las maletas, para ese viaje-
Al llegar el día de la partida, ya en el aeropuerto, el nerviosismo, no abandonaba a Flor Elena. Sólo el pensar, que lo tendría cerca, la llenaba de emoción, y tristeza. Habían pasado tantos años, desde aquella última vez, que lo miró, desde aquel último beso... desde aquel último adiós.
Sólo la llamada de los altoparlantes, anunciando la salida de su vuelo, lograron sacarla de sus recuerdos. Ahora ella, estaría viajando hacia un nuevo destino, un destino que quizá sería por fin junto a él... ¡junto; a su eterno amor!
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Mientras tanto, precedido de la enorme publicidad que le daba la prensa a través de la radio, diarios, revistas, y televisión, el encuentro inaugural, se vería enaltecido con la presencia del ya anunciado escritor, Peter Coral, que apadrinaría el evento.
Cuando el tan esperado día… llegó, en los camerinos, los jugadores, escuchaban las últimas indicaciones, de sus entrenadores. El campeón vigente, despertaba más expectativa aún, pues en sus filas, debutaría por fin, pepe lucho, quien llegaba a este encuentro, como la gran estrella del momento. Su enorme fama, lo colocaba en un sitial, expectante. Europa entera lo esperaba, y él estaba allí, para demostrar, por que, había sido contratado. Su juego habilidoso y contundente, sería aquella tarde, admirado por todos, los amantes; del buen fútbol. Las tribunas, que aquella tarde, lucían completamente llenas, se estremecían de júbilo y ansiedad, junto a los miles de hinchas que colmaban el estadio, llenándolo de colorido, bullicio, y algarabía.
Sin embargo, en su inquieto delirio, el destino, aquella tarde, había juntado en aquel coloso, a, aquellos seres, que durante tantos años, había separado. Allí entre las tribunas se encontraban… Isabel, Flor Elena, por otro lado Aurora, y en el estrado de honor rodeado de altas personalidades estaba Peter, mientras que en los camerinos, ya listo para salir, se encontraba José Luis (pepe lucho), el hijo de ellos.
¿Qué mágico sosiego, fue que hizo al destino, unir a estas sufridas almas, en un sólo lugar?
Tan juntas, y tan lejanas a la vez se encontraban, distanciadas sólo por el misterio de su sufrimiento. Aurora contemplaba la gloria de su hijo, mientras Flor Elena, ansiosa, buscaba con la mirada, la llegada de Peter.
Cuando los equipos saltaron al terreno de juego, el estadio salto de júbilo, el papel pica-pica, y los globos multicolores, llenaron de colorido los aires, mientras que segundos después, un hermoso castillo de juegos artificiales, llenaba el cielo de bellas figuras, y de alegres detonaciones. El estadio entero, convertido en un loquerío, coreaba fuertemente al unión universitario, y el nombre de pepe lucho, pues todos esperaban con ansias, a la estrella del encuentro.
De pronto, los altoparlantes irrumpieron en el ambiente, para anunciar el comienzo, del magno evento. Las tribunas cesaron sus gritos, por unos momentos, y los altoparlantes, con los equipos ya formados en fila, dentro de la cancha, anunciaron la llegada de Peter, quien apadrinaría, el famoso torneo.
-Bueno, damas y caballeros, su atención por favor –se escuchó– la federación de fútbol europea, se llena de júbilo y honor, al recibir en nuestro escenario, al laureado escritor Peter Coral… quien nos ha distinguido, apadrinando el torneo. Él dará, el play de honor, con lo cual comenzaremos el primer encuentro, después felicitará a los jugadores, de los equipos, y luego como es sabido por todos, hará una importante donación, para los niños pobres del mundo.
Damas y caballeros, con ustedes... ¡el señor Peter Coral!-
Los aplausos se escucharon incesantes, por todo el lugar, sin embargo, en una de las tribunas... una mujer llena de recuerdos, se estremecía en su llanto, al mirar a lo lejos, al famoso romántico. Isabel, que abrazaba fuertemente a su prima, sabía lo insoslayable, de aquel momento. Flor Elena, tiritaba en el frenesí del delirio, impulsada por la presencia de Peter, llegando a ese paroxismo, donde solo un alma enamorada, toca el cenit, de la pasionaria.
¿Acaso su alma estaba ahí?... o se encontraba en la cancha junto a él… ni ella lo sabia. Isabel tuvo que sacudirla fuertemente, para que la ausente mujer, volviera otra vez al presente.
Ya el famoso escritor, estaba parado, en el centro del campo, captando la atención de los presentes. Luego de subió al improvisado podio que habían instalado para la ocasión, y dirigió un preparado discurso, con el cual se gano el reconocimiento, y el aplauso del público. Luego llegó el momento, de felicitar, a cada uno de los jugadores. Peter bajó del podio, y luego de pararse cerca al medio campo, comenzó a dar la mano, felicitando a los jugadores, que siguiendo una ordenada fila, pasaban por su lado.
Uno a uno, iban pasando, al lado del famoso escritor. Cuando llegó pepe lucho… ambos no supieron por que, pero un sacudimiento extraño los embargó, al darse aquel apretón de manos, que los hizo mirarse fijamente a los ojos.
-Hola muchacho –dijo Peter estremecido– así que tú eres, el joven famoso del que tanto se escucha hablar. ¡Hombre te felicito!
-Que gusto me da, que un joven como tú, que proviene de una familia pobre, esté triunfando en la vida. Tu padre debe estar muy orgullos de ti, y no es para menos –dijo con ternura– como me hubiera gustado, tener un hijo como tú.
-Por eso, te deseo la mejor de las suertes, deseo que triunfes, y además, me encantaría ser tu amigo…claro si me lo permites-
-Sí señor – respondió nervioso el muchacho –sería un honor para mí. Conozco su trayectoria, he leído sus libros, y también he escuchado su música. Dígame –dijo algo sonriente- ¿quién no quisiera ser su amigo?... gracias, y tenga por seguro, que hoy le dedicaré, uno de mis goles.
Los dos se dieron un improvisado, y efusivo abrazo, como señal de algún nuevo encuentro. Luego caminó, para dar paso a otro jugador.
Sin embargo, antes, y mientras conversaban, allá arriba en la tribuna, Flor Elena, se había quedado perpleja, casi enmudecida… al ver a los dos juntos. Se había dado cuenta, del enorme parecido, que había entre ambos.
¿Por qué aquel muchacho, desconocido, se parecía tanto a Peter?... Y… ¿por qué al verlos juntos, sintió aquella sensación, que sólo se vive en un gran encuentro?
Ella veía por primera vez, a aquel joven, y sin embargo, le pareció conocerlo, de toda la vida, como si lo hubiera visto antes. Isabel al notarla ausente, le dijo para distraerla:
-Mira, Flor Elena, aquel joven del que tanto se habla, ¿lo ves?, aquel que estaba con Peter...
es nuestro compatriota. Lo que pasa, es que es una gran estrella del fútbol, por eso lo han contratado por acá -
-Dime... prima, ¿cuál es su nombre?
-El es conocido por todos, como pepe lucho y… ¿sabes?, nació en nuestro país y en nuestra misma ciudad. Así que hay que aplaudirlo, durante todo el partido -
Al escuchar eso, Flor Elena, tuvo una gran sensación de familiaridad… ¿acaso era el hijo que siempre había buscado?
-No, no... Eso no puede ser -se dijo a sí misma-
Pero, que parecido era a Peter. y Flor Elena, que había conocido al escritor en su juventud, hubiera jurado que aquel chico, era su familiar
Ya el promocionado encuentro, se desarrollaba emotiva y bulliciosamente El público se deleitaba con el deslumbrante juego, de pepe lucho, quien en cada jugada, arrancaba los aplausos de la gente. Sin embargo, el rival había planteado el encuentro, de manera hermética, y defensiva, donde a base del juego brusco, frenaban la buena avanzada del Inter Unión... el equipo campeón. El árbitro parecía no darse cuenta de esto, y el juego brusco, reinaba en el campo de juego, a pesar de las constantes protestas, de los aficionados.
Fue así, que en una avanzada letal, del inter unión, donde pepe lucho, luego de eludir a dos rivales, le puso un balón como con la mano, a un delantero que estaba al borde del área chica. Éste, antes de recibir la pelota, fue golpeado salvajemente, por los zagueros rivales, cayendo bruscamente, en el terreno de juego. El encuentro se paralizó por unos minutos, y el árbitro, no tuvo más remedio, que cobrar, un peligroso tiro libre. Era la oportunidad que todos esperaban, pues verían a pepe lucho, ejecutar el lanzamiento.
Una vez, ya lista la barrera, con las manos en la cintura él ya había medido la distancia hasta el arco, también, la dirección, fuerza del viento, y el lugar donde iba, a colocar el balón. El público de pie, miraba expectante, lo que sería un pincelazo, en la magia del fútbol.
Cuando el árbitro dio la orden, pepe lucho, con la pelota a cierta distancia del pie derecho, tomó impulso. Luego inclinándose un poco hacia atrás, le pegó al balón casi con el empeine de su pie derecho. El balón como obedeciendo la orden de su amo, inmediatamente cobró altura, pasando encima de la barrera. Pareció que iba a salir ligeramente alto, sin embargo al llegar a casi dos metros del arco, hizo una gran curva mágica, metiéndose justo por la esquina del segundo palo, muy lejos del arquero. La pelota fue a descansar al fondo del arco, para en una incesante rotación, besar las redes, de la portería rival.
El muchacho corrió inmediatamente, seguido por sus compañeros, hacia la tribuna principal, para festejar su gol. Escribiendo imaginarios papelitos, los lanzaba a la tribuna, dedicándole así, el gol a Peter Coral, tal como, se lo había prometido. Él de pie, junto con el público que gritaba eufórico la conquista, le hizo una señal de agradecimiento.
En el segundo tiempo el equipo rival al sentir que se acababa el partido, abandonó su planteamiento defensivo, para atacar…dejando así la posibilidad, de un triunfo claro, para el inter unión.
Ya, la heroica defensa del inter. unión, se lucía en cada rechazo, con que repelía el ataque enemigo. Fue así, que con el rival abandonado su guarida, que el inter unión, tuvo otra clara oportunidad de gol. Eran ya, los descuentos, cuando pepe lucho, recibió el balón cerca del área rival. Luego, pasó la pelota a un compañero, éste al comprender la jugada, le adelantó el balón, al empezar a correr hacia adentro. Nuevamente, al recibirla, le pasó la pelota en el aire, y éste se la devolvió, con golpe de cabeza.
Al mirar que la pelota llegaba hacia él, pepe lucho la paró con el pecho, dejándola quieta en su botín derecho, dio media vuelta, e hizo un quite hacia la izquierda, dejando a tres defensas, fuera de sitio. El balón siempre cerca de él, parecía no querer dejarlo solo, hasta que se lo ordene. Así fue que el arquero, al mirarlo que quedaba, prácticamente, con el arco a su disposición, salió de su arco. a cerrarle el ángulo de lanzamiento. Lleno de un inmenso olfato goleador, pepe lucho, le ganó en el mano a mano. Primero le hizo un sombrerito, para luego, antes de recibir el balón en el aire, con una majestuosa chalaca, introdujo la pelota al fondo del arco.
¡Gooollll!, gritaron eufóricos, los aficionados del inter unión... ¡Gooolll!
Nuevamente corrió, seguido de sus compañeros a la tribuna principal, para escribir imaginarios papelitos, y lanzarlos a la tribuna. Peter aplaudió contento, agradeciéndole, la dedicatoria.
El estadio era un loquerío… y el castillo de juegos artificiales, volvió a encenderse, y los globos multicolores, surcaron nuevamente, los aires. Aurora miraba emocionada, la destreza de su hijo, mientras que Isabel, y Flor Elena, gozaban a su manera del encuentro.
Luego de tres minutos, llenos de emociones, el árbitro dio por terminado el encuentro. Por los altoparlantes agradecieron su asistencia al público y a las numerosas personalidades. Pero Peter, no quiso retirarse del estadio, sin antes, agradecer personalmente, la dedicatoria de los goles. Acompañado, de numerosas personalidades, el escritor ingresó, al campo de juego. Cuando llegó al lado del muchacho, le dijo emocionado.
-Bien hijo... bien. Ahora sé que la prensa, nunca exageró, cuando hablaba de tu maravilloso juego, ¡eres genial…! Te agradezco enormemente, la dedicatoria de tus goles, de verdad que me ha conmovido, ¿sabes? …Eso me hace tener una deuda contigo, una gran deuda que algún día te pagaré-
-Gracia señor, pero hice todo eso, porque usted me cae bien… ¿sabe?, yo nunca tuve padre, pues ni siquiera lo conocí. Pero hubiese querido, que sea un hombre talentoso con usted, con ese gran amor; hacía la gente humilde.
Sé de su donación para los pobres, y de su preocupación por los niños abandonados del mundo… yo admiro a los hombres como usted… ojalá hubieran muchas personas con su bondad-
-Gracias, hijo. Tú también me has caído bien, ojalá pronto nos veamos, y podamos conversar profundamente ¿te parece bien? -
-Claro señor... estaré esperando su llamada-
-Bien hijo, entonces te dejo, pues la prensa quiere entrevistarte, y no olvides nunca, que hay que ser humilde en la grandeza –le dijo a manera de consejo mientras palmoteaba su hombro en señal de despedida-
Cuando ellos, se abrazaron, al despedirse, allá en las tribunas del estadio, Flor Elena, una vez más, observó el enorme parecido entre ellos, y volvió a sentir la misma sensación de antes. Mas ahora, ya no se quedaría con la duda, no se iría de aquel país, hasta averiguar, ¿quién era ese joven?, ¿de dónde procedía? y ¿por qué era tan parecido a Peter?
¡Por todo eso, había decidido, quedarse cerca de ellos, para despejar todas sus dudas!

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Ya, para entonces,, los triunfos, y los halagos, para pepe lucho, llegaban por doquier; en su carrera… había conquistado aquel continente, y la hinchada, yacía; rendida a sus pies… ¡Era el ídolo!... sin embargo, sin saber los caprichos del destino, el fantasma de la tristeza, ensombrecería su vida, una vez más.
Fue en una de esas tardes gloriosas, cuando al calor, de los cánticos de la hinchada, lucía para el deleite de su público su desbordante y encantador juego. Sin embargo… ya era el centro, de aquellas jugadas mal intencionadas, por parte de los defensas rivales, que se sentían impotentes, de frenar, sus llegadas al arco rival.
Aquella tarde, el entrenador del equipo contrario, ya había dado órdenes severas, a sus defensas, para frenarlo. Éstos no le disculparían una sola jugada, a la estrella del inter unión. Fue por eso, que en aquella gran jugada, cuando avanzaba desequilibrante hacía el área chica, que en una jugada malévolamente pensada, los dos defensas arremetieron contra él… uno por delante, y el otro por el costado, patearon su pie de apoyo, con tal fuerza, que la rodilla del muchacho, pareció moverse de su sitio. Cayó bruscamente en el terreno de juego, mostrando en su rostro, una enorme mueca de dolor. Las tribunas callaron en ese momento, que parecía eterno. El árbitro paralizó el juego, sin embargo, el astro del fútbol, no se levantaría, del verde gramado. La camilla, acompañada del médico del equipo, entró raudamente en la cancha, para después de unos instantes, sacarlo del campo de juego.
El médico, al revisarlo, mostró una enorme preocupación, pidiendo inmediatamente una ambulancia, para trasladarlo con urgencia, a una clínica de operaciones especiales. La ambulancia raudamente avanzó, por las tupidas calles de la ciudad, para llegar con esmero, a la ansiada clínica, mientras miles de hinchas, preocupados ya se encontraban, en las afueras, portando cartelones, con frases de aliento, para su ídolo. El ajetreo en la clínica, se volvió intenso, mas una junta de médicos, decidió operar con urgencia, al astro del momento. Lo único que importaba, era salvarle la pierna.
Al enterarse de la noticia, Aurora, muy llorosa, llegó a la clínica, para estar cerca de su hijo. Mientras avanzaba, en el rezo de sus plegarias, la doliente mujer, era la expresión punzante, del dolor. ¿Por qué había ocurrido eso?... cuando la felicidad parecía haber llegado a sus vidas. Cómo olvidar las penurias que había pasado junto a su pequeño, cuando aún la pobreza, los golpeaba sin misericordia, y ahora... ¿qué pasaría con él? Para la sufrida mujer, lo importante era que él, salga bien de aquella operación, aunque su carrera quede trunca.
Simultáneamente, en otra parte del país…Peter, y Flor Elena, se enteraban a través de los medios de comunicación, de la desgracia del astro de fútbol… sin imaginarse, que se trataba de su hijo. Muy consternado, inmediatamente, seguido por su entorno, Peter (píter), enrumbó hacia la clínica.

Desde aquella tarde en la inauguración del torneo donde lo conoció…el escritor sintió nacer dentro de él, un enorme cariño por el muchacho, por eso no dudó un instante, y quiso estar cerca de él, para apoyarlo, en lo que fuera necesario. Cuando llegó a la clínica, encontró a Aurora, que sollozante, esperaba nerviosa los resultados de la operación. Ya habían transcurrido cuatro horas, desde que el joven había sido llevado, a sala de operaciones, y aún los médicos, no habían terminado su trabajo. Peter consoladoramente, se acercó a Aurora, para con fraternal abrazo, brindarle su apoyo, en ese difícil momento, donde más lo necesitaba.
Por otro lado… Flor Elena, al enterarse de la mala noticia, también quiso estar cerca del joven. Aún seguía impactada, por el enorme parecido entre él y Peter. Fue por eso, y por sus extraños presentimientos, que acompañada por Isabel, enrumbó hacía la clínica. Ella entraría como sea, para estar cerca de él.
Cuando llegaron a la clínica, luego de eludir a los innumerables hinchas, y periodistas que estaban afuera del lugar, las astutas mujeres, lograron ingresar, a la sala de espera. Más enorme, muy enorme... fue la sorpresa de las dos primas, al tener frente a ellas, a Peter. Nunca esperaron, encontrarlo en aquel lugar.
Flor Elena, casi petrificada, y enmudecida, lo mirada con asombro, ¡era él!... ¡el amor de su vida!... mientras Isabel, algo ya repuesta de la sorpresiva impresión, moviéndose con lentitud, exclamó con interrogado fervor:
- ¡¿Peter?! -
- ¡Isabel ¡... ¡Dios Padre!, pero que sorpresa... pero… ¿cómo es posible, qué después de tantos años, y de tantas angustias, las encuentre en este lugar?
-Amigo, déjame abrazarte –dijo ya repuesta de la sorpresa Isabel– sigues tan guapo como siempre... ¡oye!... Pero, ¡mira, quien está aquí!... es Flor Elena… ¿Te das cuenta Peter?... ¡es Flor Elena!-
La mirada del escritor se encendió, en su fervor, al escuchar aquel nombre. Los recuerdos de antaño, llegaron a su mente, y a su corazón... ¡No la había olvidado!... ella había estado presente, todos estos años en su corazón, y él nunca, había sido feliz, sin ella, pues aún vivía, en su destino, era su gran amor.
-Flor Elena... pero… acércate prima ¡es Peter! – dijo Isabel, sacándolos a ambos, de su mutismo-
-Hola Flor Elena... –habló susurrante el escritor– soy yo… espero que todavía me recuerdes…y me consideres tu amigo-
-Peter... ¿Cómo estás? es que... estoy, muy sorprendida, no esperaba encontrarte aquí-respondió con los ojos fijos en la mirada de él Parece que te ha ido muy bien, hoy eres un hombre famoso, y dueño de una gran fortuna–
-Es cierto, Flor Elena... pero sabes, la mayor fortuna que es el amor, nunca la he encontrado. Pero cuéntame de ti... seguro que te has casado, y ya tienes tus hijos, debes ser muy feliz-

Flor Elena, lo miró fijamente, para luego volver la mirada, hacia una de las ventanas, de la sala de espera. Ahí del vació, hubiera querido atrapar la respuesta emotiva, para ponerla, en el corazón del escritor. Al volverlo a mirar, su voz quieta se estremeció.
-No... No, nunca he sido feliz… ¿sabes?... porque amé mucho a un hombre, que nunca más volví a ver. Se fue de mi vida, llevándose con él, mi felicidad-
Al responder esto, Flor Elena, sintió en él temblor de los ojos de Peter, que había entendido, sus palabras, y que sabía que ese hombre; era él. Como atrapados por un mágico magnetismo, que los quería unir, ambos se acercaron, llegando a tomarse las manos. Sus miradas fijas, y sus palpitantes, corazones suplicantes, llegaron a empujarlos, al inmenso cielo del amor.
Sin embargo… sus miradas que se entrelazaban, y sus labios que imploraban un beso, se vieron interrumpidos, por la voz del doctor, que rompió aquel encanto, al llamar a Aurora, para anunciarle el estado de su hijo.
-Señora... ¿usted es la mamá? -
-Si doctor-
-Pues debe tener paciencia, nosotros hemos hecho, lo que estuvo en nuestras manos, ahora todo está en la voluntad de Dios Padre -
-Como... ¿cómo está? –preguntó Peter con ansiedad-
-¿Usted, es el padre? – preguntó el médico-
-No doctor, pero es; como si fuera mi hijo-
-Mire, va a tener un largo proceso de recuperación de algunos meses, después de eso, le haremos otros análisis, y de allí, determinaremos, si puede seguir, o no, jugando fútbol-
-Pero... ¿tan grave ha sido la lesión doctor? -
-Así es mi amigo... Pero él es un chico fuerte, y estoy seguro, que se recuperará. Bien, ahora los dejo, porque tengo que ir a atender, a otros pacientes, pero si desean, pueden entrar a verlo, el aún está dormido, así que no le hagan mucho ruido... bueno con su permiso-
El galeno se retiró, mientras ellos, se dirigieron al cuarto, donde estaba internado. Al entrar, todos se acercaron a la cama del muchacho. Aurora se sentó en la cabecera, para acomodarle la camisa que se la había desabotonado, dejándole al descubierto, sus hombros.
-¡Dios Padre!.. -exclamó Flor Elena, tapándose la boca, para no gritar, mientras sus ojos, algo desorbitados, no podían creer; lo que veían-
Aquel muchacho, tenía en su hombro derecho, cuatro lunares ¡Sí!... eran aquellos cuatro lunares, que ella había visto a su hijo, cuando recién había nacido. Su corazón de madre, golpeó fuertemente su pecho, y sus piernas, temblaron; ante la inquietud, y su asombro. Su exclamación, se escuchó en todo el cuarto, llenando de zozobra, a todos los presentes, y al no poder contener su desesperación, salió casi corriendo, del cuarto, seguida por Isabel, que aún no entendía, lo que pasaba.
Al salir a la calle las dos mujeres abordaron un taxi para dirigirse a su domicilio. Al llegar… Flor Elena cayó desfalleciente en el sofá de la sala, bajó la mirada intrigada de Isabel, que aun... no entendía lo qué pasaba.
Flor Elena, estuvo llorando con las manos en el rostro, por un largo tiempo. Luego, algo repuesta, se dirigió a Isabel, con voz desesperada.
-Es él... es él prima... ¡es él!-
-Pero, Flor... ¿quién... quién es él? -
-Ese chico que está en el hospital, ese muchacho prima –hizo una pausa antes de decirlo-… ¡es mi hijo!-
-¡¿Cóoommoooo?! – gritó sorprendida Isabel-
-¡Sí! prima es él… te acuerdas que una vez te dije, que yo presentía, que me lo habían cambiado en el hospital. ¿Sabes?... antes de perderlo, el médico que atendió mi parto, me enseñó a mi hijo, y yo pude ver, que en su hombro, tenía cuatro lunares en forma circular.
-Durante todos estos años, he buscado a mi hijo, sólo por esta marca, y ningún chico los tiene. Pero mira, aquel muchacho que está internado en la Clínica, tiene los cuatro lunares... ¡él es mi hijo! -
Flor Elena, se paró del sofá, para luego ir a arrodillarse, en el balcón, buscando a Dios Padre, con la mirada en el cielo… para agradecerle infinitamente.
-Gracias Padre Celestial (YHWH) gracias por devolverme a mi hijo-

Isabel, aún asombrada, volvió a preguntar:
-¿Por qué tanta seguridad Flor Elena?-
-Porque nadie tiene esos cuatro lunares, prima, además, desde que lo vi, en el estadio, tuve este presentimiento… es que ¿acaso no te das cuenta del enorme parecido, entre Peter y él?
-Además... observa… cómo a Peter le nace estar cerca de él. Es la sangre Isabel... ¡es la sangre!-
Ya algo convencida, Isabel volvió a preguntar:
-Pero... si él es tu hijo ¿qué vas a hacer?... ¿Cómo se lo dirás? Y la señora que dice que es su mamá ¿cuál será su historia?.. Ahora, cómo se lo contarás a Peter, pues el nunca ha visto a su hijo -
Flor Elena, se paró angustiada, al escuchar las interrogantes de su prima. Ella tenía razón. Qué camino debía seguir… ¡aún no lo sabía!... pero debía idear la forma, de resolver, tan grave encrucijada.
Mientras tanto... en la clínica, aun consternado, Peter no salía de su asombro. ¿Qué estaba pasando?... ¿Porqué, sólo había bastado, que las dos entraran al cuarto, a ver a pepe lucho, para que salgan casi corriendo, sin despedirse de él ¿por qué...?, se preguntaba.
Pues, así, como habían aparecido, también se habían esfumado, y él ahora, no sabía donde encontrarlas. Sintió una gran angustia en su alma, y así, casi atribulado, acaricio la frente de pepe lucho, que aún continuaba dormido,
Luego, de unas horas, se despidió de Aurora, marchándose del hospital, prometiéndole volver pronto.
Aurora por su parte, estaba llena de angustias, había reconocido en los ojos de Flor Elena, esa mirada sublime, que solo lo tienen las madres, al contemplar a un hijo.
-¿Pero... por qué salió corriendo asombrada?, ¿acaso aquella mujer, conocía a su hijo?
Se preguntaba, mientras en su pecho se abrigaba un extraño presentimiento, la calma y tranquilidad, estaban desapareciendo, poco a poco de su corazón, y mientras acariciaba los cabellos de pepe lucho, la abnegada mujer, sintió correr lágrimas en su rostro, por un cruel presentimiento.
La recuperación de la estrella del inter unión, era lenta, por lo tanto, el equipo, tenía que enfrentar decisivos partidos, sin su astro Mientras tanto, la prensa como la hinchada, estaban pendientes a diario, del estado del ídolo. La televisión le dedicaba grandes espacios, en sus noticieros, y la radio y los diarios, comentaban incesantemente, sobre su salud. Habían pasado quince días, y los médicos personales del joven, ya habían dado orden, para que termine su recuperación, en la gran mansión, donde residía.
Mas… sin embargo… una madre preocupada en perder a su hijo, otra... que parecía haberlo encontrado, y un esc que buscaba desesperado... vivían cada uno, lo que parecía una postergada historia. Una historia que buscaba con frenesí, el paradigma, de un feliz desenlace.
Dueños cada uno de un camino diferente, donde el destino parecía juntarlos, y alejarlos a la vez. Al unir, y desunir sus hilos, llevándolos juntos, a un mismo encuentro, sin final. Ellos ignorando estas ironías, se acercaban cada vez más, y más, a lo que sería tal vez... el unísono de un desencanto.
Pendiente de su hijo, Aurora, contestaba en ese momento, la llamada telefónica de Peter, que preocupado, preguntaba por la salud de pepe lucho. El escritor, además le contaba, que se hallaba fuera del país, por eso no lo había visitado Luego de contestar la llamada de Peter, la preocupada madre, tuvo que contestar otras llamadas más, de la prensa, y de los amigos de su hijo… algo atribulada, después ordenó a su ama de llaves, que atienda, las llamadas.
Aún estaba, sentada en el elegante sofá, cuando el joven futbolista, ayudado por sus enfermeras particulares, llegó caminando a su lado.
-Pero hijito... ¿por qué te has levantado?, si, ya iba a verte-
-¡Oh mamá!.. Pero... si ya puedo caminar, además como sabes, quiero estar reestablecido, en mes y medio, pues no puedo demorar más tiempo, mamita linda – le dijo mientras tocaba una de sus mejillas
-Bueno... está bien hijo –respondió ella, levantándose del asiento, tratando de ocultar la preocupación que la embargaba. Seguida por la mirada del muchacho-

-Mmhhhh... Me parece, que algo le sucede a mi mamá, como si algo le preocupara, ¿pero qué será?... Lo malo es que seguro, no me lo contará para no preocuparme –pensaba mientras observaba, a Aurora, que lentamente caminaba, hacia los grandes jardines; de la mansión-
Allí sola, y apoyada en un gran árbol de Cedro, que le brindaba placentera sombra, la preocupada madre, no dejaba de pensar en lo mismo.
¿Acaso aquella mujer, que salió casi corriendo de la sala de recuperaciones, era la verdadera madre de pepe lucho?... ¿Qué pretendería... tal vez quitarle, al ser que amaba como un hijo? ¿Por qué aparecía recién ahora, a los veinte años?
Ella todavía recordaba, la vez primera, cuando corriendo, aun siendo un niño, llegó hasta ella asustado, huyendo de aquellos hombres que lo perseguían. Ella nunca se preocupó, por averiguar su pasado, y sólo, vio pasar los años, a su lado. Ahora, parecía que alguien más le disputaría su cariño. Esto, le causaba una enorme tristeza, y gran preocupación.
Ella no dudaba del amor del joven, y aunque los dos sabían, que no eran madre e hijo, nunca habían tocado el tema. Sólo se habían dado cariño, luchando juntos, para salir adelante.
Por otra parte… Flor Elena, vivía la inquietante zozobra de una inmensa duda. Ahora si sabía quién era, y donde estaba su hijo, mas también, se preguntaba… ¿Cómo había llegado a las manos de esa mujer? Y lo más grave... ¿por qué se lo había quitado? Gruesas lágrimas corrían por su rostro, en una mezcla de tristeza, y alegría.
Sentía tristeza, al recordar, cómo había perdido a su hijo, y todo lo que sufrió, al no encontrarlo, y alegría, al saber que él estaba vivo, que era un triunfador, y que quizá... podía, tal vez, recuperar su cariño. Isabel, que muy inquieta la observaba, se le acercó lentamente, y ya no pudo contener, aquella inquietante pregunta.
-Y ahora prima… dime ¿cómo se lo dirás a Peter?... él tiene derecho a saber, que tuvieron un hijo, y que ahora, ambos, tienen que recuperarlo.-Además le resultará novelesco, pensar, que aquel joven es su hijo. Lo imaginas -le dijo al mirarla fijamente-… él no se ha casado, ni ha tenido hijos, y de pronto, la vida le devuelve a su gran amor, y al hijo que tanto esperó -
Flor Elena, no quiso contestar, sólo se limitó a sentarse nuevamente, para fijar la mirada, en el vacío, y sumergirse, en sus meditaciones...

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Mientras tanto… pepe lucho, se recuperaba rápida y satisfactoriamente de su lesión. Ponía todo, de su parte, por que sabía, que si quería seguir con su brillante carrera, tenía que estar en forma, lo más rápido posible.
Sin embargo, todo ese tiempo, ya se había dado cuenta, de la notoria preocupación, que Aurora tenía en su rostro. Y aunque muchas veces, se lo había preguntado, la abnegada mujer, no le había confesado, el motivo de sus preocupaciones.
Ya en su cancha privada, el joven futbolista practicaba con el balón, que antaño, Aurora le había obsequiado, al cual le tenía un cariño inmenso, por eso lo atesoraba, en su corazón.
Por otro lado, su recuperación era satisfactoria, por eso, cada día que pasaba se sentía mejor, y el preparador físico le pedía cada vez ejercicios más exigentes.
Por su parte, Aurora, caía cada vez más, y más, en aquella honda preocupación. La buena mujer tenía el presentimiento que en cualquier momento llegaría aquella mujer, a reclamar a su hijo, y eso la mantenía en sobresaltos. Además pensaba en la reacción de su hijo, y en su decisión, al tener frente a él, a su verdadera madre, ¿tal vez... se olvidaría de ella? o, ¿tal vez... ¡no!? Para ella todo eso, era un inmenso sufrimiento.
Aquella tarde, mientras el brillante futbolista daba la tan esperada conferencia de prensa, donde anunciaba públicamente su total recuperación, y su regreso, al equipo campeón inter clubes… Aurora no quiso empañar la alegría de su hijo, con sus preocupaciones, por eso, salió a caminar con el ama de llaves, para distraerse y después, ir de compras a cualquier lugar. Su intención, era salir a cualquier parte, mientras su hijo vivía la alegría, de volver; a jugar fútbol.
Después de caminar, por espacio de dos horas, ellas llegaron, a aquel enorme centro comercial, lleno de galerías, donde se exhibían, los mejores artículos del momento. Así, poco a poco, fueron recorriendo los diversos stands, hasta llegar al onceavo piso.
Allí almorzaron, conversaron largo rato, y luego siguieron comprando. Ya, a eso de las seis de la tarde, fue que decidieron regresar, entonces, junto a dos personas más, abordaron el ascensor, para llegar rápido a la calle. Al ingresar al ascensor, este pareció moverse, casi dos pisos abajo, y luego extrañamente, se detuvo, para sorpresa de sus ocupantes. Llenos de estupor, y miedo, comenzaron a gritar, pidiendo auxilio, a la vez que muy desesperados, ajustaban con desesperación, los botones, que indicaban los pisos, que subía, y bajaba el ascensor.
Los vigilantes del enorme edificio, al darse cuenta de la emergencia, trataron de bajar rápido; la averiada máquina. Sin embargo, debido al gran atoro, que sufría el ascensor, el grueso cable que lo sostenía, venía sufriendo cortaduras, ya que una gran hélice, que servía para cierta ventilación, se había desviado de su sitio, llegando justo, hasta el grueso cable; amenazando con cortarlo. Los empleados, al darse cuenta de esto, trataron rápido de volver, la hélice, a su sitio, para que no siga cortando el cable, y el ascensor no caiga, desde esa gran altura, causando quizá, la muerte de sus ocupantes. Al no poder lograrlo, tres de ellos, bajaron rápidamente a la sala de control, y suministros, para cortar la energía eléctrica, y así detener la gran hélice.
Los minutos avanzaban angustiosos, para las personas, tanto en el ascensor, como fuera de este. Mientras el grueso cable, cada segundo que pasaba, perdía su enorme consistencia.
Los empleados del gran edificio, veían con temor y terror… como el cable, ya estaba a punto de romperse, y hasta allí, no habían podido detener la hélice ¡El ascensor caería en cualquier momento!
Aurora junto a los demás ocupantes, presos de la angustia, comenzaron a rezar con devoción… pidiendo a Dios Padre un milagro, para salir ilesos de aquella pesadilla. Estaban rezando, cuando sintieron aquella vertiginosa sensación de caerse al vacío. Un enorme grito, escapó de cada una de sus gargantas, y para cada uno, sólo llegó una gran oscuridad… ¡el ascensor había caído!
El golpe fue estrepitoso, arrancando un ruido, ensordecedor. Los bomberos, ya avisados de la emergencia, comenzaron junto a la policía, a tratar de sacar de la siniestrada máquina, a sus ocupantes. Ayudados por grandes sopletes, y sierras cortadoras, después de una ardua lucha, por fin pudieron abrir el fatal ascensor.
El cuadro que se vio, fue conmovedor, todos estaban en el piso, regados, sangrantes, e inconscientes. Al llegar las ambulancias, su ulular, inundó las calles, llevando a todos los agraviados, raudamente, de emergencia.
Cuando llegaron, los médicos determinaron la muerte de uno de ellos, mientras otro herido, había sufrido lesiones en su columna, que lo dejarían inválido.
El ama de llaves que acompañaba a Aurora, había tenido mejor suerte, pues sólo había sufrido, la rotura de la clavícula, y un gran hematoma en la cabeza, por lo que había perdido, el conocimiento. Mientras que el estado de Aurora, era más delicado, pues debido a que había recibido el golpe de manera frontal, su cuello parecía haberse roto, y en sus pulmones, se estaba desatando una hemorragia que podía en cualquier momento; acabar con su vida.
Pepe lucho, ya había acabado su conferencia de prensa, cuando recibió la mala noticia, a través del presidente del club. Enmudecido por el dolor, abordó junto al presidente del club, la elegante limosina, que lo llevaría a la clínica, donde estaba su madre. Desesperado, bajó del vehículo, seguido por los hombres de prensa, en busca de la mujer, que mas adoraba en la vida.
El grupo de galenos que aún atendían a la convaleciente mujer, se hicieron a un lado, al ver llegar a su famoso hijo, que con su espíritu, lleno de dolor…cayó junto a la cama de la mujer, que le había dado tanto cariño… y tanto amor.
-Mamacita... ¡Ay mamita!.. ¿Por qué Papá Dios?-
Al escuchar a su hijo, Aurora haciendo un gran esfuerzo, trató de abrir sus ojos, que cada vez, se le oscurecían más y más.
-¡Hijo... mío! todavía estoy aquí... ¡no sufras! –Le dijo tratando de mitigar su dolor- Sólo acuérdate, que fuimos felices juntos y que te quise como a mi verdadero hijo
-Pero mamita… ¿por qué ahora me dices eso?... tú sabes que te quiero mucho, y que eres, mi única mamá. Para mí, no hay mujer más buena en este mundo… yo cambiaría todo lo que hoy tengo, para que sigas a mi lado… ¡eres el gran amor de mi vida!, el inmenso cariño, que no se olvida.
Aurora, casi desfalleciente, sentía que la vida se le escapaba del cuerpo, por eso puso gran frenesí cuando le pidió a su hijo.
-Hijito mío –le dijo con ojos amorosos, lagrimosos, y parpadeantes– desde aquel día, que asustado llegaste a mi lado, yo te he querido, como si en verdad fueras mi hijo, pero ahora, que parece que te voy a dejar solo, en el mundo, quiero que me prometas que buscarás a tus verdaderos padres... ¡No!... ¡No por favor!, hijo, no me digas nada, sólo prométeme que lo harás, para darte mi bendición, y poder descansar tranquila... cooofff coooffff-
La voz agonizante de la mujer, fue interrumpida, por las inoportunas convulsiones, que le causaban un gran sacudimiento, y dolor. Luego de soportar esto, volvió a decirle a su hijo.
-Me dolería mucho partir, sabiendo que te quedas solo en la vida, pues hay gente mala, que sólo te aprecian, cuando les eres útil. Por eso, hijo mío, prométeme, que buscarás a tus verdaderos padres, y que serás feliz, al lado de ellos. Ámalos de corazón, pues son los únicos que te amaran de verdad… coooffff coooffffff
¡Hazlo hijo mío… prométemelo! –le susurró, como un ruego-
Pepe lucho, aguijoneado por el dolor inmenso, de ver a su madre, agonizante en aquella cama, ocultó el rostro entre sus manos, y sus cabellos se vieron humedecidos por las amargas lágrimas que brotaron, de sus ojos.
Con la mirada suplicante, apretó su mano entre las suyas, tratando de transmitirle así, su propia vida, luego llenándose de dolorosa impotencia; le suplicó.
-Haré lo que ud, me pida madrecita... pero no me dejes solo, nada de lo que ahora tengo, lo quiero, si no estás a mí lado, pues todo eso, lo gane para ti. ¡No me dejes!... ¡no me dejes solo, viejita linda!, imploró, rompiendo en amargo llanto-
-Te acuerdas hijito –habló, agonizante, con voz ya pausada, pues la vida se le estaba acabando- aquella cancioncita que cantábamos, cuando eras pequeño... ¡Como un balón rodando!... quiero que ahora, tú y yo, la cantemos en mi despedida... canta conmigo... mí pequeño.
Con su mano, acariciando a su hijo, presa de fuertes dolores, Aurora, empezó a cantar, seguida por el sollozante joven.
-Voy por la vida, triste y perdido, sin suerte, y sin fortuna, como un balón rodando sin amor, y sin su destino encontrar, soy un balón que rueda –sus voces en coro, arrancaban lágrimas, a los que allí, estaban presentes– que rueda, y rueda, sin saber donde irá a parar…para mi no hay consuelo, y la vida triste, me hace sufrir y llorar…
Sólo tengo a mi madre, y a Dios Padre, que me espera en la eternidad.
-Entre dichas y desdenes, tropezando te encontré, ya no podré vivir contento, si no estás aquí. Como no he de llorar…como dejar de sufrir…sí me quitan lo que es mío…me arrancan el corazón –
Al llegar a esta triste nota, la voz de Aurora, casi, no se escuchaba. Después, haciendo un último esfuerzo, alzó su voz…y mirando, así entre una angustia sin final, a su hijo… expiró, cantando, con profunda, melancolía…
¡Soy un balón rodando!... ¡yo soy un balón rodandooooo!... Y ella cerró sus agonizantes ojos, para no abrirlos más. Su voz se apagó, y su cuerpo, ya inmóvil, dejó de apretar la mano de su hijo, que desesperado gritó.
-¡Nooooo!... ¡noooo Dios mio!... ¡Ayayay Padrecito Santo, qué dolor!... madrecita…madrecita mía… llévame contigo, no me dejes solo, mi amor- Para que, quiero, la vida, si ya no estas conmigo, corazón. ¡Ya no quiero vivir!
Ahora sí, compadézcanme, todos, y sepan mi profundo dolor…
-Ayayayayyyy...de todos los huérfanos del mundo,
el más triste… soy yo.
Yo... porque, al perder a mi madre,
me perdí en un ensombrecido submundo esquivo,
donde vive, el anti-amor, soledoso; y sin calor.
_________________

De todos los huérfanos, el más triste soy yo,
¡SI! porque, a partir de este momento,
en la inolvidable amargura,
del suplicio... que murmura,
sufro, martirios inmensos,
en la espina de mi dolor.

De todos los huérfanos, el más triste...soy yo,
yo... porque, al acabarse por llanto; mis lágrimas,
entiendo tardío... que ella, mi sin igual estrella,
única, y abnegada, fue inmensa en su amor,
y al perderla... he perdido mi alegría,
mi consuelo, mi esperanza..
.y también, mi afligida vida...¡aaahhhhhhhhhhh!
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Todos los presentes, incluyendo al presidente, y los dirigentes del club, acompañaron al doliente, entre sollozos callados, gimiendo en silencio, por él.
Luego, con los ojos muy humedecidos, se le acercaron para consolarlo, mas la esperanza, se alejó, pues, muy perdido y estremecido, no quería dejar de abrazar y besar, al inerte cuerpo de su querida madre, mientras imploraba misericordia al destino.
Su cuerpo allí presente, mas su espíritu ausente, buscó en los dominios de la misericordia, aquel infinito consuelo, impropio de los infelices. Y allí, donde los que siempre sufren, tienen el podio del infortunio, quiso encontrar la vida para ella, pues su madre era su vida, y su infinito; consuelo.

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Luego de un tiempo, que pareció infinito, lograron ponerlo de pie, y casi cargándolo, trataron de sacarlo de allí. El joven al resistirse, muy agobiado por el inmenso dolor espiritual que sufría, cayó, súbitamente, perdiendo; el conocimiento.
El presidente del club, y sus compañeros de equipo, al verlo así, lo sacaron, por la parte trasera de la clínica, para que la prensa, no vea en ese estado, al ídolo de tantas multitudes.
Luego de subirlo en la lujosa limosina, lo llevaron hasta su mansión, donde el joven, atendido por su cuerpo médico, trataría de recuperarse, de ese duro momento.
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Mientras tanto, en otro país... Peter se enteraba muy consternado, a través de los medios de comunicación, de la desgracia, de su joven amigo. Aún, se encontraba promocionando por esos lares su nueva obra literaria, mas al saber la noticia, no dudó un instante, y preparó rápidamente su regreso, para estar cerca de él.
Por otro lado, Flor Elena, al enterarse, de la tragedia, presintió el sufrimiento de su hijo, y en su lado más intimo, callada, y lejana, lo acompañó en su pena. Sin embargo... aún no sabía, como llegar a su lado, para consolarlo, y ganarse; su cariño. Fue en ese momento, que Isabel, entró al dormitorio, y con cierta esperanza, le dijo…
-Flor Elena... Flor Elena, mira el periódico, dice que Peter regresa mañana-
-¿Dónde dice eso?... -preguntó inquieta, saliendo un poco de su mutismo-
-Aquí mira –le señaló la noticia– dice que el famoso escritor regresará mañana al país, para estar cerca de su gran amigo, pepe lucho, en estos momentos, que sufre la desgracia, de la pérdida de su madre.
-¿Te das cuenta?.. Si te pones a pensar, podrás estar cerca de los dos, y aún más de tu hijo, ahora que tanto te necesita-
Flor Elena, se paró perturbada, y comenzó a caminar en círculos. Isabel tenía razón, pero cómo podría hacer, para lograr eso. Ella quería con toda el alma, quedarse al lado de su hijo, para estar cerca de él, en todo momento.
-Tienes razón prima... ¿pero cómo haré para lograr eso?... yo quisiera quedarme al lado de mi hijo – dijo esto mientras su mirada se entristecía-
-Ya pensé en eso –Isabel, iluminó su mirada, al decirlo– Mira... mañana iremos primero, a visitar, a Peter, el seguro nos recibirá, y como él, va a visitar a tu hijo, nosotras iremos con él. Luego le pediremos, que le diga, que permita, que tú te quedes a su cuidado, pues él necesita de una persona de confianza a su lado, y como él quiere mucho a Peter, seguro que no se negará, y de esa manera, estarás al lado de tu hijo, ¿te parece bien? Ahora... quisiera saber ¿cuándo le vas a decir a Peter que él es el hijo de ustedes, me parece, que ya debes decírselo?...-
-¡Nooo por favor!... –angustia interrumpió a su prima– todavía no, te lo ruego. Sólo quiero un poco más de tiempo, para estar al lado de mi hijo, después te prometo que yo misma se lo diré-
-Está bien mujer... no te alarmes yo sólo opinaba. Pero si así lo quieres, después tú se lo dirás… pero eso si, díselo… porque si no lo haces, se lo diré yo ¿de acuerdo?-
-De acuerdo prima... a su tiempo, yo se lo diré-...
Ya un poco más tranquila Flor Elena se abrazó de su prima. Tal vez, mañana se quedaría a lado de su hijo, de ese hijo, que tanto, y tanto, había buscado, y por fin; había encontrado.
Fue a eso, de las once de la mañana, del día siguiente, que ellas llegaron en busca de Peter, después de ser anunciadas, el escritor las recibió en su oficina privada.
Grande fue la alegría de Peter al verlas, pues pensaba, que nuevamente, las había perdido. Después de un efusivo, e inolvidable recibimiento, Flor Elena le pidió, lo que habían acordado con su prima entonces, muy amorosamente, Peter, le dijo, haría lo que ella desee. Luego de brindarles unos manjares, partieron en la limosina del escritor, rumbo a la lujosa mansión del joven.
Cuando llegaron, pepe lucho, se encontraba encerrado en su recámara, pues no quería, recibir a nadie. El día anterior habían sido los funerales de Aurora, y su sufrimiento por la enorme pérdida, era incomparable.
Sólo al enterarse, de la llegada de Peter, el doliente joven, aceptó salir a la suntuosa sala, de recibimientos.
-Hijo... –Peter habló con ternura al verlo acercarse en verdad, lo siento... ¡lo siento mucho!... te comprendo y a la vez comparto tu dolor... pero la vida es así, hoy nos da, y mañana nos quita. Sólo hay que seguir adelante, hasta que Dios Padre, decida lo que viene-
El joven abrazó al escritor, y lloró amargamente en sus hombros. Flor Elena, e Isabel, miraban estremecidas, la conmovedora escena.
El corazón maternal, de Flor Elena, sufría junto a su hijo, y sufría aún más, al no poder decirle, que ella era su verdadera madre, y que estaba allí, para quererlo, para consolarlo, para vivir junto a él, todo lo que la vida les depare.
Luego de un rato, cuando estaba más calmado, Peter lo condujo, hasta un sofá, después de sentarlo, se quedó junto a él, para con ternura decirle.
-He querido estar junto a ti amigo querido, por eso estoy aquí, y agradezco que me hayas recibido.-
-Peter... tú sabes lo mucho que te aprecio –dijo aún con los ojos enrojecidos por el llanto– después de mi madre, eres la persona que más admiro. Ahora que ella no está, sólo te tengo a ti -sintió afligir a su espíritu cuando le dijo:

¿sabes amigo?...vivo una noche eterna ,y aquel día fue muy triste, sí se acabó su vida porqué aún vivo estoy. Todos me dieron los abrazos del pésame y el consuelo ¿para qué?..sí lejana en alto cielo solito mi mamá me dejó. Luego cargaron su cuerpo hasta una tumba fría, sentí que mi agonía con ella allí lloró. Dejaron lindas flores se nublaron las pupilas, mamá estaba dormida ¿poqué no despertó? Viví muy engañado creyendo que era mía, mi vida cambiaría por ella y por su amor. No, no me digas nada es esta mi agonía, soy huerfano en el mundo, y el más triste soy yo. Fue parte de mi vida con sus preocupaciones cuidó con bendiciones mis días de dolor. Ahora sí estoy llorando, es esta mi agonía...de los huerfanos del mundo esl más triste soy yo...soy huerfano en el mundo... y el más triste soy....yo -

volviendo a apoyarse en su hombro sollozante le dijo- Gracias Peter por ser mi amigo, por tu apoyo...te estimo y te quiero mucho-

-Yo también te quiero, y te admiro mucho, pues sé tu historia. Sé la manera, como has sufrido, para salir adelante, sé de tu triste niñez, y los sufrimientos que has pasado… pues, lo que ahora tienes, lo has conseguido con tu esfuerzo.
-Sin embargo, eso es lo que me preocupa –el escritor lo miró fijamente– pues casi que no tienes familia, estás sólo, y a veces los amigos, son traicioneros. ¡Mira!... -dijo haciendo una pausa, y a la vez señalando, a Isabel, y a Flor Elena– ellas son mis mejores amigas. Las conozco desde que tenía tu edad, son excelentes personas, en ellas sí puedo confiar.
-Hijo quisiera que aceptes, que una de ellas, se quede a tu cuidado, para que esté contigo, en este momento tan difícil. Quizá llegues a apreciarla con el tiempo, o, tal vez, llegues a quererla como...a una madre –su voz imploró cuando le preguntó ¿qué me dices?-
-amigo... en este momento, no tengo cabeza para nada, voy a dejar todo en tus manos. Decide lo que debo hacer, que yo lo aceptaré-
-Está bien –dijo Peter cogiéndole el hombro con cariño paternal– pero... vengan acá –llamó a Flor Elena, e Isabel– miren, les voy a presentar a pepe lucho, aunque es una estrella del fútbol, es un chico muy sencillo y bueno, tan bueno, como un niño… creo que es un niño grande-
Las dos mujeres, se acercaron para saludarlo, sin embargo, cuando Flor Elena lo besó, él, alzó la mirada, y un extraño estremecimiento, recorrió su joven alma. Ella logró acariciar sus cabellos, y la alegría inmensa, que sentía, casi la hizo llorar. Luego, conversaron de muchas cosas, y al cabo de unas horas, Isabel se retiró, según lo que acordaron. Después, Flor Elena, se alejó un poco, y escuchó, al escritor, que ya se despedía del muchacho.
-Bueno amigo... ahora te dejo, pues necesitas seguir descansando. Pero ella –dijo señalando a Flor Elena– se quedará a tu lado, y cuidará de ti. Permítele estar cerca, y ya verás, que pronto se ganará tu cariño; y tu aprecio-
Luego, se levantó junto al joven, y después de abrazarlo se despidió, prometiéndole regresar, al día siguiente.
Al quedarse solos, Flor Elena, inmediatamente se acercó a su hijo, para ofrecerle su ayuda. Luego, lo condujo a su recámara, llevándolo hasta su cama para luego abrigarlo y dejarlo descansando. Al salir, se quedó paralizada, un buen rato, por la emoción. Ya estaba al lado de su hijo, ahora todo dependería de ella, tenía que ganarse primero, su cariño, y después; le diría la verdad.
Al día siguiente, le preparó personalmente su desayuno, y al llevárselo a su recámara, lo hizo con tanto amor, que a él le pareció muy delicioso, y por fin comió algo. Después, ella escogió la ropa que él se pondría, ese día.
Cuando Peter llegó, encontró al muchacho, con el semblante algo mejorado, después de saludarlo, charlaron un buen rato. Pepe lucho le preguntó, sobre su última obra literaria, y Peter en forma de broma, le preguntó como se portaba, Flor Elena. Aún adolorido, le contó, que ella cocinaba delicioso, y que ahora, si deseaba, se quede a su lado. Fue en ese momento, que llegaron los dirigentes del club, que asediados por la prensa, querían saber, como se estaba restableciendo, el astro, del Inter. unión. Pepe lucho, al saber de su presencia, le pidió a Peter que lo disculpara un momento, para atenderlos, y luego volvería con él.
Cuando él, Salió, Flor Elena que lo seguía con la mirada, volvió su atención, hacia Peter. Luego, de una sensación intima, le agradeció con ternura…
-Gracias Peter... muchas gracias... ¡eres un sol!-
-Gracias pero, ¿por qué?, te dije que haría lo que me pidas, y eso, es lo que estoy haciendo, pero dime... aún no comprendo...
¿Por qué quieres estar cerca de él, si ni siquiera lo conocías?, además veo un gran cariño por él, en tus ojos, ¿dime qué pasa?
Flor Elena, avergonzada, al darse cuenta, que no iba a poder responderle, cambió la conversación.
-Pero...Peter, cuéntame... ¿y tú?, la última vez, justo nos interrumpieron, cuando ibas a contarme, sobre tu vida... ahora dime, ¿qué pasó contigo?, ¿te casaste, tuviste hijos?-
El escritor, perdió por un instante, la luz en su mirada, y su voz al sonar trémula, respondió
-No… no lo hice… pues no encontré una mujer, que conquistara mi corazón, ¿sabes? Ahora, al salir para acá, he venido decidido, a confesarte mi secreto, creo que es lo mejor, pues tengo que ser sincero contigo, y conmigo mismo-
Al mirarla con ternura, cogió sus manos con devoción, entonces Flor Elena sintió estremecerse en el recuerdo. Mecida por la letanía de ese amor, de ayer, de hoy... y de siempre.
-¡Nunca pude olvidarte Flor Elena!, creo que mi corazón, jamás quiso enamorarse, por esperarte, ¡te amo!... con ese cariño, que nació en mí, desde que éramos jóvenes, y que nunca, en mí, murió. Démonos otra oportunidad… mí amor, Te lo pido, para ser felices-
Ella, muy a pesar, que corazón gritaba ¡siiiiiii!… Y sus brazos querían acariciar al hombre que tanto amaba… ¡no podía hacerlo!.. Tenía que esperar, esperar un tiempo más, hasta ganarse el cariño de su hijo, y luego, tenerlos juntos.
Soltándose de las manos, del escritor, dio unos pasos adelante, seguida por su ansiosa mirada.
-Peter, yo... todavía… no puedo-
-Pero... Flor Elena – ansioso e intrigado preguntó – es que ¿ya no me amas?-
-No es eso... amor, pues sí... ¡sí te amo!... sólo quiero que me des algo de tiempo; para pensar. Mira amor, todo está pasando muy rápido, y yo... me siento confundida, sin saber que hacer. Te lo ruego, dame más tiempo, por favor-
Él se acercó cariñoso, tratando de comprenderla.
-Está bien... tesoro, pero no me pidas, mucho tiempo, además... creo, que a pepe lucho, le va a gustar esta noticia, prométeme que juntos, se la daremos, ¿Si?-
-Sí... Peter... lo que tu digas, y gracias por comprenderme... ¿sabes? Me gustaría tanto, que pepe lucho, sea feliz; junto a nosotros.
Al decir esto, Flor Elena, dejó notar su tristeza. Peter al notarlo, se sentó junto a ella en el sofá. Luego, empezó a contarle todo, acerca de su vida. Que había pasado con él desde aquel día, cuando se vieron por última vez, en su tierra natal, y todos sus esfuerzos, para lograr sus metas, y ser ahora, un brillante escritor literario, En eso, el celular de Peter interrumpió la conversación, en su editorial, solicitaban con urgencia, su presencia. Al tener que partir, le pidió, que lo despidiera de pepe lucho, que regresaría al día siguiente. Sin embargo, al partir, un beso fugaz, se escuchó susurrante, en aquella despedida.
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Fue, con el paso de los días, que pepe lucho, se iba restableciendo más de su lesión. Él ya no quería hacer nada, sin tener, el apoyo, de Flor Elena… Ella se estaba ganando, poquito a poquito, su cariño. Lo acompañaba, casi todos los días al camposanto, donde estaban los restos de Aurora, y juntos rezaban por su alma. Allí, Flor Elena, en silencio, le agradecía por haber cuidado, de su hijo, llevándolo por el camino del bien, y del éxito. También, conversaba bastante, con él, y hasta a la hora de dormir, lo trataba como un niño, contándole cuentos, e historias fantásticas, hasta que se quedaba dormido.
Así... el semblante del astro del fútbol, parecía alejarse poco a poco del dolor, y en sus labios, de vez en cuando se dibujaba una sonrisa. Flor Elena le insistía, para que juntos, salieran a la cancha privada, que tenía la mansión. Allí… trataba de hacerlo reír, jugando con aquel balón, que Aurora le había regalado. El chico, se iba restableciendo poco a poco, de tal manera, que ya quería anunciar su regreso, a las canchas de fútbol. Flor Elena no se descuidaba de él, para nada. Personalmente le preparaba sus alimentos, y se sentaba a la mesa, para comer juntos.
Por otro lado, en sus visitas casi diarias, Peter miraba, con alegría, y asombro, el cambio tan positivo, que Flor Elena había logrado en el muchacho. El escritor, no había podido hablar, otra vez con ella… pues, sólo vivía para ganarse el cariño de su hijo. Sin embargo, aquella tarde, el famoso romántico, se mostraría insistente, pues aprovechando que pepe lucho, se encontraba practicando en su cancha privada, por fin habló con ella.
-Flor Elena... quizá no te has dado cuenta, pero me tienes descuidado. Casi no me prestas atención, -le dijo, un poco pesaroso– sólo tienes ojos para pepe lucho, y a mí, no me das atención, ¡oye…! Me voy a poner celoso-
-¡Oh Peter!... Discúlpame. No sabes cuanto aprecio a ese muchacho, algún día sabrás por que, bueno... pero, mira... ahora si te voy a prestar atención, a ver... ¿qué quieres decirme?-
-Mira amor –dijo con insistente ternura– tú me pediste un pequeño tiempo para volver a amarme. Sin embargo, hasta ahora; no me dices nada... dime amor ¿acaso me has mentido?-
-No, no... Peter, nada de eso, ¿Cómo crees?, sólo que aún, no es tiempo, te prometo –le dijo acariciando sus manos– que yo misma te lo diré, cuando llegue la hora. Mientras tanto, por favor vuelve a comprenderme. No te arrepentirás, pues a partir de ese momento; te amaré toda mi vida-
-¿Y mi corazón Flor Elena?... que le digo a mi corazón… el, te ama, y ya no puede vivir sin ti-
-Peter... te lo suplico-
-Bueno... está bien, pero un tiempo cortito-
En ese instante, fueron interrumpidos por pepe lucho, que se acercaba a Flor Elena, para pedirle, unos refrescos Al alejarse, Peter le dijo sonriente
-Oye muchacho, ¿qué te dije?, yo sabía que te ibas a acostumbrar a ella... es una buena mujer-
-Sí Peter –respondió algo jadeante– ella ha sido mi mejor terapia. Bendigo el momento, en que la trajiste a mi lado, ¿sabes amigo? Yo la siento como una madre. Ella ha llenado bastante, el vacío, que dejó en mi vida; la muerte de mi mamá. El muchacho se llenó de nostalgia, al recordar a Aurora. Peter al darse cuenta de esto, lo invitó a caminar, por el césped del lugar, sin embargo él no quiso, cambiar de conversación.
-¿Sabes amigo?... yo le hice a mi madre una promesa, en su lecho de muerte... mira, es mi secreto, que quizá no debo contar a nadie –el joven, miró la sinceridad, en los ojos suplicantes del escritor, entonces, decidió contárselo– es mi secreto-
-Pero... dímelo hijo… ¿acaso no he demostrado ser tu mejor amigo?... ¿No confías en mí?
-Si Peter... pero... –después de un rato le dijo– es que Aurora... ¡no era mi verdadera madre!-
-¡¿Cómooo?! – su sorpresa, fue grande-
-Así es amigo, dejemos de caminar y sentémonos pues, quiero contarte toda mi verdad-
Al sentarse, a la sombra de aquel árbol, el chico se dejó llevar, por sus dolientes recuerdos, y con el alma entristecida, le narró toda su vida. Cuando terminó su relato, el joven se sintió aliviado, por eso; le pidió con frenesí:
-Ayúdame a encontrar a mis padres, no se quienes son, ni donde están. No me importa su condición, sólo quiero conocerlos... así, se lo prometí a mi mamá-
Bastante conmovido, por la triste historia, Peter, se solidarizó más con él, ofreciéndole su ayuda incondicional. Ellos estuvieron platicando, tres horas más, Así, Peter lo escuchaba, y lo aconsejaba. A eso, de las siete de la noche, el escritor se despidió, prometiendo volver; al día siguiente.
Al pasar el tiempo, pepe lucho, ya mostraba una sonrisa, dispuesto a jugar fútbol. El ánimo, y la salud, habían vuelto a su cuerpo, y ahora, sí quería, retomar con fuerza; su carrera deportiva. Aquella mañana de verano, se sentía contento, por eso saludó a Flor Elena, con un beso en la mejilla, abrazándola fuertemente.
-Mmhh… Déjame abrazarte, y besarte, como lo hacía antes con mi mamá... pues, siento en ti, su presencia. He llegado a quererte mucho… ¿sabes has sido, mi mejor medicina?... –dijo amoroso-
-pepe lucho... hijo, no sabes que feliz me siento, al escuchar eso, yo también te quiero como si fueras mi hijo – el hijo que una vez perdí-
-Pero... tú has tenido un hijo, y lo perdiste ¿Cómo es eso? – vamos cuéntamelo, por favor-
-Si te prometo que te lo contaré... pero otro día, ¡Si!...pues mira ya tienes que salir pues te esperan en la conferencias de prensa, donde anunciarás tu regreso al fútbol... ¿de acuerdo? -
-Está bien, pero, dame un abrazo. ¡Ah!, de ahora en adelante, quiero que estés presente, en todos los partidos, que juegue-
Después de abrazarla, y besarla, salió en su limosina, rumbo a la conferencia de prensa.
Una vez sola, Flor Elena muy pensativa, se dejó caer en el sofá, y luego, al suspirar hondamente; sintió gran alivio, dentro de ella. Él, le había dicho, que la quería como a una madre… ella por fin, se había ganado su cariño. ¡Sí!, Ahora ya podía contárselo a Peter, y juntos luchar, por el amor de su hijo. Sólo esperaría el siguiente día, para contarle, todo.
A la mañana siguiente, Flor Elena muy nerviosa, esperaba la llegada, de su gran amor. A eso de las once de la mañana, él llegó, y ella salió a su encuentro, quería ser breve al contárselo, pues estaba a punto de llorar.
El escritor, pareció darse cuenta enseguida, de la situación, por eso algo perturbado; preguntó:
-Flor Elena, ¿qué pasa? amor, te noto preocupada ¿le pasa algo, a pepe lucho?
-Hola Peter... –respondió trémula– No, no… él está bien.... soy yo… pues, hay algo muy serio, que quiero contarte-
-Pero Flor Elena, no debes estar temblorosa, tú sabes que yo te comprenderé, y te apoyaré, en lo que sea, sólo que... me vayas a rechazar, eso si me dolería mucho...y no lo aceptaría-
-No Peter, no es eso, yo te amo, y ahora, más que nunca, quiero que estemos juntos para siempre. Yo te amo, mí amor, y te acepto, de nuevo, en mi vida!...
-¡Qué bueno, Flor Elena!, eso si es grandioso –la abrazó, interrumpiendola– que feliz me haces, mi vida. Pero tú, también; deberías estar alegre-
-Si amor, pero espera... espera, pues hay cosas que tú aún no sabes, y yo tengo que decírtelas. Sin embargo, amor mío, júrame, que sea, lo que sea… vas a estar siempre a mi lado– lo miró con ojos, implorando piedad-
-Claro que sí mi amor… estaré a tu lado siempre, te he esperado tanto tiempo y ahora no te perderé por ningún motivo-
Con los ojos anegados por el llanto, al fin, tuvo el valor de contarle todo. Así, le contó como había perdido a su hijo, todo lo que había pasado, al no encontrarlo, su gran sufrimiento al pensar que él la había olvidado, y por que sabía con seguridad, que pepe lucho, era el hijo de los dos.
Refugiada en los brazos de Peter, Flor Elena, no dejaba de llorar. Allí le pedía disculpas, por no haberle dicho nunca, que habían tenido un hijo... un hijo que fue el fruto de su amor.
Tomándola con ternura, Peter trataba de calmarla. Cuando estuvo más calmada, le dio un largo beso, en cuya expresión, también le ofrecía sus disculpas, le ofrecía su gran amor, su comprensión y su incondicional apoyo, para toda la vida.
-te amo Flor Elena... te amaré toda mí vida –dijo susurrante-
-también, te amaré para siempre, mi amor-
-Entonces... ya no estés preocupada, y sonríe conmigo, pues la vida comenzará para nosotros-
-Yo no puedo… pues hasta que nuestro hijo, ya esté a nuestro lado, allí, seré feliz-
Peter empezó a acariciarle los cabellos con cierta devoción. Ella, con la cabeza apoyada en su pecho, sollozaba hondamente. Entonces, fue, que él, de pronto… Claro ¡se había acordado, de las palabras de pepe lucho!
-Flor Elena –le dijo con cierta euforia– discúlpame, pero con el dolor, que me causó, verte triste, me había olvidado de decírtelo. Pepe lucho, ya me había confesado, que Aurora, no era su verdadera madre, y ¿sabes?... él, le había hecho la promesa, en su lecho de muerte, que encontraría, a sus verdaderos padres. Él no sólo, me lo dijo, sino que también me pidió, ayuda, para encontrarlos, ¿te das cuenta?... él ahora quiere conocernos–
Flor Elena, se puso de pie rápidamente, luego apretando con nerviosismo sus manos, se quedó pensativa. Peter llegó a su lado, sabía lo que ella sentía, en ese momento, de incertidumbre.
-¿Te das cuenta Flor Elena? Es la oportunidad que buscamos, para acercarnos a nuestro hijo. Además, él ya nos conoce, y nos tiene cierto cariño, además...
-Sí Peter –inquieta lo interrumpió– pero ¿cuál será su reacción, cuando lo sepa? ¿Qué sucederá si no nos acepta? Su rechazo me haría sufrir mucho creo que más de lo que sufrí, al no encontrarlo.
-No pienses eso mi amor, ten fe... estoy seguro que nuestro hijo nos aceptará, y finalmente, los tres, seremos felices-
Los atribulados padres, estuvieron juntos casi todo el día, trataban de encontrar la forma ideal, para hablar con su hijo, y contarle la verdad.
Frases llenas de amor, perdón, y comprensión escapaban de sus labios, y sus comprensivos corazones, palpitaron al unísono, en amorosa sincronía, tocando el sosiego de la gran fantasía. Aquel día… cómplice de aquel esperado romance, sería testigo de ese amor puro, inmenso y sin barreras. Ellos juntos, buscando en lo imposible, encontraron la manera posible, para llegar al fin, al corazón de pepe lucho.
Le pedirían, que los acompañe a un paseo, que harían al Caribe, y allí entre sol, olas y espuma, le contarían la verdad... a su hijo, a aquel hijo, por el cual, habían esperado toda su vida.
Fue al siguiente día, que Peter le pidió a pepe lucho, que los acompañe al paseo que harían, hacía el caribe, y él aceptó rápidamente.
Además respondió, que ese fin de semana, regresaría a las canchas de fútbol, y esos, tres días de calma, en aquel paseo: le caerían muy bien.
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Ya eran las diez de la mañana, y los tres, se encontraban disfrutando en aquella paradisíaca playa caribeña, bajo el sol radiante, que parecía testigo, de lo que allí, iba a ocurrir. Fue en ese preciso momento, que Flor Elena, se alejó un poco de ellos, al observarla, Peter comprendió, que era el momento de hablar con su hijo. Cuando se acercaron a ella, el escritor se estremeció, al momento de decirle la verdad; al muchacho.
-Pepe lucho...hijo, escúchame, por favor –le insinuó con voz grave, mientras invitaba a ambos, a tomar asiento– ¡Mira! en la vida, hay momentos alegres, y otros tristes. Mas, lo que hoy, Flor Elena y yo vamos a vivir, está en tu decisión, regalarnos alegría o, tristeza-
-¿Qué pasa Peter... por qué ahora me dices eso? Quedó Intrigado, y muy sorprendido-
-Hijo... escúchame con atención. Sin embargo, antes de todo, quiero decirte que ella y yo, te hemos amado siempre, lo que ha pasado, es por ironías de la vida. ¡Sí!, así es... son esas injustas ironías de la vida, las que nos separaron, de ti-
El joven, cada vez más intrigado, sin entender nada, no salía de su asombro, ¿por qué Peter le estaba hablando, de esa manera, cómo si lo conociera de toda la vida? Sorprendido, siguió escuchando, con un nudo en la garganta.
Entonces... Peter, le contó, primero, algo de su propia historia, para después, contarle, ante el gran asombro del joven, como Flor Elena, lo había perdido, siendo aún; un recién nacido.
Muy consternado, pepe lucho al fin escuchó de su padre, toda su verdad… quien llegó, con sus palabras, hasta ese preciso momento, allí... donde estaban reunidos.
-¡Tú eres nuestro hijo! ... el hijo que perdimos sin querer… al que amamos, y del cual esperamos, su comprensión, y cariño-
Al escuchar estas últimas palabras, pepe lucho se paró rápidamente, y con ojos humedecidos, buscó un lugar lejano, en la playa. Entonces su mente, retrocedió al pasado, y recordó las cosas, tal y como; se las estaban contando... ¡sí!... así había sucedido.
Peter y Flor Elena, llenos de ansiedad, siguieron con la vista, al consternado muchacho. Los dos en la inquietante zozobra de sus dudas, esperaban expectantes, y nerviosos, su decisión. A lo lejos, observaron, como cesaba su caminar, y luego de sentarse, en la rivera de la playa, se quedó mirando al horizonte. Después de un largo rato, el joven comenzó a caminar hacia ellos… al verlo, que se acercaba, muy impacientes; fueron a su encuentro.
Cuando los tres estuvieron juntos… la ansiedad, la intriga, y la zozobra, llegaron a acompañarlos, en aquel crucial momento. Pepe lucho los miraba fijamente, con gran ansiedad, mientras que ellos, tomados de la mano, esperaban sus palabras. De pronto, Flor Elena, al llenarse de dudas, y angustia, ocultando su rostro… llorando suplicó…
-discúlpame hijito mío…discúlpame, yo nunca tuve la culpa, fue el destino, que te alejó de mi camino, mas yo te amo hijito mío, y siempre te he buscado hasta encontrarte. Reclama, lo que quieras, pero no me rechaces, te lo suplico, mi amor –en el calvario inmenso, de su punzante pena, imploró comprensión- quiero tenerte a mi lado, para cuidar de ti, como nunca pude hacerlo. Mi vida fue un martirio, desde que te perdí.
Al ver así a su amada Peter la abrazó fuertemente tratando de consolarla, y de empaparse con su dolor, fue en ese momento, que embargado por la misericordia, pepe lucho, llegó hasta ellos, y luego de abrazarlos, trató de secar los ojos, de su sollozante madre.
-Madre mía –dijo muy sensible- No tengo nada que disculparte, pues los tres, hemos sufrido a la distancia.
Yo he sido, soy, y siempre seré, =un balón rodando= por mi pena, por mi sufrimiento, por mi sentir, y por aquellos miles de niños abandonados que hay en el mundo. Por todo eso, siempre habrá dentro de mí, una gran tristeza, que sólo acabará en mi tumba.
Además, quiero pedirte papá, -volvió la mirada hacia Peter- que juntemos nuestros patrimonios, y el de otras personas, que quieran ayudarnos, para formar, una institución, con la cual podamos ayudar a los humildes, a los que buscan igualad, justicia y piedad. Ojalá, podamos ayudar a mucha gente. Sólo quiero pedirles, que nunca más; me dejen solo-
-No hijo de mi alma... no mi amor... nunca más -le dijo Flor Elena, acariciándole los cabellos-
-Gracia por tu comprensión hijo mío –agradeció Peter mientras lo abrazaban- sabíamos, que nos entenderías... gracias-
El joven, dio unos pasos adelante, y luego de unos instantes giró, para decirles; eufórico.
-¡Pero… miren, que suerte la mía! pues ahora, además de tener una madre hermosa, tengo como padre, al escritor mas talentoso del mundo, ¿díganme no es demasiada, suerte? ¡Claro que sí! Bueno entonces hay que secar nuestras lágrimas, y agradecer, a Dios Padre, todopoderoso, YHWH es su legítimo nombre, por juntarnos, y darnos esta, mi otra oportunidad. Por que, después de todo... -gritó fuerte, al decirlo-... ¡tengo papáaaaaasss!-
Después... les dio un abrazo, y un beso, a cada uno, y sin poder ocultar su alegría, corrió hasta el agua, para sumergirse en las olas.
Peter (piter) y Flor Elena, miraban complacidos, y abrazados, la alegría de su hijo. Ahora sí podían ser felices...
Habían pasado todas las penas, y pruebas, que el irónico destino, les había deparado. Ellos, sí merecían... amarse, eternamente.

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Y, fue aquella tarde, de verano, cuando pepe lucho, el ídolo de multitudes, hizo su esperado retorno, a las canchas de fútbol donde el estadio completamente lleno, lucía en su mayoría, con los hinchas del Inter.-unión, que esperaban ansiosos la reaparición de su ídolo.
En el palco principal, Peter y Flor Elena, por primera vez, juntos, veían con amor, las tardes de gloria de su amado hijo. Ellos aplaudirían, cada una sus genialidades. Por eso, cuando el equipo salió a la cancha, capitaneado por su estrella, una ensordecedora ovación, llenó el ambiente.
Los cánticos de la hinchada, ovacionaban el nombre de su ídolo, aclamando su retorno, y en un enorme cartel, a un costado de la cancha, se leía… “ahora sí… el inter.-unión será campeón. Pepe lucho... Pepe lucho…el gol ya llegó”.
Entonces... sonó el pitazo inicial, y la gente deliró con cada jugada de su ídolo. Él, cuidándose del juego brusco, hizo alarde, de su desequilibrante cintura, burlando los golpes, de los contrarios.
Y fue así, que al llegar el minuto veinte, después de recibir un largo pase del portero, dominó el balón cerca del medio campo, y en una pensada pared, con otro compañero, volvió a recibir el balón, cerca del área chica. Allí dejó en el camino, a los tres hombres, que siempre lo marcaban, y no lo dejaban solo, en ningún momento.
Cuando el portero, salió a cerrarle el ángulo, el astro, cambio de pierna, luego giró, formando un perfecto reloj y con un soberbio zurdazo; introdujo el balón, en el arco contrario.
La algarabía en las tribunas era inmensa, y el grito de ¡gooool! Pareció estremecer, el enorme estadio.
Pepe lucho corrió seguido por sus compañeros, hasta el palco, donde se encontraban sus padres. Luego de escribir imaginarios papeles y lanzarlos en el aire, como homenaje a Peter..., el muchacho se levantó, la camiseta del inter. unión, para mostrar otra camiseta blanca, en la cual decía “donde estés madrecita, tú serás mi aurora, y mi luz… Siempre te amare”
Era su intima dedicatoria, a la mujer que lo había visto crecer siendo niño. Aquella que había mirado sus tardes de tristezas, y de gloria. A la madre que se había ido, pero que siempre, estaría presente; en su corazón.
Al momento, de mostrar orgulloso esa frase, pepe lucho, miró hasta el palco principal, allí Peter, (píter) y Flor Elena, sellaban con un largo, y apasionado beso, la felicidad que les tocaba vivir. Así, con aquel beso, inolvidable, y apasionado, parecían cerrar el capitulo final, de una aciaga historia, para dar paso a otra, bella y sin igual.
Complacido, pepe lucho, sintiendo el abrazo de sus compañeros y la ovación de la gran hinchada, buscó con la mirada, en el cielo, a Aurora, mas... al sentir la omnipresencia, de Dios Padre… ante él, se arrodilló, y dejó escapar, unas lágrimas de enorme felicidad.

Sin embargo, nunca olvidaría su niñez triste… y su infeliz camino, por la orfandad.

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Y aquella cancioncita -Cómo un balón rodando-… tal vez todavía, se siga escuchando en las calles, plazas y en los microbuses que transitan a diario,llevando con ellos, la abandonada melancolía, de tantos niños de la calle… que junto a sus incontables sufrimientos, luchan a diario; por ganarse el pan, el amor... y el sueño; de su punzante ideal.
Tal vez quizá, algún día la escuches…. y si al escucharla, caen por ellos, tus sinceras lágrimas de piedad, entonces, cantará junto con sus inocentes espíritus, tu esperada misericordia.
Misericordia... para los que algo esperan… para los que nunca encontraron felicidad… para los que a veces se acuestan con hambre, y frío… para los que ya no tienen esperanza- para los que nada tienen…y para los que buscan comprensión, y amor...con profunda y afigida, gran ansiedad.



FIN


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Agustín Cruz Morales-


vate y compositor latinoamericano.



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Sin ti no viviría



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